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PROFESIONALES

Presión en la profesión veterinaria: trastorno mental y abandono

Las malas condiciones laborales y la presión a la que se enfrentan los veterinarios diariamente provoca que muchos abandonen la profesión y desarrollen trastornos mentales como ansiedad o depresión

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Presión en la profesión veterinaria: trastorno mental y abandono

Las malas condiciones laborales y la presión a la que se enfrentan los veterinarios diariamente provoca que muchos abandonen la profesión y desarrollen trastornos mentales como ansiedad o depresión

Francisco Ramón López - 06-03-2019 - 15:30 H

Recientes estudios han puesto de manifiesto que la tasa de suicidio entre los veterinarios es mayor que la de la población general —más de tres veces, según la Asociación Americana de Medicina Veterinaria—. Las razones son varias, desde el síndrome del profesional quemado o ‘burnout’ provocado por la presión laboral, pasando por la fatiga por compasión que genera el hecho de que los veterinarios tengan que recurrir en algunas ocasiones a la eutanasia.

La psicóloga sanitaria Pilar Guijarro que ha realizado recientemente una encuesta encargada por la Unión Sindical Veterinaria de Madrid para conocer la salud psicológica de los veterinarios, ha explicado en declaraciones a Animal’s Health que España no es una excepción.

La principal razón esgrimida por la psicóloga de que los veterinarios españoles sufran trastornos psicológicos como ansiedad, estrés o depresión es la falta de regulación en el sector de las clínicas. “No hay regulación, no tienen convenio”, apunta Pilar, que añade que debido a esto se incumplen los contratos.

En la misma línea,  apunta, que debido al exceso de egresados, la oferta es grande y “si te vas de un trabajo al dueño de la clínica no le importa, porque sabe que va a tener esperando a diez”, lo que incrementa la inseguridad laboral y la presión.

Y es que la psicóloga lamenta, en resumidas cuentas, que debido a la falta de legislación el empresario puede “hacer lo que le da la gana con ellos”, ya que no existe normativa básica como salario mínimo ni tablas salariales.

“Algo tiene que cambiar. A mi consulta vienen muy mal: con síntomas graves de ansiedad, como insomnio, taquicardias o falta de apetito”, relata Pilar, que enumera entre las causas la elevada carga de trabajo, y la falta de apoyo y coordinación con los superiores.

En este punto la psicóloga explica que en el ámbito de las profesiones sanitarias —y la veterinaria no es una excepción— se toman continuamente decisiones complicadas, y los profesionales, en muchas ocasiones, no pueden consensuarlas con los dueños de las clínica, ya sea por ausencia o por otros motivos.

Debido a esto, existe “un temor” a las consecuencias que pudieran tener estas decisiones “importantísimas” que tienen que tomar, como, por ejemplo, la eutanasia. Decisiones que Pilar considera que “no deberían tomarse en solitario, ni debería recaer la responsabilidad solamente en una persona”. “Ocurre en ocasiones que el jefe llega y dice: ‘¿cómo se te ha ocurrido hacer esto?’”, explica, y añade que “el estrés es precisamente eso: variables que no puedes controlar”.

Todo esto lleva al síndrome del trabajador quemado o ‘burnout’. “Están muy quemados, y muchos dejan la profesión”, asegura la psicóloga, que afirma haber tratado a veterinarios que se niegan incluso a hablar de su propia profesión.  

“Abandonan porque sienten una indefensión, y no es porque los veterinarios sean más débiles, sino por las condiciones laborales”, explica Pilar, que señala que sus pacientes no suelen contar con historial previo de patologías mentales.

De hecho, afirma que lo que termina desembocando en este abandono es el tener que enfrentarse todos los días a “un estado de inseguridad a todos los niveles”. “Es normal que el cuerpo y el cerebro respondan: es una defensa frente a lo que les está pasando”, incide.

EUTANASIA Y SUICIDIO

Aunque la principal razón esgrimida por la psicóloga es la presión laboral, también existe una presión social, común a todas las profesiones sanitarias, y a esto no ayuda que la profesión veterinaria esté cada vez menos reconocida. “Antes el veterinario del pueblo era una eminencia, junto con el médico y el profesor, y ahora, en las ciudades, ya no”, apunta Pilar, que señala que en los núcleos urbanos existen expectativas demasiado altas de cómo debería comportarse un veterinario.

Además, sumado a esta presión social común a las profesiones sanitarias, los veterinarios deben de sobrellevar una carga adicional, gestionar el sacrificio de animales con enfermedades terminales.

“Se tienen que enfrentar a valores sociales que deberían de ir entrando en desuso: esa idea de salvar la vida por encima de todo incluso aunque signifique generar sufrimiento”, apunta la psicóloga, que explica que, aunque la decisión siempre corresponde al propietario, en muchas ocasiones solo proponer la eutanasia es “como cometer un crimen”.

Además, existe también justo el caso contrario, que los dueños soliciten el sacrificio de un animal que todavía tendría oportunidades de recuperarse. “Al final tienen una relación con la muerte, y ejercen en una línea muy fina, y eso pasa factura”, incide.

De hecho, la psicóloga señala que ha conocido casos en veterinarios que llevan mucho tiempo ejerciendo que empiezan a “desenfocar” su concepción de la muerte debido a la adaptación emocional que han tenido que desarrollar durante años como mecanismo de supervivencia. “Terminan viendo la muerte como algo normal, y eso tampoco es una idea correcta”, añade.

Este tipo de presiones, en los casos más extremos, terminan desembocando en el suicidio. En este punto, Pilar apunta que, aunque en España no hay datos de suicidio por profesiones, ya que es un tema que “está vetado" a todos los niveles, existen datos de otros países en los que sí se habla abiertamente de tasas de suicidio, y en los que el índice en la profesión veterinaria tiende a ser muy alto.

Una de las razones es que estos profesionales tienen fácil acceso a medicamentos para “provocar y provocarse la muerte”. Es por esto por lo que Pilar aboga por la existencia de un protocolo para estos medicamentos similar al que existe en los hospitales, donde los eutanásicos están bajo llave y pasan por un control exhaustivo.

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