SÁBADO, 7 de marzo 2026

SÁB, 7/3/2026

PROFESIONALES

Solo el 4% de los propietarios de mascotas considera que los veterinarios gestionaron bien un error médico

Los autores del estudio instan a los veterinarios a abordar los errores con transparencia y empatía

Los titulares de mascotas reportaron angustia emocional al enfrentarse a un error médico, caracterizada por ansiedad, preocupación e impotencia.
Los titulares de mascotas reportaron angustia emocional al enfrentarse a un error médico, caracterizada por ansiedad, preocupación e impotencia.

Solo el 4% de los propietarios de mascotas considera que los veterinarios gestionaron bien un error médico

Los autores del estudio instan a los veterinarios a abordar los errores con transparencia y empatía

Francisco Ramón López - 10-11-2025 - 09:57 H - min.

Los errores médicos en la práctica veterinaria tienen un impacto significativo en el personal. En este ámbito, se considera que la comunicación efectiva es una piedra angular de la atención. Por el contrario, las experiencias negativas en la atención veterinaria a menudo se atribuyen a una comunicación deficiente.

Teniendo esto en cuenta, un equipo de investigadores ha llevado a cabo un estudio cualitativo con entrevistas semiestructuradas en línea a 23 titulares de mascotas de Alemania. En él se exploró el impacto de los errores médicos en sus expectativas sobre los veterinarios.

“Este estudio proporciona la primera perspectiva cualitativa sobre la percepción de los propietarios de animales alemanes sobre los errores veterinarios”, afirman. En este punto, aclaran que los errores fueron considerados por los propietarios, y no de forma objetiva como mala praxis o negligencia.

Las entrevistas se basaron en un cuestionario previamente probado. Las preguntas examinaban las opiniones de los responsables de animales sobre los errores en veterinaria, incluyendo el tipo de errores percibidos, las expectativas y las necesidades.

La siguiente sección se centraba en las conversaciones entre los propietarios de mascotas y los veterinarios en caso de error, incluyendo las opciones de tratamiento, las alternativas, los riesgos y los costes.

La sección final evaluaba las consecuencias del error desde la perspectiva de los titulares, incluyendo su conocimiento de los errores en medicina veterinaria. Una última pregunta abierta permitió a los participantes agregar comentarios o ideas adicionales sobre el tema.

LOS PROPIETARIOS SE SIENTEN IGNORADOS

La mayoría de los errores reportados estaban relacionados con el diagnóstico. Además, el análisis reveló deficiencias en el trato con los propietarios de mascotas, caracterizadas por la falta de empatía y la comunicación inadecuada.

De hecho, algunos dueños afirmaron sentirse ignorados o no tomados en serio por los veterinarios. En la misma línea, se expresó preocupación por el enfoque de los veterinarios, que se percibió como “arrogante e irrespetuoso”.

También se mencionan métodos quirúrgicos que no se habían acordado y algunos propietarios informaron que no estaban bien informados sobre el tratamiento. “Los participantes expresaron su preocupación por no haber recibido la información adecuada de los veterinarios sobre la naturaleza del tratamiento, los posibles efectos secundarios de los medicamentos o la posibilidad de complicaciones durante la cirugía”, explican.

Algunos entrevistados también encontraron errores relacionados con la anestesia administrada a sus animales. “Informaron que sus animales se habían despertado después de la anestesia sin personal veterinario presente para monitorearlos o que se los habían devuelto débiles e insensibles después de la anestesia”, señalan.

Por otro lado, varios participantes expresaron su preocupación por el manejo de sus animales. “La falta de aprecio por el vínculo emocional entre el animal y su dueño se percibía como problemática”, advierten los investigadores. 

EL 24% DE LOS PROPIETARIOS DE MASCOTAS DECIDIÓ CAMBIAR DE VETERINARIO

En general, los titulares de mascotas reportaron angustia emocional al enfrentarse a un error médico, caracterizada por ansiedad, preocupación e impotencia. Esto provocó un mayor escepticismo y cautela hacia otros veterinarios, así como una disminución de la confianza y la satisfacción con la atención. El 24% de los entrevistados decidió cambiar de veterinario.

La mayoría de los titulares (60%) consideró que el veterinario desconocía el error. En este sentido, indicaron falta de responsabilidad (18%) y comportamiento poco profesional (18%), a menudo debido a la percepción de negligencia en los cuidados postanestésicos o a la indiferencia ante los errores.

Además, los participantes tenían la impresión de que algunos veterinarios respondían a los errores a la defensiva, justificando sus acciones o mostrándose molestos cuando planteaban sus inquietudes.

En solo 2 de los 45 casos (4%), los participantes sintieron que los responsables gestionaron bien el error, reconociéndolo, tomando medidas correctivas, reduciendo costes y disculpándose por el incidente.

Los titulares enfatizaron la importancia de que los veterinarios sean abiertos y honestos sobre los errores, se comuniquen abiertamente y colaboren para prevenir incidentes similares. “Los propietarios enfatizan la importancia de los aspectos relacionales, la comunicación, la empatía y el reconocimiento cuando ocurren errores”, defienden.

Como cierre al estudio, los autores subrayan que la educación y la práctica veterinaria deben integrar una comunicación estructurada de errores para mantener la confianza y la lealtad. “Al abordar los errores con transparencia y empatía, los veterinarios pueden promover un cuidado óptimo de los animales y relaciones sólidas y de confianza con los propietarios, garantizando que los clientes se sientan escuchados, respetados y valorados”, concluyen.

LA LÍNEA ENTRE EL ERROR Y LA MALA PRAXIS

El estudio pone el foco en la necesidad de gestionar los errores con empatía y transparencia, pero no todos los fallos clínicos pueden considerarse mala praxis. En este sentido, Perivet, gabinete nacional de peritaje veterinario,recuerda que la mala praxis se refiere a la responsabilidad profesional por los actos realizados con negligencia. La negligencia veterinaria, explican, es “un acto mal realizado por parte de un facultativo que termina causando alguna lesión al paciente”.

Puede producirse por imprudencia —actuar con falta de sensatez, juicio o cuidado—, por negligencia —omisión, descuido o falta de esfuerzo— o por impericia, cuando el profesional carece del entrenamiento o la experiencia necesarios para realizar un procedimiento clínico, terapéutico o quirúrgico. También puede deberse a no seguir las normas o reglamentos establecidos por consenso profesional.

La mala praxis suele ser involuntaria, lo que se considera “un delito culposo”, aunque apuntan que en casos excepcionales puede ser intencionada, pasando a ser “un delito doloso”. Para que una actuación veterinaria sea imputable y genere responsabilidad, deben concurrir dos elementos: la existencia de culpa o dolo —sin intención de dañar, pero con negligencia, impericia o imprudencia— y que esa conducta provoque un daño al paciente, con una relación de causalidad directa entre la actuación y el resultado.

Asimismo, Perivet subraya que una demanda por mala praxis debe fundamentarse en cuatro aspectos: debe existir un deber legal por parte del veterinario, dicho deber debe haberse incumplido, el incumplimiento debe haber causado una lesión —temporal o permanente— y deben existir daños, ya sean económicos, psicológicos o la propia vida del animal.

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