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PROFESIONALES

Veterinarios españoles piden no descuidar la vigilancia ambiental de Covid-19

Un estudio multidisciplinar con participación de veterinarios apunta que la vigilancia ambiental del coronavirus podría ayudar a avanzar en el conocimiento sobre la enfermedad y a la identificación potencial de reservorios animales

Christian Gortázar veterinario, catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha e investigador en el IREC.
Christian Gortázar veterinario, catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha e investigador en el IREC.

Veterinarios españoles piden no descuidar la vigilancia ambiental de Covid-19

Un estudio multidisciplinar con participación de veterinarios apunta que la vigilancia ambiental del coronavirus podría ayudar a avanzar en el conocimiento sobre la enfermedad y a la identificación potencial de reservorios animales

Redacción - 08-09-2020 - 15:50 H

Desde marzo de 2020, España junto con muchos otros países se ha visto gravemente afectada por la pandemia actual de la enfermedad Covid-19 causada por la rápida propagación del nuevo coronavirus, el SARS-CoV-2.

Como parte de los esfuerzos globales para mejorar la vigilancia de la enfermedad un equipo de científicos españoles, entre los que se encuentran veterinarios, ha investigado la facilidad con la que se podía detectar el ARN del SARS-CoV-2 en muestras ambientales recolectadas de una comunidad rural aislada en España con una alta prevalencia de Covid-19 (6% de la población de 883 habitantes).

En el estudio han colaborado investigadores del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC); del Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria (Visavet) y del Departamento de Sanidad Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid (UCM); del Servicio de Inmunología Microbiana del Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III; y del Servicio Médico Local Horcajo de los Montes.

El primer diagnóstico de síntomas compatibles con Covid-19 en la aldea donde se realizó la investigación se registró el 3 de marzo de 2020 y el último caso activo conocido se resolvió el 5 de junio de 2020. Para el 15 de mayo, dos meses después de que se impusieran restricciones estrictas de movimiento, el número acumulado de casos sintomáticos había aumentado a 53.

De esos casos, 22 (41%) habían sido evaluados y confirmados por RT-PCR. El 13 de mayo y el 5 de junio, se recolectaron muestras de superficies y ropa de alto uso en los hogares de 13 casos confirmados, de superficies en nueve sitios de servicio público (por ejemplo, supermercado y gasolinera) y de las aguas residuales del sistema de alcantarillado de la aldea.

Se detectó ARN del SARS-CoV-2 en 7 de 57 (12%) muestras, incluidos tres hogares y tres sitios públicos.

Si bien todavía no hay evidencia suficiente para recomendar la vigilancia ambiental como un enfoque estándar para la epidemiología de Covid-19, la investigación de vigilancia ambiental puede contribuir a avanzar en el conocimiento sobre Covid-19 al dilucidar aún más la dinámica de diseminación del virus y la contaminación ambiental, incluida la identificación potencial de reservorios animales.

  • GALERIA

    Christian Gortázar durante la toma de una muestra

LA VIGILANCIA AMBIENTAL DEL CORONAVIRUS, MENOS INVASIVA Y CON MENOS COSTE

“Me sorprende que la vigilancia ambiental no se esté utilizando más”, asegura el veterinario Christian Gortázar, catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha e investigador en el IREC participante en este estudio, en declaraciones para Animal’s Health.

Gortázar, que forma parte también del grupo de expertos sobre el COVID-19 y su relación con los animales de la Organización Colegial Veterinaria, señala que gracias la vigilancia activa se puede detectar la existencia o la circulación del SARS-CoV-2 en el ambiente, pero de una forma menos invasiva y menos costosa económicamente que, por ejemplo mediante pruebas como PCR.

La obtención de las muestras de las diferentes superficies u objetos donde podría hallarse el coronavirus se lleva a cabo mediante esponjas de muestreo de superficies, impregnadas con un conjunto de alcoholes que arrastran el ARN y el ADN que se encuentran, y al mismo tiempo inactivan los patógenos que puedan encontrarse.

Posteriormente, en el laboratorio se extrae el líquido de las esponjas, que contienen los ácidos nucleicos que hayan absorbido y a partir de ahí se realiza la extracción y la PCR. Gracias a este sistema se podría monitorizar el virus, sin necesidad de realizar pruebas directamente sobre personas y animales.

“Con unas pocas esponjas se pueden vigilar espacios grandes, mientras que si se tuvieran que analizar a todas las personas o a todos los animales de ese mismo espacio, sería más costoso y más lento”, explica Gortázar.

No obstante, reconoce que el muestreo ambiental no va a proporcionar tanta información como un análisis más individual, pero podría ayudar a saber dónde buscar el virus “de una manera sostenible, con un coste razonable y sin que se colapse la capacidad de diagnóstico”, apunta el investigador.

Por ello, Gortázar cree que se debe apostar más por la vigilancia ambiental del coronavirus, sobre todo en situaciones como la actual, donde se está produciendo la vuelta de los ciudadanos a los centros sanitarios y a los centros educativos. “Me parece mucho más lógico hacer una vigilancia semanalmente en una facultad, para saber si hay o no circulación de ARN del virus, y en función de eso implementar otras herramientas como la PCR individual”, afirma.

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