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PROFESIONALES

Aplican nuevo método para operar la derivación hepática de un perro

Un grupo de veterinarios estadounidenses, asesorados por un médico, ha llevado a cabo por primera vez en animales una intervención con catéteres para tratar la derivación hepática en un perro

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Aplican nuevo método para operar la derivación hepática de un perro

Un grupo de veterinarios estadounidenses, asesorados por un médico, ha llevado a cabo por primera vez en animales una intervención con catéteres para tratar la derivación hepática en un perro

Francisco Ramón López - 27-03-2019 - 12:40 H

Un equipo de profesionales de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Estatal de Washington (WSU, por sus siglas en inglés) ha aplicado una intervención pionera para operar la derivación hepática de Jingle, un cachorro de corgi de cinco meses de edad, que sufría una afección genética que provocaba que sus vasos sanguíneos discurrieran de forma anormal.

El criador de Jingle comenzó a notar que el perro se encontraba en un constante estado de debilidad y no terminaba de coger peso. Debido a esto, lo llevó a la consulta de Jillian Haines, del Hospital Veterinario de la WSU, que, tras pesarlo y comprobar que la báscula solo marcaba 3,6 kilogramos, confirmó el mal estado de Jingle, que para su edad (cinco meses) debía pesar tres veces más.

Tras realizar las pruebas pertinentes, Haines descubrió que el cachorro sufría de un trastorno genético conocido como desviación hepática, en el que los vasos que deberían discurrir a través del hígado, se desvían y atraviesan zonas y conectan órganos que no deberían.

La veterinaria, que explicó el caso a un medio local, comenta que las desviaciones hepáticas no son especialmente raras en perros, pero la de Jingle era “de otra liga”, por lo “masivo” del trastorno, que estaba evitando que la mayor parte de la sangre del cachorro fuera filtrada por el hígado.

"La derivación conectaba la sangre de sus intestinos directamente a la sangre de su corazón", señala Boel Fransson, el cirujano veterinario que operó a Jingle, que explica que, debido a esto, el cerebro del animal se estaba llenando de toxinas, lo que estaba provocando que padeciera problemas neurológicos graves, como confusión y somnolencia.

Otros síntomas de las desviaciones de la circulación del hígado suelen consistir en vómitos, diarrea, convulsiones, micción frecuente, cálculos urinarios o encogimiento del hígado, entre otros, que además empeoran con el tiempo y, especialmente, a medida que los pacientes comen. Sin tratar, explican los veterinarios, la enfermedad es mortal en un corto periodo de tiempo.

El hecho de que Jingle no tuviera aún dueño complicaba la decisión de operarlo, pues la intervención es muy costosa, esto, unido a su corta edad y a la gravedad de la derivación, hacían que la intervención fuera prácticamente imposible. Tenían que esperar a que creciera.

Por suerte Jamie McAtee, fundadora de la asociación ‘Rescue4All’ decidió hacerse cargo del cachorro. Lo primero que acordó el equipo veterinario fue aplicar a Jingle una dieta especial baja en proteínas —que se filtran en el hígado—, debido a “que la comida le estaba, literalmente, matando”.

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    Imagen de la operación de Jingle

Una vez estabilizado el estado de Jingle con la dieta, empezó a valorarse la operación. Un médico, interesado por lo inusual del caso y por poseer él también un corgi, confirmó la dificultad del procedimiento para tratar una desviación hepática tan masiva. De hecho, que se conozca, solo se ha realizado en 250 humanos, y requeriría de material quirúrgico que no existe en el ámbito veterinario, por lo que sería una operación pionera.

El problema del dinero, al no contar Jingle con propietario, se solucionó en solo 48 horas, tras publicar un crowdfunding en un grupo de Facebook dedicado a los corgis que recaudó los 6.000 dólares necesarios.  

Con todo listo, Fransson se puso manos a la obra. “Todo se hizo con catéteres largos y delgados, que insertamos en los vasos, luego introdujimos todo lo demás en esos catéteres, como  diferentes tipos de muelles, que básicamente, con el tiempo, actuarían como coágulos de sangre", explica el cirujano, que señala que para la intervención solo fue necesario realizar dos pequeñas incisiones, pues se guiaron mediante ultrasonidos.

Tras dos horas y media de operación, el cachorro comenzaba a despertarse de la anestesia en lo que parecía buen estado. Tan bien fue la intervención que los veterinarios de la WSU utilizarán el procedimiento como modelo para salvar la vida a otros perros en el futuro.

Jingle aún tendrá que seguir con una dieta especial y someterse a análisis regularmente durante los próximos dos años, aunque su vida ya no corre peligro.

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