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MADRID

PROFESIONALES

Utilizan una silla especial para alimentar a un perro con megaesófago

Investigadores de las universidades de Nottingham y de Montfort se alían para construir una silla para que un Labrador que tiene megaesófago, una patología que complica la digestión de los alimentos, logre comer adecuadamente

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Imagen: Best Friends Animals Society.

Utilizan una silla especial para alimentar a un perro con megaesófago

Investigadores de las universidades de Nottingham y de Montfort se alían para construir una silla para que un Labrador que tiene megaesófago, una patología que complica la digestión de los alimentos, logre comer adecuadamente

Javier López Villajos - 29-11-2018 - 13:50 H

Emma Drinkall, veterinaria de la Universidad de Nottingham, y su prometido, Nick Rowan, profesor titular de Diseño e Ingeniería de Productos en la Universidad de Montfort, ambas instituciones procedentes de Inglaterra, han construido una silla hecha a medida para que un perro que tiene megaesófago pueda alimentarse correctamente.

El perro en cuestión es Buck, un labrador de 17 meses rescatado por una protectora situada al este de Midlands llamada "Team Edward Labrador Rescue", al que, debido a su patología, le costaba tragar la comida, por lo que su peso era menor que el de la media para su raza y edad. Con miedo a que pudiera morir de hambre, el personal del refugio encargado de cuidarlo publicó el caso en las redes sociales.

El caso llamó la atención de Drinkall y Rowan, quienes, en menos de 48 horas tras leer la noticia y gracias a su experiencia combinada, diseñaron y construyeron una silla para Buck. Drinkall apunta que "simplemente sabía que tanto ella como Rowan tenían que hacer algo si cabía la posibilidad de que Buck sobreviviera”.

Ambos profesionales esperaban que esta silla evitara que Buck regurgitase la comida, minimizando así el riesgo de que con el tiempo el animal terminara desarrollando otras complicaciones de salud. Afortunadamente, la silla surtió efecto ya que Buck no ha vuelto a regurgitar la comida desde que usa la silla, que además está adaptada para que siga utilizándola mientras crece. Con todo, Buck está siguiendo una dieta alta en caloría para ganar el peso y la fuerza de los que ha carecido en sus primeros meses de vida debido a las limitaciones que le causó tener megaesófago. 

RIESGOS Y TRATAMIENTO ALTERNATIVOS

Este no es ni el primer caso de un perro que tiene megaesófago e inventan una silla que permite que el animal pueda alimentarse debidamente. Según los profesionales del centro Vital veterinaria, el megaesófago es una dilatación patológica del esófago que provoca que los músculos que forman este conducto que conecta la boca con el estómago no funcionen correctamente, es decir, que no empujan la comida o el agua hacia el estómago.

Los expertos señalan además que puede tratarse de una patología congénita, afectando de manera parcial y total a una serie de razas de perros que son propensas a sufrir esta dolencia como son el Golden y el Labrador Retriever, el Pastor Alemán, el Gran Danés, el Setter Irlandés o el Shar Pei, entre otros.

Entre los síntomas más habituales, el megaesofago produce la regurgitación de la comida, la inapetencia, la pérdida de peso, el mal aliento y la neumonía por aspiración. Los veterinarios señalan el riesgo que supone para un perro tener un megaesofago ya que básicamente no puede ni comer ni beber, puesto que termina aspirando cualquier alimento o líquido desde el esófago hasta los pulmones.

Debido a que la intervención quirúrgica no es común en este tipo de casos dada la posibilidad de que no sea efectiva, numerosas marcas han patentado el diseño de una silla en la que se coloca al perro de pie, haciendo que la propia inercia de la gravedad ayude a bajar la comida desde la boca hasta su estómago. Esto implica que el animal debe comer varias veces a lo largo del día y que, una vez que termina, debe permanecer en la silla durante 20 minutos para garantizar que la comida llegue al estómago.

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