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PROFESIONALES

Veterinario salva a un gato con 30 perdigonazos en Mallorca

Un veterinario de Mallorca ha tratado con éxito a un gato que presentaba 30 perdigonazos repartidos por todo su cuerpo, uno de ellos en un ojo

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Radiografía en la que se pueden observar los perdigones.

Veterinario salva a un gato con 30 perdigonazos en Mallorca

Un veterinario de Mallorca ha tratado con éxito a un gato que presentaba 30 perdigonazos repartidos por todo su cuerpo, uno de ellos en un ojo

Alfonso Neira de Urbina - 30-10-2019 - 14:51 H

El pasado 14 de octubre, un gato doméstico fue atacado con un arma de fuego en Petra, una localidad de Mallorca. El animal, cuando llegó a la clínica veterinaria, presentaba treinta perdigonazos provenientes de un cartucho en todo su cuerpo, desde los ojos hasta la zona perianal.

El veterinario que atendió al gato, Marcos Makowski, explica a Animal’s Health cómo trató sus heridas. “El gato llegó muy dolorido, muy apático, con fiebre”, relata, y señala que, además, el felino presentaba un absceso en la zona perianal que se había infectado porque, desde el disparo, habían pasado "un par de días” hasta que el propietario pudo llevarlo a la clínica.

Además, señala el veterinario, sufría una lesión en el globo ocular. “Uno de los perdigones —bolas del cartucho— entró por el párpado y le rozó la córnea, lo que le provocó una lesión en el glóbulo ocular”, recuerda Makowsky, quien explica que, sin embargo, no hubo complicaciones ya que el perdigón “entro y salió por el ojo, o lo rozó", porque el gato presentaba "una lesión corneal y en la cámara anterior del globo ocular”.

“No ha habido complicaciones en este aspecto”, remarca el veterinario, quien rememora que el gato sufría “mucho dolor en la zona posterior y lumbar por todas las lesiones de los perdigones”.

Para curar el absceso en la zona perianal, el veterinario le efectuó una limpieza y lo bridó, quitó los perdigones que se podían palpar, y le administró antibiótico, antiinflamatorio y analgesia.

El gato de momento está estable. Le ha quedado una pequeña secuela de una sinequia entre el iris y la córnea”, explica Makowski. Sin embargo, afirma que no parece que el ojo corra peligro y “el gato se encuentra bien”.

Eso sí, tiene metralla por todo el cuerpo, ya que el veterinario le retiró el resto de perdigones accesibles, pero los que estaban desperdigados, en zona de abdomen, tórax y músculo de la extremidad posterior, no los pudo palpar, por lo que, por el momento, decidió no retirarlos.

POSIBLE INTOXICACIÓN POR PLOMO

Makowski recuerda que tuvo un caso de un gato con perdigonadas en el que tuvieron sospecha de posible intoxicación por plomo en el sistema nervioso, ya que el gato “se comportaba de forma extraña y se mostraba aturdido”.

Sin embargo, el veterinario explica que “lo que está descrito más como intoxicación por plomo es la ingestión, no la absorción del plomo de metralla”. “Tuvimos un gato con sospecha de intoxicación en el sistema nervioso por plomo de metralla, pero no tiene por qué pasar nada”, afirma el veterinario, quien se muestra optimista en este aspecto.

En la misma línea, señala que como el gato presenta perdigones en zonas inaccesibles en la cavidad torácica, la cavidad abdominal y en músculos profundos, por ahora no se sabe hasta qué punto ese plomo se puede absorber, o si puede provocar alguna secuela a largo plazo. “De momento está estable y fuera de peligro”, remarca Makowski

EL INCIDENTE POR EL QUE EL GATO PRESENTABA 30 PERDIGONAZOS

El veterinario señala que, aunque en Baleares se permite disparar a gatos asilvestrados, el incidente tuvo lugar un lunes y se produjo a menos de 100 metros de la vivienda del propietario. Además, el disparo se realizó sobre un animal doméstico, no silvestre, por lo que el ataque fue ilegal.

“La ley contempla a nivel autonómico, en Baleares, que se puede disparar a gatos asilvestrados respetando los días hábiles de caza y, por supuesto, respetando las distancias mínimas de seguridad de las viviendas”, especifica el veterinario. 

“En este caso incumplía tres normas: una, no era día hábil de caza. Dos, estaba a menos de cien metros y, tres, era un gato doméstico”, concluye Makowski.

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