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PROFESIONALES

Refutan un estudio de Covid-19 y perros porque "sobreinterpretó" los datos

Un grupo de científicos pone en duda que los perros hayan tenido algo que ver en el salto de animales a humanos del coronavirus Covid-19, como afirmaba un estudio, y considera que sobreinterpretó los datos y no tenía evidencia

Señalan que el estudio que afirma que el coronavirus pudo haber saltado de los perros a los humanos no ofrece ninguna evidencia directa.
Señalan que el estudio que afirma que el coronavirus pudo haber saltado de los perros a los humanos no ofrece ninguna evidencia directa.

Refutan un estudio de Covid-19 y perros porque "sobreinterpretó" los datos

Un grupo de científicos pone en duda que los perros hayan tenido algo que ver en el salto de animales a humanos del coronavirus Covid-19, como afirmaba un estudio, y considera que sobreinterpretó los datos y no tenía evidencia

Redacción - 17-07-2020 - 14:41 H

Durante la crisis del coronavirus, se ha acelerado mucho el ritmo de publicación de los estudios científicos. En este sentido, el investigador del Centro de Investigación en Sanidad Animal del Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias (CISA-INIA), Miguel Ángel Jiménez Clavero, ya advirtió de que "hay cierta presión por publicar, y las revistas se interesan más por estudios que llegan a conclusiones de más alcance”. Esto puede ocasionar que se “sobreinterpreten” datos con el afán de lograr mayor repercursión. 

Algo parecido ha podido ocurrir con un estudio publicado en abril, en plena pandemia, en el que se afirmaba que el coronavirus pudo haber saltado de los perros a los seres humanos. Ahora, un grupo de investigadores internacionales, entre los que hay científicos del Campus Médico Anschutz de la Universidad de Colorado, afirman que es científicamente incorrecto, y no ofrece ninguna evidencia directa que apoye sus conclusiones.

"Durante esta época del Covid-19 estamos viendo a la gente publicar cosas que dan saltos salvajes a conclusiones que no están justificadas por la evidencia, y esta parece ser una de ellas”, ha explicado David Pollock, profesor de bioquímica y genética molecular en la Escuela de Medicina de la Universidad de Colorado.

Pollock es uno de los autores principales de un artículo publicado esta semana en Molecular Biology and Evolution dirigida a refutar el estudio anteriormente publicado en la misma revista, y el profesor y los coautores discrepan con el trabajo de abril de 2020 del profesor de biología Xuhua Xia de la Universidad de Ottawa (Canadá).

En este sentido, muchos científicos están interesados en los orígenes del nuevo coronavirus, y quieren saber de dónde viene el SARS-CoV-2, responsable de Covid-19, antes de dar el salto de animal a humano.

La forma clásica de abordar esta investigación es encontrando virus con secuencias genómicas similares en un huésped animal en particular. Xia, sin embargo, según los investigadores, se centró en una característica del genoma del coronavirus conocida como islas CpG, y encontró que un coronavirus de perro lejanamente relacionado tenía islas CpG similares a las del SARS-CoV-2.

Debido a que este virus se replicaba bien en el tracto digestivo del perro, concluyó que los intestinos del perro eran el lugar ideal para haber afectado las islas CpG del primer SARS-CoV-2. "Sin embargo, no hay evidencia para la premisa lógica del argumento de Xia, considerando que todos los mamíferos tienen tractos digestivos", han señalado los investigadores.

Asimismo, demostraron que los perros no son únicos en su contenido de proteínas ZAP y APOBEC3G, que ayudan a proteger a los humanos de los virus y pueden interactuar con las islas CpG virales.

"Además, un estudio reciente de inoculación encontró que mientras que otros huéspedes mamíferos domesticados son altamente susceptibles al SARS-CoV-2, los perros exhibieron baja susceptibilidad, y no se detectaron rastros de ARN viral en ningún órgano del perro", apuntan los científicos.

Los investigadores han explicado que, aunque el origen del SARS-CoV-2 es incierto, la premisa que mayor evidencia actualmente presenta plantea que haya sido transmitido a los humanos por murciélagos o, posiblemente, por pangolines, especie exótica oriunda de China. De hecho, hay pruebas sólidas de que el virus ha saltado recientemente de estos animales, u otros huéspedes intermedios, a los seres humanos.

Los virus de murciélago y pangolín también tienen sitios CpG similares al del SARS-CoV-2 humano, por lo que la situación ambiental que afectó a los CpG virales debió ocurrir hace mucho tiempo y, posiblemente, en uno de estos dos mamíferos. Asimismo, observaron que hay indicios de acontecimientos de recombinación anteriores entre virus divergentes, lo que sugiere que a lo largo de los años los parientes de los coronavirus encontrados en murciélagos y pangolines se mezclaron y mutaron para dar lugar al SARS-CoV-2.

NO HAY PRUEBAS DE QUE LOS PERROS ESTÉN INVOLUCRADOS EN EL ORIGEN DE LA PANDEMIA

Los investigadores concluyeron que la premisa de que los perros probablemente están relacionados con el surgimiento del SARS-CoV-2 humano no está justificada por las pruebas disponibles.

"Xia no demostró que la baja frecuencia de CpG en el genoma del SARS-CoV-2 fuera impulsada por un entorno selectivo único en el tracto digestivo de los perros", determinan los autores, quienes explican que "los perros no son más plausibles que la mayoría de las otras especies huéspedes potenciales y, según los datos actuales, mucho menos plausibles que los murciélagos o los pangolines".

Asimismo, Pollock ha referido que determinar cómo saltó el virus de los animales a los humanos es fundamental para prepararse para la próxima pandemia. Aun así, ha señalado que en medio de una pandemia "los resultados científicos pueden ser sobreinterpretados y mal utilizados, llevando a la malversación de recursos y esfuerzos". "En lugar de promover las especulaciones de un estudio basado en pruebas débiles es mejor admitir la incertidumbre. Si no, la comunidad científica tiene la obligación de responder", considera el científico.

"Los científicos deben ser particularmente cuidadosos en la interpretación de los hallazgos, y evitar apresurarse a sacar conclusiones que no estén bien respaldadas por pruebas sólidas", considera Todd Castoe, también autor principal, quien concluye: "Necesitamos hacerlo bien".

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