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ANIMALADAS

Hallan bacterias resistentes en lémures que conviven con los humanos

Cuanta mayor es la interacción de los humanos con los lémures, más resistencia a los antibióticos hay en el intestino de los primates

Investigadores encuentran bacterias con genes de resistencia a los antibióticos en los intestinos de los lémures. Fotografía de Sally Bornbusch.
Investigadores encuentran bacterias con genes de resistencia a los antibióticos en los intestinos de los lémures. Fotografía de Sally Bornbusch.

Hallan bacterias resistentes en lémures que conviven con los humanos

Cuanta mayor es la interacción de los humanos con los lémures, más resistencia a los antibióticos hay en el intestino de los primates

Redacción - 12-11-2021 - 15:40 H

La resistencia a los antibióticos es uno de los problemas de salud pública más importantes en todo el mundo y, ahora, un equipo de investigadores ha encontrado bacterias resistentes en los intestinos de los lémures.

En un nuevo estudio publicado en Frontiers in Ecology and Evolution, investigadores de la Universidad de Duke han encontrado evidencias de resistencia a los antibióticos en el microbioma de los lémures que viven cerca de los humanos. Además, el estudio ha determinado que cuanto más cercano es el contacto, más resistencia a los antibióticos hay.

El equipo de investigación, formado por la estudiante de posgrado Sally Bornbusch y Christine Drea, profesora de Antropología Evolutiva de la Universidad de Duke, tomó muestras del estiércol de los lémures de cola anillada y secuenció los genes de todos los microbios que allí se encontraban, en busca de marcadores genéticos de resistencia a los antibióticos.

El estudio comparó 10 poblaciones de lémures: siete poblaciones salvajes de Madagascar, dos de instalaciones de investigación -el Centro de Rescate de Lémures de Madagascar y el Centro de Lémures de Duke, en Estados Unidos- y, por último, un grupo de lémures que son animales de compañía en Madagascar.

En los animales salvajes, la proporción media de genes de resistencia en los microbiomas intestinales era cercana a cero. Sin embargo, en los animales procedentes de instalaciones de investigación, esa proporción era más de 25 veces mayor que en los lémures salvajes. En los lémures domésticos, la proporción era casi 35 veces mayor.

Parte de esto se debe probablemente a la buena atención veterinaria. Los lémures que viven en instalaciones de investigación reciben tratamiento para las infecciones cuando es necesario, por lo que tienen una mayor exposición directa a los antibióticos que sus primos salvajes.

Sin embargo, los lémures domésticos, que probablemente nunca reciben atención veterinaria, albergaron la mayor abundancia de genes de resistencia a los antibióticos.

Tener un lémur como mascota es ilegal en Madagascar, por lo que es poco probable que quienes tienen lémures los lleven al veterinario y se arriesguen a sufrir consecuencias legales. Por lo tanto, estos lémures mascota están adquiriendo los microbios resistentes a los antibióticos simplemente por compartir su entorno con los seres humanos y los animales domésticos.

Los lémures de cola anillada son omnívoros y generalistas que comen tierra, excrementos y cualquier cosa que puedan conseguir. En un hogar, suelen estar en contacto constante con los humanos, encaramados a los hombros de su propietario o en los brazos de los turistas dispuestos a pagar por una foto (una práctica que es perjudicial tanto para los humanos como para los animales).

Según Bornbusch, este entorno físico y social parece contribuir a la resistencia a los antibióticos de los lémures mascota. "Los microbios son como una manta que se superpone a todo. No sólo están en nuestros intestinos, sino también en nuestra piel, en nuestros muebles y en nuestra comida y agua", explica Bornbusch, quien concluye que "están en todas partes, todo el tiempo, y se transmiten fácilmente entre entornos".

Entre los lémures silvestres, la resistencia a los antibióticos variaba a lo largo de un gradiente de actividad humana. Los animales de zonas afectadas por el pastoreo, la agricultura o el turismo albergaban más microbios resistentes a los antibióticos que los de entornos más prístinos, pero aún así eran mucho menos que los lémures que vivían cerca de los humanos.

"Está claro que el tratamiento con antibióticos no es el único mecanismo que conduce a una mayor abundancia de genes de resistencia en estos animales", señala Bornbusch.

De hecho, incluso entre los lémures alojados en instalaciones de investigación, los que no habían recibido tratamiento previo con antibióticos albergaban un número similar de genes de resistencia a los antibióticos en comparación con los lémures de las mismas instalaciones que habían sido tratados muchas veces por infecciones.

EL CONTACTO CON HUMANOS DETERMINÓ EL TIPO DE GENES DE RESISTENCIA

La proximidad a los humanos también determinó el tipo de genes de resistencia adquiridos. Los microbiomas de los lémures de cola anillada de Madagascar mostraban signos de resistencia a los antibióticos utilizados para combatir los brotes de peste, mientras que los lémures de Estados Unidos mostraban resistencia a los antibióticos prescritos con frecuencia en Norteamérica.

Los genes de resistencia a los antibióticos no son nada nuevo. Los microbios han estado mutando y evolucionando los genes de resistencia durante millones de años en una carrera armamentística con los antibióticos de origen natural.

En un escenario natural, este proceso rara vez plantea problemas. Pero las cosas empezaron a torcerse cuando los humanos aprovecharon el poder de los antibióticos naturales y pusieron a disposición del público antibióticos fabricados por el hombre.

"Los humanos llegaron, desarrollaron antibióticos, los difundieron a nuestro alrededor y propagaron estos genes de resistencia en los entornos naturales y en los microbiomas de la fauna", explica Bornbusch. Puede que sean sombríos, pero estos resultados pueden tener un impacto positivo en las prácticas de conservación y gestión de la fauna salvaje.

"Aunque estos resultados den un poco de miedo, nos ayudan a utilizar la ciencia del microbioma para perfeccionar las prácticas veterinarias y las actividades de conservación", remarca Bornbusch, quien también apuntó que se necesita más investigación para comprender mejor el impacto de estos genes de resistencia en la fauna silvestre.

"En este momento, sabemos que estos genes de resistencia están ahí fuera, pero no sabemos si son realmente perjudiciales para los lémures. Estos resultados nos dan un trampolín para investigar el impacto de estos microbios resistentes en la fauna silvestre y su entorno", enfatiza.

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