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PROFESIONALES

“Se necesita más formación para afrontar las enfermedades oculares”

Alejandro Bayón del Río, responsable del servicio de Oftalmología del Hospital Veterinario de la Universidad de Murcia, considera que un mejor diagnóstico de las enfermedades oculares podría reducir el riesgo de la pérdida de visión

Alejandro Bayón Del Río, responsable del servicio de Oftalmología del Hospital Veterinario de la Universidad de Murcia.
Alejandro Bayón Del Río, responsable del servicio de Oftalmología del Hospital Veterinario de la Universidad de Murcia.

“Se necesita más formación para afrontar las enfermedades oculares”

Alejandro Bayón del Río, responsable del servicio de Oftalmología del Hospital Veterinario de la Universidad de Murcia, considera que un mejor diagnóstico de las enfermedades oculares podría reducir el riesgo de la pérdida de visión

Redacción - 03-06-2019 - 14:10 H

Alejandro Bayón Del Río, responsable del servicio de Oftalmología del Hospital Veterinario de la Universidad de Murcia, destaca que las clínicas necesitan más formación para atender las enfermedades oculares, matizando que un mejor diagnóstico de éstas puede reducir el riesgo de que el animal llegue a sufrir una secuela relacionada con la pérdida de visión.

Esta es la propuesta que hace Del Río de cara al curso sobre ‘Instrumentación y metodología para la exploración oftalmológica: cómo sacar el máximo partido del material disponible’ que impartirá, junto a la veterinaria integrante del servicio Eva Giménez Mainer, en El Hospital Veterinario de la Universidad de Murcia entre los días 14 y 15 de junio.

Dicho curso  estará orientado a “diseñar estrategias básicas para analizar, razonar y tomar decisiones ante las principales afecciones oculares”, explica Del Río a Roberto Fuentes, técnico de comunicación del Hospital Veterinario de la Universidad de Murcia.

Del Río, responsable de este servicio desde 1999, es diplomado por el Colegio Latinoamericano de Oftalmología Veterinaria (CLOVE por sus siglas), además de ser profesor titular del Departamento de Medicina y Cirugía Animal de la Universidad de Murcia y presidente del grupo de Oftalmología de la Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales (AVEPA).

En su currículum cuenta con un premio nacional por trabajos publicados y otro internacional por presentaciones a Congresos. Tanto su investigación como su trabajo están centrados en la patología y la cirugía de la córnea, el glaucoma, las lesiones oculares producidas por causas sistemáticas y el tratamiento de alteraciones del polo posterior.

El año pasado pasaron por su servicio en el Hospital Veterinario Universidad de Murcia un total de 1.117 casos clínicos, entre perros, gatos, animales exóticos y caballos.

INTRODUCCIÓN A LA OFTALMOLOGÍA VETERINARIA

Del Río considera que existe cierto respeto al fondo del ojo en la veterinaria generalista que, en su opinión, se debe a una falta de conocimientos específicos acerca de la identificación de las diferentes estructuras de un fondo de ojo fisiológico para, posteriormente, poder reconocer enfermedades del mismo. 

Factor que hay que afrontar ya que cuando un paciente llega al hospital veterinario con una pérdida de visión o directamente con ceguera, se necesita realizar una serie de pruebas que indiquen cuál es la causa de esta afección, indica Del Río.

Por ello, Del Río defiende que, en primer lugar, este sector debe adaptar métodos de diagnóstico que ya se emplean en la oftalmología humana. Y en segundo lugar, Del Río apunta a la formación específica para poder decidir cuándo derivar y cuándo no, permitiendo así que las clínicas pueda afrontar con mayor confianza y seguridad las enfermedades oculares que traten.

USO DE RECURSOS

Del Río señala que una correcta exploración oftalmológica es fundamental, detallando que ésta es posible con “formación, un mínimo de material e inversión económica”, a partir de los cuales se posicionará los puntos clave para realizar dicha explotación de manera sistemática con el objetivo de emitir un diagnóstico.

Haciendo referencia al material que es necesario para realizar dicha exploración, Del Río explica que hay equipos básicos como el oftalmoscopio, la lámpara de hendidura o el biomicroscopio que permiten realizar una explotación completa de las estructuras perioculares y el ojo, teniendo en ocasiones que emplear pruebas diagnósticas especializadas en función de la historia clínica y de los hallazgos de la exploración.

Una de las pruebas que se realizan tras una exploración oftalmológica completa es la electrorretinografía, una prueba que también sirve como paso previo a la cirugía de cataratas, que a su vez puede ser el resultado de una enfermedad de la retina como la atrofia progresiva. Dicha prueba, que requiere de una sedación profunda del paciente junto a la dilatación de la pupila, estudia la respuesta de la retina cuando es estimulada por la luz o cómo se comportan los fotorreceptores en plena oscuridad. Y, en función de esta respuesta, se valora si el ojo es potencialmente visual o no, además de establecer un mapa de la retina que identifica las zonas del ojo responsables del déficit visual (electrorretinografía multifocal).

Otra de las pruebas que suelen realizarse durante este tipo de exploración, según Del Río, es la tomografía de coherencia óptica (OCT), una técnica de imagen tomográfica, o expresado en otras palabras, una técnica de imagen por secciones, óptica y no invasiva, que utiliza una combinación de luces provenientes de distintos receptores para lograr una mayor resolución.

Su penetración milimétrica ofrece fotografías de alta resolución de las distintas capas de la retina, aportando una medición cuantitativa de la pupila y de la capa de fibras nerviosas retinianas, información muy útil para el diagnóstico y seguimiento de los pacientes con glaucoma.

Y es que la medición de la capa de fibras nerviosas permite diferenciar entre ojos sanos y ojos afectados por el glaucoma. Además, comparando los resultados de las diferentes exploraciones, se puede detectar la progresión del glaucoma. Actualmente, también se utiliza para el estudio de enfermedades corneales, así como la evolución tras la cirugía de queratoplastia, ya sean de espesor total o parcial.

Por último, el experto menciona la cirugía de facoemulsificación del cristalino, un técnica quirúrgica utilizada en la oftalmología para humanos cuyo objetivo es la extracción del cristalino opacificado mediante facoemulsificación y su sustitución por una lente intraocular adaptada a cada paciente. A través de una microincisión de menos de 3 milímetros se introduce el tip del facoemulsificador, que destruye mediante ultrasonidos el cristalino y lo aspira, a la vez que irriga para mantener la presión intraocular. Seguidamente, por la misma incisión se inyecta la lente intraocular, con lo que el postoperatorio es bastante liviano para el paciente. Finalmente, la recuperación de la visión es realmente rápida y el animal llega a tener una visión prácticamente normal.

LAS CATARATAS

Del Río señala que, si bien el envejecimiento es una de las causas más frecuentes de la aparición de cataratas, éstas pueden producirse por otras causas, como los traumatismos, procesos inflamatorios o enfermedades de la retina.

Por ello, el experto apunta a que cuando la catarata se está formando, aparece la visión borrosa y en ocasiones la visión doble, haciendo que la pupila pueda parecer más blanquecina. Sin embargo, hasta que no se realiza una exploración cuidadosa con el instrumental adecuado el profesional no puede descartar que este sea el resultado de otras afecciones como la esclerosis del cristalino.

Por norma general, la catarata, especialmente las de los animales mayores, se desarrolla de manera lenta y progresiva. Por su parte, en pacientes jóvenes o con diabetes pueden desarrollarse en un corto período de tiempo, incluso en pocos días. Y en ningún caso es posible predecir la velocidad a la que se desarrollará hasta causar problemas graves de visión.

EL OJO SECO

Según Del Río, el diagnóstico precoz es clave para mejorar las opciones de cura e impedir el avance de la queratoconjuntivitis seca, una inflamación que afecta a las glándulas lagrimales, la conjuntiva y la córnea.

Este proceso inflamatorio ocasiona alteraciones en la cantidad y calidad de la producción de lágrimas, lo que puede derivar en déficit de lágrimas, baja calidad del fluido lagrimal y una distribución desequilibrada de las lágrimas en la superficie ocular.

La consecuencia más directa es la deficiencia en la humectación protectora del ojo o presencia de secreciones amarillo-verdosas. Por ello, el avance de la enfermedad provoca alteraciones, fundamentalmente a nivel corneal, como es el edema, la presencia de vasos y pigmento, impidiendo en muchos casos la función visual.

Entre las propuestas de tratamiento, destaca la utilización de células madre.

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