Desde Perivet, gabinete nacional de peritaje veterinario, explican todo lo relativo a la labor de estos profesionales en la seguridad alimentaria
La actuación pericial veterinaria, clave en los siniestros asociados al transporte de alimentos
Desde Perivet, gabinete nacional de peritaje veterinario, explican todo lo relativo a la labor de estos profesionales en la seguridad alimentaria
Redacción -
19-09-2025 - 10:48 H -
min.
El transporte de alimentos es una de las fases más críticas de la cadena agroalimentaria. Y es que, tal y como recuerdan desde Perivet, gabinete nacional de peritaje veterinario, “un fallo en la cadena de frío, una avería en los equipos de refrigeración o incluso una mala gestión en la trazabilidad, pueden derivar no solo en pérdidas económicas para la empresa, sino también en riesgos sanitarios para los consumidores”.
En este contexto, destacan que la figura del veterinario perito se erige como pieza fundamental para evaluar, determinar responsabilidades y garantizar la seguridad alimentaria.
“Cuando un alimento destinado al consumo humano sufre un daño, merma o deterioro durante su transporte —ya sea en camiones refrigerados, contenedores marítimos o cualquier otro medio—, las consecuencias pueden ir desde una simple pérdida de valor comercial hasta la aparición de un riesgo sanitario”, aseguran.
A este respecto, señalan que es ahí donde entra en juego la actuación del veterinario como perito judicial o extrajudicial.
Desde Perivet apuntan que el trabajo pericial no se limita a valorar económicamente las pérdidas. El facultativo veterinario tiene competencias específicas para determinar el origen del daño, establecer en qué momento del transporte se produjo, identificar a los responsables y dictaminar si el producto sigue siendo apto para su comercialización y consumo.
“Gracias a su formación en tecnología alimentaria, control de calidad de alimentos y seguridad alimentaria, los veterinarios aportan un criterio especializado que muchas veces es desconocido incluso por las propias empresas del sector, como transportistas, almacenistas o distribuidoras de alimentos frescos, refrigerados y congelados”, inciden.
Asimismo, remarcan que el perito veterinario se apoya principalmente en dos elementos clave. Por un lado, la trazabilidad, obligatoria en todas las empresas alimentarias, que permite reconstruir la historia del alimento, identificando tiempos, destinos y etapas que ha atravesado en la cadena de suministro.
Por otro, la cadena de frío, que exige mantener rangos de temperatura adecuados desde la producción hasta la venta final.
Una interrupción en cualquiera de estos procesos puede traducirse en pérdidas económicas —como las mermas por evaporación en canales refrigeradas— o en riesgos de salud pública, como la proliferación de bacterias en productos mal conservados.
“Especial atención merecen los alimentos congelados. Una avería en el transporte, como la parada de un compresor o un fallo del termostato, puede ocasionar un aumento de temperatura que provoque una descongelación parcial”, afirman desde Perivet.
De esta manera, cuando el producto se vuelve a congelar de forma lenta, se produce el fenómeno de cristalización, con formación de cristales de hielo de mayor tamaño que alteran la textura y reducen la calidad del alimento. Este deterioro, aunque pueda pasar desapercibido a simple vista, tiene repercusiones comerciales y sanitarias.
En el caso de los alimentos refrigerados, los problemas suelen estar vinculados a las mermas por evaporación. Un transporte de canales de bovino, por ejemplo, puede sufrir pérdidas de peso superiores a lo esperado si no se controla adecuadamente la temperatura, la humedad y la velocidad del aire.
Estas mermas representan pérdidas económicas directas que, en ocasiones, dan lugar a reclamaciones y litigios donde la opinión experta del veterinario perito es determinante.
“Los problemas no se limitan al transporte. Un almacenamiento inadecuado en cámaras frigoríficas también puede desencadenar pérdidas. Fluctuaciones de temperatura o una humedad relativa incorrecta provocan deshidratación y oxidación, con consecuencias negativas tanto en el peso como en la consistencia del producto”, señalan.
En estos casos, detallan, el veterinario perito no solo analiza el daño, sino que también determina si las deficiencias son atribuibles al transportista, al almacenista o a la propia empresa distribuidora.
“La actuación pericial veterinaria en este ámbito garantiza rigor, objetividad y conocimiento técnico, tanto en reclamaciones extrajudiciales como en procesos judiciales”, recuerdon.
Frente a los siniestros asociados al transporte de alimentos, desde Perivet indican que contar con un especialista titulado no solo permite cuantificar el alcance de las pérdidas, sino también proteger la salud pública y respaldar con evidencia científica las reclamaciones de las empresas del sector.
En definitiva, apuntan que los peritos veterinarios son actores imprescindibles en la intersección entre la seguridad alimentaria, la calidad comercial y el derecho, ofreciendo un soporte profesional clave para un sector tan estratégico como el agroalimentario.
“Desde Perivet, como gabinete nacional especializado en peritaje veterinario, podemos ayudar a empresas, aseguradoras y despachos de abogados en la elaboración de este tipo de informes periciales, aportando un criterio técnico sólido y con experiencia en juicio”, concluyen.