Despedida profesional
Javier Yábar Jimeno -
27-07-2026 - 16:45 H -
min.
Veterinario clínico
Hola a todos,
Soy uno de los que se jubilan próximamente, un “boomer”. Me cuestan un dolor los anglicismos, así es que este es el primero y el último.
Durante los últimos 40 años, la clínica de animales de compañía ha sufrido una evolución “bestial”, propia de estos tiempos. Todo va rapidísimo.
Me siento un privilegiado al poder repasar una transformación fantástica en la que el conocimiento científico y las posibilidades de aplicar la medicina veterinaria a los animales de compañía han mejorado sustancialmente. Tenemos herramientas fantásticas, jóvenes veterinarios preparados para ponerlas en funcionamiento y un tejido empresarial capaz de ofrecer un servicio excelente al ciudadano.
¡Vale!, hemos mejorado, pero no podemos disfrutar plenamente, ni siquiera podemos, en la mayoría de los casos, simplemente estar tranquilos con lo que hacemos.
Desgraciadamente, no hemos sido capaces de hacer entender a la sociedad la importancia de nuestro trabajo. Eso lo tengo claro. Y la legislación que se nos aplica es palmaria en este sentido.
La principal dificultad para poder estar tranquilos se deriva de una legislación sobre la herramienta básica que tenemos a nuestra disposición para el ejercicio profesional. Es la normativa sobre el uso de medicamentos.
En la veterinaria de animales de compañía, la “herramienta”, el “medicamento”, es más importante que el conocimiento.
Es como si en la agricultura, el tractor mandara sobre el agricultor, o en un taller, la llave inglesa mandara sobre el mecánico.
Os lo dice alguien que empezó a trabajar sin medicamentos específicos para animales de compañía y controló el hipotiroidismo o la diabetes con medicación humana. Es el principio activo lo que cura, no el prospecto…
La ley del medicamento no es la única razón por la que el ejercicio profesional se desarrolla bajo presión e inseguridad. Todas las leyes de protección animal nos ponen en el centro de su aplicación, no porque la administración confíe en nosotros, sino porque somos los más fáciles de controlar. El CGCVE está alzando la voz para que todos los animales que deben identificarse, se identifiquen. La trazabilidad es la “sustancia” de la protección. Animal no identificado, no existe.
No siempre hacemos las cosas bien en este apartado, pero es mucho más evidente en prensa el veterinario “chorizo” que los miles o cientos de miles de ciudadanos incumplidores que son ignorados por el Poder Ejecutivo.
A eso hay que añadir el Reino de Taifas normativo que nos estamos montando. Imposible de digerir en el día a día de un veterinario.
Si elevamos el nivel burocrático y nos ponemos en la piel del colegiado que tiene que ayudar un ciudadano a irse con un animal a un país fuera de la UE, sentimos como la Administración hace caer toneladas de responsabilidad sobre nosotros. El funcionario “firma” al final del proceso, mientras nosotros tenemos que acompañar, hacer comprender, informarnos e informar y pasar noches sin dormir, pensando en que a lo mejor tenemos una demanda por unos pocos euros de facturación. Hemos dejado que nos obliguen a realizar un trabajo que corresponde a la administración sin contar con la protección del funcionario. Encima, cada vez que asisto a una charla del CEXGAN, me siento un poco inútil, pequeño, torpe, poco funcionario…
No quiero terminar sin hacer referencia a la “Responsabilidad Civil” derivada de nuestro trabajo.
Desde el CGCVE se nos está advirtiendo sobre cómo evoluciona nuestra sociedad, en la que el animal de compañía cada vez es más importante para la el “tutor” o “tutora”, perdón casi pongo propietario; lo que hace que nosotros no seamos mejor valorados, sino más demandados judicialmente.
A los servicios jurídicos del CGCVE les pediría que cuando tiren la piedra, hagan el sano ejercicio de pensar en dónde caerá. Con las formaciones impartidas al respecto y el documento titulado “Guía colegial del consentimiento”, no sé si son conscientes, pero han conseguido que la piedra caiga una vez más en el “tejado” del clínico de animales de compañía. En lugar de solucionarnos el problema, nos ponen tareas, una más. Otra piedra en el camino.
Resulta que unos textos farragosos y un procedimiento muy cuestionable, quedan solo como orientación para que unos colegiados sin conocimientos jurídicos se apañen en sus clínicas como puedan. ¡Redacten ustedes y háganlo de manera que cuando tengamos que defenderles, lo tengamos facilito!
He tenido la necesidad de firmar por mí y en nombre de mis hijos consentimientos médicos antes de pruebas médicas o cirugías. Los textos eran comprensibles, jamás se sentaron conmigo para ofrecerme alternativas y no he tenido nunca la suerte de que el equipo médico y auxiliar viniera a firmar aquello.
CGCVE, por favor, si sus servicios jurídicos son incapaces de redactar unos consentimientos informados básicos, tal y como existen en los diferentes servicios de salud humanos; adaptados a las prácticas más habituales, encarguen el trabajo a otros servicios jurídicos, pero no nos hagan esto a los colegiados. Si no llega el presupuesto, pídannos una derrama, podemos hablar de eso y de mucho más sobre en qué invertimos el dinero.
Me despido, compañeros.
Siempre he pensado que ser buen profesional era poder dedicar la mayor parte de mi energía a la aplicación de mis conocimientos para prevenir la enfermedad y curar a mis pacientes. Desgraciadamente, en el último tramo de mi vida profesional, gran parte de mi energía se la quedan los prospectos, los contratos de cesión, últimamente los desmentidos de las noticias idiotas en redes sociales sobre cualquier cosa y la exportación de animales. Lo que no me esperaba es que mis representantes me conminaran a redactar textos de consentimiento…
Un abrazo y pensad en cómo conseguís que las “tutoras” o “tutores” de nuestros pacientes entiendan lo que estamos haciendo a diario con las leyes para que sus animales no sufran. Igual tenemos que ponernos a cumplir a rajatabla toda normativa para que políticos y tutores nos comprendan… ¡Ahí lo dejo!
Un abrazo.