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PROFESIONALES

Una veterinaria resuelve dudas sobre las resistencias antimicrobianas

Con motivo de la Semana Mundial de Concienciación sobre el Uso de los Antibióticos la veterinaria María Ugarte Ruiz de Visavet resuelve las dudas más frecuentes sobre las resistencias antimicrobianas

María Ugarte Ruiz, del Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria.
María Ugarte Ruiz, del Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria.

Una veterinaria resuelve dudas sobre las resistencias antimicrobianas

Con motivo de la Semana Mundial de Concienciación sobre el Uso de los Antibióticos la veterinaria María Ugarte Ruiz de Visavet resuelve las dudas más frecuentes sobre las resistencias antimicrobianas

Redacción - 20-11-2020 - 10:51 H

Una simple herida infectada puede suponer un problema grave si la bacteria se cuela en el torrente sanguíneo, llegando a producir la muerte del paciente. Procesos similares suceden con una infección de orina, una intervención de trasplante de corazón o un parto.

No son escenas del siglo XIX. Son del XXI. A priori, evitables con las herramientas terapéuticas de las que se dispone para estos problemas: los antibióticos.

Solo a priori porque, si uno de los mayores problemas de salud pública en el mundo, la resistencia a los antimicrobianos, sigue su imparable crecimiento, se estima que en 2050 esto provoque más muertes que el cáncer, la diabetes o los accidentes de tráfico.

Por ello, en un texto publicado por la Universidad Complutense de Madrid, la veterinaria María Ugarte Ruiz del Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria (Visavet) de la Facultad de Veterinaria resuelve algunas de las dudas más frecuentes entre la población sobre la resistencia a los antimicrobianos, con motivo de la celebración, del 18 al 24 de noviembre, de la Semana Mundial de Concienciación sobre el Uso de los Antibióticos.

¿SON LOS MISMO LOS ANTIBIÓTICOS Y LOS ANTIMICROBIANOS?

Aunque en ocasiones se lean —y utilicen— indistintamente, no son sinónimos. Los antibióticos son “sustancias naturales que tienen un efecto antibacteriano”, define Ugarte mientras que los antimicrobianos son sustancias “naturales o sintéticas” que luchan contra las bacterias. Es decir, que los antibióticos se engloban dentro de los antimicrobianos.

“A nivel divulgativo se utiliza más el término antibiótico, porque llega a más público, pero en términos más técnicos, se usa más antimicrobiano porque engloba a los dos grupos”, señala la veterinaria y añade que el descubrimiento de Fleming se llamó antibiótico porque era un hongo el que producía una sustancia natural que mataba a bacterias con las que crecía.

¿Qué enfermedades tratan estos fármacos y cuáles no? Más que el tipo de enfermedad, hay que fijarse en el origen de la afección, responde la veterinaria. “Los antimicrobianos y antibióticos son solo tratamiento para enfermedades o infecciones causadas por bacterias, no funcionan contra los virus”, sentencia Ugarte.

¿Podemos tomarlos para tratar una gripe? No, pues es un proceso vírico. ¿Y para un resfriado? Tampoco. Ahora bien, comenta la experta, puede suceder que, en pleno proceso vírico y aprovechando la debilidad del sistema inmune, alguna bacteria crezca en esa situación y produzca complicaciones.

“Por ejemplo, el mismo coronavirus empieza como un proceso vírico pero la neumonía que produce puede complicarse por un proceso bacteriano. Ahí sí te pueden dar un antibiótico o un antimicrobiano para luchar contra esas bacterias que son oportunistas”, añade.

EL ORIGEN DE LA INFECCIÓN ES LA CLAVE

¿Qué hay de los procesos como faringitis, gastroenteritis, otitis o conjuntivitis? En estos casos, el origen puede ser un virus o una bacteria. Por eso, determinarlo por parte del personal sanitario es importante para recomendar o no antibióticos. A veces, algunos síntomas alertan de la fuente de la infección: si en la faringitis aparecen placas blancas, lo más normal es que sea bacteriana y no vírica.

Pero no siempre es fácil la identificación, por eso durante años ha sido frecuente recetar antibióticos y antimicrobianos “por si acaso”. Lo ideal, señala Ugarte, es tomar muestras y confirmar la presencia, por ejemplo, de ARN del virus por medio de PCR o, en el caso de las bacterias, generalmente, cultivar la muestra en el laboratorio. Si esta crece, se confirmaría el origen bacteriano.

Una de las líneas de trabajo del Plan Nacional contra la Resistencia a los Antibióticos (PRAN) es el desarrollo de métodos de diagnóstico rápidos, algunos ya implementados en centros de atención primaria, para conocer el origen de la afección y hacer, por tanto, un uso responsable de los antimicrobianos.

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Los antibióticos y antimicrobianos se distribuyen en familias según su mecanismo de acción: algunos destruyen la pared celular de las bacterias, otros evitan que la bacteria se replique, mientras que otros detienen su producción de ARN. Dentro de estas familias, a su vez, hay decenas de grupos.

El desarrollo de antibióticos y antimicrobianos por parte de las farmacéuticas desde su descubrimiento en 1928 experimentó su crecimiento en las décadas de los 30, 40 y 50, con un boom destacado en los años 60 y 70 y un posterior descenso desde entonces. Es decir, apenas se fabrican nuevos antibióticos, y para prácticamente todos los que están en el mercado, ya se han descrito resistencias

¿Por qué no se desarrollan nuevos antibióticos y antimicrobianos? “Es un proceso largo y costoso, en general en todos los fármacos, pero los antibióticos reportan un menor beneficio económico. De vez en cuando alguna farmacéutica saca uno nuevo, pero invierten más en medicamentos para enfermedades crónicas que para estos”, apunta la veterinaria de la UCM y añade que, aunque todavía hay “muchos”, su uso tiene que hacerse “de forma prudente”.

¿QUÉ PODEMOS HACER ANTE LAS RESISTENCIAS?

En 2014, se publicó un trabajo en el que se estimaba que en 2050 las infecciones por bacterias resistentes a los antibióticos y antimicrobianos dejarían a su paso más muertes que el propio cáncer: 10 millones. Si bien Ugarte recuerda que se trata de una estimación, los pronósticos “asustan”.

Para romper las predicciones apocalípticas, es necesario pasar ya a la acción, porque todos podemos hacer algo para luchar contra este problema global. Empezando por la propia población en general, “tienen que ser conscientes de que cuando tenemos un proceso vírico, los antibióticos no funcionan y solo estamos consiguiendo seleccionar a la población bacteriana resistente”, indica.

La experta rechaza la automedicación e insiste en seguir las directrices del médico en cuanto a la posología: “España es el país que más antibióticos “guardaba en el cajón”, ahora menos porque se suelen vender las dosis exactas. Así, si el médico o el veterinario lo ha recetado para siete días es porque es el tiempo que necesita el fármaco para eliminar a la bacteria, por eso hay que cumplirlo”.

SANITARIOS Y ADMINISTRACIONES PÚBLICAS: LOS OTROS AGENTES

En cuanto al personal sanitario, Ugarte distingue entre el profesional de la salud humana y de la animal. El primero, debería recetarlos de forma racional, como tratamiento terapéutico y no preventivo, así como fomentar hábitos de vida saludables para que el sistema inmunitario general de la población esté fuerte.

En cuanto a los veterinarios, durante años se han utilizado antibióticos en las granjas para promover el crecimiento y evitar infecciones de los animales, que ocasionan grandes pérdidas económicas. “Los antimicrobianos tienen que considerarse como un bien preciado y ser el último recurso. Es mejor adoptar otras medidas de prevención como vacunación, limpieza, desinfección, y bioseguridad”, destaca la Jefa de Servicio de Visavet.

Por último, otros actores implicados son los gobiernos y Administraciones Públicas. Si bien es cierto que cada vez más países están concienciados “si no se hace una lucha implicando a todos, las medidas no van a resultar 100% efectivas. Es un problema global porque las bacterias no entienden de fronteras. Además, se ha convertido en un problema social, ya que el mal uso que un determinado colectivo haga con los mismos, repercutirá a otros miembros de la sociedad”, opina Ugarte.

Además, otro problema que debe enfrentarse es el de la contaminación ambiental que producen las bacterias. En este sentido, también es importante trabajar sobre el concepto multisectorial One Health: salud humana, animal y ambiental, pues están más conectadas que nunca.

A modo de conclusión, Ugarte recuerda —por increíble que parezca después de todo este artículo— que la mayoría de las bacterias son muy beneficiosas. “Las necesitamos, están a nuestro alrededor y nos ayudan en procesos como el de la digestión. Nos dan más de lo que nos quitan. El problema será cuando la mayoría de las bacterias patógenas a nuestro alrededor sean resistentes a las armas con las que las atacamos”, destaca.

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