Soulmates es un proyecto en el que niños con alguna discapacidad y que están tutelados por la Comunidad de Madrid ayudan a perros a encontrar un hogar. Estos animales ayudan a su vez a los menores a verbalizar sus problemas personales y a que se sientan valiosos por sí mismos
Perros abandonados ayudan a niños sin familia y con discapacidad
Soulmates es un proyecto en el que niños con alguna discapacidad y que están tutelados por la Comunidad de Madrid ayudan a perros a encontrar un hogar. Estos animales ayudan a su vez a los menores a verbalizar sus problemas personales y a que se sientan valiosos por sí mismos
Isabel Gómez -
05-06-2018 - 14:15 H -
min.
Soulmates (almas gemelas) es un proyecto bidireccional de terapia con animales realizado por Souling. Este programa trabaja con niños con algún tipo de discapacidad o con algún problema de aprendizaje, que además viven en una residencia tutelada por la Comunidad de Madrid. Los perros que participan en el proyecto han sido abandonados o han sufrido maltrato y residen en la asociación sin ánimo de lucro Hoope.
En este programa, los niños ayudan a los animales y viceversa. Estos menores han sido abandonados o han sufrido algún tipo de maltrato y no hablan de las cosas que les han pasado. Además, como tienen alguna discapacidad en ocasiones no verbalizan sus problemas. Por ello, “la historia del animal actúa como reflejo de la historia de los niños y les permite de una manera más fácil, amable y menos invasiva poder hablar de aquellos aspectos más difíciles de su historia”, explica Jonás Reguilón Liébana, psicoterapeuta y director y coordinador de Soulmates, en declaraciones exclusivas para Animal’s Health.
Además de la discapacidad, otro problema que dificulta la tarea de encontrar una familia a estos niños es la edad. A partir de los 6 años es más complicado. “Hay un término anglosajón que es ‘hard to place’ (difícil de colocar) que define la situación de estos niños, ya que no es fácil encontrar un entorno de acogida adecuado”, recalca Jonás Reguilón. “Todos los niños deberían vivir con una familia de acogida, Soulmates trata de hacer que estos menores se sientan valiosos por sí mismos a través de acciones como ayudar a los animales”, detalla.
FASES DEL PROYECTO
Este proyecto se ha dividido en cuatro fases. En total eran 24 sesiones de entre una hora o tres horas con los niños. “Las más largas se llevaban a cabo con los perros en las protectoras”, detalla Celia Parra Cepeda, terapeuta ocupacional y coordinadora del proyecto.
La primera fase consistió en 6 sesiones. Los niños tuvieron un primer contacto con perros adiestrados para que conocieran la forma que tenían de comunicarse los animales con ellos. La segunda fase consistió en asistir a la protectora, “fue aquí donde surgió la comparación espontánea. Fueron los propios menores los que se identificaron con los perros”, revela Reguilón.
Una tercera fase trabajó en el vínculo con los animales. Los niños ayudaban a los voluntarios en los cuidados de los perros y se les explicaba la historia de cada uno de ellos. Al final, cada niño apadrinó a un animal. Por último, los menores hicieron una campaña de adopción de cada perro. “Algunos realizaron fotos, vídeos, canciones o incluso dibujos y cuentos. Este trabajo ha sido para dar visibilidad a estos animales y facilitar su salida de la protectora”, enfatiza el director del proyecto.
Estos perros podían ser adoptados durante este proyecto. Para solventar este inconveniente, la protectora incluyó en el contrato de adopción una cláusula en la que el nuevo propietario no podía romper el vínculo con los niños. “En algunos casos, los nuevos propietarios han enviado fotos o vídeos y de esta forma no se ha roto el vínculo de forma brusca. Además, también se ha trabajado con los menores esta posibilidad durante las sesiones”, añade Reguilón.
MEJORA EN LOS MENORES
Lo que han notado los coordinadores de Soulmates es que los niños han mejorado su conducta y su motivación. “Son menores que tienen pocas alternativas de ocio, pero cuando tenían alguna actividad que coincidía con las sesiones de terapia, pedían cambiarla para ir a ver a los perros”, describe Jonás Reguilón.
También han empezado a verbalizar más su historia y lo que les pasaba. Han empezado a hablar de su familia biológica y han expresado sus preocupaciones. Otro aspecto que ha aumentado es la conducta de colaboración. Al principio únicamente eran compañeros de residencia, pero actualmente han formado un grupo y han interactuado entre ellos fuera de las sesiones.
“Incluso habiendo terminado ya este proyecto, los niños han decidido mantener el grupo de forma autónoma y están en contacto con nosotros, con la proyectora y quieren seguir ayudando a los animales”, puntualiza Reguilón.