El hallazgo, además de ampliar el conocimiento sobre los hospedadores de este tipo de parásitos, es clave para entender mejor su modo de transmisión y su impacto en la salud de las aves
Veterinarios españoles descubren una nueva especie de parásito en aves carroñeras
El hallazgo, además de ampliar el conocimiento sobre los hospedadores de este tipo de parásitos, es clave para entender mejor su modo de transmisión y su impacto en la salud de las aves
Redacción -
16-06-2025 - 12:54 H -
min.
Desde la Unidad de Divulgación Científica y Transferencia de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) han compartido un artículo en el que explican los resultados de un estudio epidemiológico sobre la tricomonosis, una enfermedad que representa una amenaza significativa para la conservación de las aves rapaces.
“Aunque puede pasar desapercibida si no presenta síntomas, puede provocar lesiones severas en el tracto digestivo superior e incluso extenderse a otros órganos, causando en algunos casos la muerte del ave”, apuntan.
El artículo ha sido realizado en el Centro de Recuperación de Fauna Salvaje de Torreferrussa, en colaboración con el Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat (Grefa), y con el apoyo de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y la Universidad CEU Cardenal Herrera (UCH-CEU).
En el caso del estudio epidemiológico, explican como caracterizaron una nueva especie de protozoo parásito que causa tricomonosis y afecta a aves carroñeras: Trichomonas gypaetinii.
La investigación, remarcan, reveló la presencia de este parásito en la cavidad orofaríngea de especies tan emblemáticas como el buitre negro (Aegypius monachus) y el alimoche (Neophron percnopterus).
“Este descubrimiento supone un avance importante en el conocimiento de las enfermedades que afectan a estas aves, clave para diseñar estrategias más eficaces de conservación y control sanitario”, subrayan.
Para caracterizar este nuevo parásito, los investigadores compararon las muestras de ADN obtenidas en más de 1.700 ejemplares de 54 especies de aves con otros genotipos ya conocidos de Trichomonas gallinae procedentes de diferentes especies y regiones geográficas. Los resultados mostraron diferencias significativas entre T. gypaetinii y T. gallinae, con niveles de similitud del 97% y 90-91% en secuencias conservadas.
Además, se encontraron otras diferencias tanto morfológicas como en su desarrollo. Precisamente, estudios morfológicos realizados con diferentes técnicas de microscopía óptica y electrónica confirmaron estas diferencias. En comparación con T. gallinae, los trofozoítos (la forma responsable de la enfermedad) de T. gypaetinii presentaban dimensiones más pequeñas en la mayoría de las variables medidas, aunque no se considera que tengan una relevancia específica en su función o resistencia.
“En cuanto a su desarrollo, encontramos que T. gypaetinii no creció de forma óptima en los medios de cultivo empleados regularmente para el crecimiento de estos parásitos en el laboratorio indicando un metabolismo diferente”, indican.
Los autores afirman que la identificación de nuevos hospedadores para este parásito es de vital importancia para comprender las implicaciones clínicas que podría tener en las aves, y recuerdan que forma parte del proyecto de conservación AQUILA a-LIFE, en el que se analizaron 56 muestras orofaríngeas de 54 pollos y 2 adultos de águila de Bonelli (Aquila fasciata). Este fue el estudio en el que, mediante análisis de secuenciación de ADN confirmaron por primera vez la presencia de un ejemplar con el genotipo T. gypaetinii.
Según investigaciones posteriores realizadas en Japón y España, resaltan, esta especie de Trichomonas también se ha detectado en otras aves rapaces, como el pigargo europeo (Haliaeetus albicilla) y el buitre negro (Aegypius monachus).
Todos los hospedadores estudiados en estos artículos, como el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) y el águila americana (Haliaeetus leucocephalus) podrían ser considerados hospedadores de este protozoo.
“El descubrimiento de esta nueva especie de tricomonádido sugiere que T. gallinae no es el único agente etiológico de la tricomonosis aviar. Aunque los ejemplares analizados no mostraron síntomas clínicos, la identificación de esta nueva especie destaca la necesidad de continuar con estudios sobre su impacto en la salud de las aves y su posible papel en la transmisión de la enfermedad. Comprender mejor cómo actúa el parásito, su modo de transmisión y su impacto en las aves permite diseñar medidas más eficaces para reducir su incidencia”, concluyen.