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PROFESIONALES

La OIE ya advirtió en 2021 que había que estar preparados ante la viruela del mono

Un informe de la Organización Mundial de Sanidad Animal ya ponía como ejemplo de enfermedad emergente de origen zoonósico a la viruela del mono, y llamaba a los países a mejorar sus mecanismos de prevención

Monique Eloit, directora general de la Organización Mundial de Sanidad Animal.
Monique Eloit, directora general de la Organización Mundial de Sanidad Animal.

La OIE ya advirtió en 2021 que había que estar preparados ante la viruela del mono

Un informe de la Organización Mundial de Sanidad Animal ya ponía como ejemplo de enfermedad emergente de origen zoonósico a la viruela del mono, y llamaba a los países a mejorar sus mecanismos de prevención

Francisco Ramón López - 20-05-2022 - 14:27 H - min.

Tras dejar atrás la peor parte de la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2, el mundo se enfrenta ahora a otra alerta sanitaria —aunque de mucha menor envergadura— provocada por otro virus de origen zoonósico, se trata del poxvirus de la viruela del mono, que está generando casos alrededor de todo el mundo, incluida España.

El experto José Poveda, veterinario y catedrático del área de Sanidad Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), que defendió que la situación causada por la viruela del mono sería atajada sin demasiados problemas, ya explicó a Animal’s Health que hay que tener en cuenta a los veterinarios ante estas situaciones de alerta por zoonosis, un tipo de enfermedades a las que este colectivo se enfrenta a diario.

Y es que el sector veterinario, especialmente tras la pandemia de coronavirus, está trabajando para trasladar a las Administraciones la importancia de la vigilancia de enfermedades emergentes en animales para prevenir futuras pandemias.

Un ejemplo claro es la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), que en febrero de 2021 lanzó un extenso informe para la prevención de riesgos de enfermedades emergentes en el comercio de fauna silvestre, en el que llegó a poner a la viruela del mono como ejemplo de enfermedad emergente que había que tener en cuenta. Además, en 2018, su grupo de trabajo de fauna silvestre analizó en 2018 esta enfermedad, considerándola una amenaza emergente “notable”.

En el informe de 2021, la OIE recordó un brote de viruela del mono en 2003 en Estados Unidos, en el que se detectó el virus en personas y también en perritos de las praderas, y que tenía como origen la exposición a roedores importados de África, concretamente la rata de Gambia.

Fue precisamente por este brote por el que la propia Comisión Europea publicó una Decisión en la que se tomaban medidas de protección contra el virus, prohibiendo la importación de perros de las praderas de Estados Unidos y de “roedores de especies no domésticas y de ardillas originarias o procedentes de terceros países del África subsahariana”, por lo que no se puede decir que esta amenaza haya pillado totalmente de improviso a las autoridades.

De momento, no se ha detectado el origen claro de los casos de viruela del mono que se están produciendo, aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) apuntó recientemente a Nigeria, donde la enfermedad es endémica.

El informe de la OIE concluía que el comercio de fauna silvestre conlleva un alto riesgo de enfermedades emergentes, por lo que había que tomar medidas para reducir estos riesgos. Eso sí, abogaba por no prohibir este comercio, pues es necesario para la vida de muchas comunidades en países en desarrollo.

Entre las medidas para hacer frente a la situación, la organización llamaba a “adoptar una definición holística e integrada de salud que se adapte a la necesidad de proteger e invertir en factores que puedan prevenir enfermedades emergentes y crear resiliencia de la población frente a enfermedades emergentes”.

Asimismo, abogaba por crear un grupo de trabajo que colaborara con los servicios veterinarios nacionales para enfrentar los desafíos relacionados de las enfermedades emergentes, el desarrollo sostenible, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

“La inversión en la creación de poblaciones que sean menos vulnerables a las enfermedades emergentes y más capaces de recuperarse parece, por lo tanto, un componente lógico de una estrategia de reducción del riesgo de enfermedades emergentes”, defendían.

Esta estrategia, indicaban, exige un equilibrio entre los esfuerzos para predecir y detectar enfermedades emergentes con los esfuerzos para desarrollar la resiliencia frente a la próxima “sorpresa inevitable”. “Los planes pandémicos generalmente se enfocan en reducir el daño en lugar de reducir la exposición a los agentes con potencial para generar pandemias”, lamentaban.

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