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PROFESIONALES

Piden 4 años y medio de cárcel para un veterinario por malversación

Arranca el juicio contra el veterinario y ex gerente del Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario de Asturias, Juan Luis Osoro, acusado de malversación

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Palacio de Justicia de Oviedo.

Piden 4 años y medio de cárcel para un veterinario por malversación

Arranca el juicio contra el veterinario y ex gerente del Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario de Asturias, Juan Luis Osoro, acusado de malversación

Redacción - 20-05-2019 - 12:45 H

Un tribunal de jurado abre el lunes 20 de mayo de 2019, en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Oviedo, el juicio contra el ex gerente del Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida) de Asturias, el veterinario Juan Luis Osoro, quien se espera que responda el martes 21 a la acusación de un delito continuado de malversación de caudales públicos por el que la Fiscalía pide una pena de cuatro años y medio de cárcel.

En el banquillo se sentarán también otros 3 trabajadores de la entidad, el técnico U.G.P., que afronta cuatro años de prisión como coautor; y el oficial J.M.M.I. y el operario agroganadero A.A.P. para los que se piden tres años y medio de cárcel como cooperadores necesarios.

Según la Fiscalía y el Principado de Asturias, que ejerce de acusación particular, Osoro regentaba en la finca El Carbayal que el Serida tiene en Illano una explotación ganadera de la que se beneficiaron tanto él como una cooperativa, empresas y personal que trabaja en el mismo organismo.

La mecánica consistía en que de la extensa ganadería de diversas especies que existe en la finca de Illano se vendía una pequeña parte oficialmente por el Serida y "otra parte mucho mayor a título particular" por Osoro "en beneficio propio y de terceros a través de una cooperativa privada".

Según las acusaciones, los animales de la cooperativa se habrían estabulado, alimentado y criado en las instalaciones del Serida "a costa de dinero público".

Esto era posible porque en la finca, de unas 250 hectáreas, coexisten cientos de cabezas de cabras, ovejas, vacas y cerdos con una gestión que impide cuantificar e identificar adecuadamente los animales nacidos en el rebaño.

Esta práctica era particularmente fácil en el caso de las cabras y ovejas porque no es necesaria su identificación mediante crotal hasta que tienen seis meses de vida, siendo frecuentes también los partos de gemelos.

Esa falta de constancia en un registro oficial que permitiera su control facilitaba su desvío y enajenación al margen del Serida, de acuerdo con el escrito provisional de las acusaciones.

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