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PROFESIONALES

El coronavirus en España también cambió la forma de pasear al perro

Un antropólogo ha analizado cómo influyó el confinamiento por el coronavirus en Madrid a una actividad cotidiana como la de pasear al perro, que tiene un marcado componente social, especialmente entre mujeres de avanzada edad

El coronavirus en España también cambió la forma de pasear al perro

El coronavirus en España también cambió la forma de pasear al perro

Un antropólogo ha analizado cómo influyó el confinamiento por el coronavirus en Madrid a una actividad cotidiana como la de pasear al perro, que tiene un marcado componente social, especialmente entre mujeres de avanzada edad

Redacción - 13-10-2020 - 17:17 H

El 14 de marzo de 2020, el Gobierno de España decretó un estado de alarma por una duración inicial de 15 días, que luego se fue ampliando repetidamente y que finalmente se alargó más de 3 meses, aunque hubo un proceso de desescalada a partir de mayo.

Esta declaración sirvió para confinar a todos los ciudadanos en sus hogares, salvo para realizar una serie de actividades esenciales como ir a trabajar o comprar alimentos, productos farmacéuticos y otros artículos necesarios.

Poco después de que se anunciara el encierro, comenzaron las discusiones sobre en qué situación quedaban los perros. El antropólogo Pedro Tomé, del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), analiza las prácticas llevadas a cabo por los propietarios de perros durante el confinamiento para analizar su influencia en la sociedad.

Este trabajo es el resultado de una etnografía realizada en su barrio de Madrid, que califica de clase media, durante las primeras siete semanas del confinamiento durante la pandemia. Se basa en conversaciones informales con personas que pasean a sus perros.

Tomé reflexiona sobre la sensación inicial de los españoles cuando se conoció que los perros podrían salir a pasear, pero ellos no. Algunos afirmaron que se les habían otorgado derechos que se les negaba a los humanos y se cuestionaban que los canes pudieran salir a la calle, pero no así los niños.

Sobre estos supuestos derechos, Tomé recuerda que el código civil en la legislación española considera a las mascotas como propiedad personal, junto con cualquier otra cosa perteneciente a un propietario.

En este caso, por tanto, la posibilidad de salir no sería un derecho de los animales, sino un privilegio que el gobierno les estaba otorgando a sus responsables. Aun así, quienes estaban encerrados vieron esto como un derecho exclusivo que permitía a los perros (y a sus titulares) acceder a espacios que para ellos estaban prohibidos.

LOS HOMBRES PASARON A PASEAR A LOS PERROS DURANTE EL CONFINAMIENTO

Tomé recuerda que, durante el confinamiento, al amanecer y atardecer las calles parecían abandonadas, excepto por algunos trabajadores y gente paseando al perro. Él señala que siempre pasea a su perro durante estas horas y conocía a buena parte de los propietarios de perros de su barrio. Sin embargo, durante el confinamiento, vio que las personas que los paseaban eran distintas.

Las mujeres que solían pasear a sus perros a diario habían sido reemplazadas por sus parejas, quizás, señala, como justificación para salir de casa. Así, apunta que aunque antes del encierro las mujeres habían asumido el deber de pasear a sus perros, estableciendo un vínculo con otros propietarios, ahora parecen haber sido relegadas al ámbito doméstico.

Tomé señala que durante el confinamiento se generó un problema con la suciedad que generan los perros, como las heces. Algunos vecinos apuntaban que no las recogían porque ya nadie las veía, otros afirmaban que esto se produjo porque los hombres comenzaron a pasear a los perros, y no estaban acostumbrados.

El antropólogo apunta que en los barrios se crean grupos espontáneos e informales y de vecindad, especialmente en los parques. Su formación cambia de un día a otro y de una hora a otra. Así, apunta que aunque estas relaciones no sean especialmente profundas son los suficientes para que las personas que pasean a sus perros se conozcan entre sí.

A veces, surge también una comunidad informal de ayuda mutua, inicialmente orientada a compartir el cuidado de los perros (por ejemplo, paseándolos porque otros pueden estar enfermos o viajando), pero eventualmente se extiende a otros asuntos. Los lazos de vecindad se fortalecen y surge un sentido difuso de pertenencia al mismo vecindario o comunidad.

LA IMPORTANCIA DE PASEAR AL PERRO PARA LAS PERSONAS MAYORES

Tomé apunta también que los paseos con perros son especialmente importantes para las mujeres de edad avanzada y que viven solas. Para el antropólogo, estos paseos sociales son la principal forma de mantenerse en contacto con sus redes sociales.

Sin embargo, con la protección de los ancianos durante la pandemia de Covid-19, sus contactos prácticamente han desaparecido. Antes del cierre, sin embargo, pasear al perro les hacía salir a la calle al menos dos veces al día.

Estos paseos también alentaron a las personas que paseaban al perro a prestar atención a su apariencia durante el confinamiento, particularmente en grupos donde la socialización tuvo lugar entre géneros.

Además, debido a que algunos de estos propietarios utilizan las redes sociales, como los grupos de WhatsApp, para mantenerse en contacto más allá de las horas que están en el parque, pasaron a ser una línea de comunicación entre sus miembros (mujeres de edad avanzada en su mayoría) y un medio para animarse unos a otros y preguntar sobre la salud y el estado emocional de los demás.

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