SÁBADO, 24 de enero 2026

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PROFESIONALES

“No soy solo una veterinaria, también soy un ser humano”: Gestionando los límites entre la vida personal y la profesional

Un estudio ha entrevistado a veterinarios para conocer cómo consiguen organizar su vida profesional y personal

Pese a la dureza, muchos veterinarios aceptan la permeabilidad entre trabajo y vida por sentido de misión.
Pese a la dureza, muchos veterinarios aceptan la permeabilidad entre trabajo y vida por sentido de misión.

“No soy solo una veterinaria, también soy un ser humano”: Gestionando los límites entre la vida personal y la profesional

Un estudio ha entrevistado a veterinarios para conocer cómo consiguen organizar su vida profesional y personal

Francisco Ramón López - 15-05-2025 - 11:01 H - min.

Muchos estudios sobre veterinarios subrayan la importancia de conciliar la vida laboral y personal; sin embargo, la comprensión de cómo gestionan la frontera entre la vida privada y la profesional aún es limitada, en opinión de muchos expertos.

Así, en consonancia con investigaciones previas que hablan de “gestión de límites”, se ha llevado a cabo un estudio para investigar los conflictos y desafíos que enfrentan los veterinarios en relación con los límites de horarios, físicos y psicológicos entre el trabajo y la vida privada, y explorar las estrategias que emplean para afrontar estos desafíos.

El análisis se basa en entrevistas individuales cualitativas y semiestructuradas con 20 veterinarios de pequeños animales residentes en Alemania, Suiza y Austria especializados en cuidados paliativos y acompañamiento al final de la vida.

No soy solo una veterinaria, también soy humana y madre y todo eso…”. Con esta frase, una participante resume el eje del estudio y los límites difusos entre lo profesional y lo personal en una profesión emocionalmente exigente.

La investigación detalla cómo los límites de horarios son constantemente violados, y es que las urgencias veterinarias no entienden de horas ni de infancia, como relata una participante.

“Cuando los niños eran más pequeños, esto era muy intenso. Por ejemplo, estás saliendo hacia el cine con tus hijos, y alguien llama diciendo “mi perro tiene esto y aquello”, y acabas diciendo: “no, bajad todos del coche otra vez. No está bien”, rememora una de las participantes.

Otras veces, la vida profesional invade incluso la enfermedad personal: “Yo no tenía voz, y dije por teléfono: “No puedo ir”. “Ya, se nota que estás enferma, ¿pero puedes venir?” Fue como… “No me importa cómo estés. Quiero que vengas””, añade otro.

DISPONIBILIDAD SIN DESCANSO

Otros veterinarios señalan estar disponibles fuera de horario por convicción personal, especialmente en fases terminales. “El móvil permanece siempre activo, sin importar la hora. Los clientes saben que estoy disponible cuando me necesiten”, señala un profesional.

“Tengo un solo teléfono, tanto para trabajo como para lo personal. A veces es difícil distanciarse”, explica uno de los entrevistados. En el mismo sentido, una veterinaria destaca la sobrecarga emocional de esa constante disponibilidad. “El primer mensaje llegaba a las seis de la mañana y el último a las once de la noche. Todos los días. Y ahí me di cuenta de que estaba al límite de mi paciencia”, lamenta.

Más allá de horarios, los límites psicológicos también se ven vulnerados y las emociones de los propietarios pueden llegar a afectar más que las enfermedades de los animales.

“Lo que realmente te llevas contigo no es tanto la eutanasia en sí, sino ese hombre que se sienta allí llorando… y te llevas esas preocupaciones y esa pena contigo, hasta cierto punto”, explica otro de los participantes.

Además, al realizar visitas domiciliarias, el veterinario entra en realidades humanas difíciles de digerir. “No quiero ver cómo vive la gente, especialmente las personas mayores, en sus grandes apartamentos vacíos... es muy deprimente, con un gato viejo al que hay que sacrificar. No quiero ver eso, es muy triste”, añade uno de los entrevistados.

Otra veterinaria recuerda una escena dura. “Una abuela de 80 con una gata de 20 años. Solo sigue viva porque la gata está ahí. Pero la gata está muy enferma, y nadie cuida de la abuela. El agua y la electricidad están cortadas. Por supuesto que te lo llevas contigo a casa y piensas: “Dios mío, qué mal está todo””, rememora.

ESTRATEGIAS PARA NO QUEBRARSE

Pese a la dureza, muchos aceptan la permeabilidad entre trabajo y vida por sentido de misión. “No quiero que un animal pase su último día en una clínica desconocida. Por eso doy mi número”, señala otro participante.

“Siento la necesidad de ayudar. Si sé que el animal me necesita y no estoy disponible… eso sería terrible para mí”, asegura otro de los participantes. No obstante, también tratan de mantener la distancia emocional. “No son mis amigos. Estamos cerca, pero no somos amigos, hay diferencia”, admite otro.

También hay un aprendizaje doloroso tras episodios de burnout. “Me despertaba llorando al oír sonar el teléfono. No podía contestar. No podía con nada”, rememora otro entrevistado. “Llevaba los problemas a casa, intentaba ayudar siempre. Así te agotas. Y creo que muchos veterinarios hacen eso”, incide otro participante.

El estudio confirma una fuerte identificación profesional entre los veterinarios, lo que a menudo conduce a una integración profunda del trabajo en la vida personal. Pero algunos advierten del riesgo de perderse en ese rol: “Si me identifico únicamente con mi trabajo, me desmorono”.

Por eso insiste, casi como un mantra: “cuidarse, cuidarse, cuidarse”. Algunos, sin embargo, critican a la nueva generación. “Espero que vean su profesión como una vocación otra vez”, indican.

El trabajo concluye que la verdadera carga no son los animales, sino sus propietarios. “Cuando describen la carga mental, es por los propietarios. No por el animal”, afirman los autores, que piden prestar atención a este conflicto permanente entre humanidad y profesionalismo, y sugieren programas de formación y apoyo emocional como parte imprescindible del ejercicio veterinario.

Una de las voces del estudio resume este punto con sinceridad: “No somos propiedad de los titulares ni de la sociedad. Ser veterinario no significa estar disponible 24/7”, concluye.

LOS VETERINARIOS CORREN EL RIESGO DE DEJAR DE LADO SU VIDA PRIVADA

“Concluimos que abordar las exigencias contradictorias del trabajo y la vida privada es crucial para los veterinarios. Dado que los veterinarios se identifican profundamente con su profesión, corren el riesgo de dejar de lado su vida privada, lo cual representa un riesgo a largo plazo para la salud mental”, afirman los autores.

Además, insisten en el hecho de que los datos indican que cuando los veterinarios describen la carga mental, esta se debe principalmente al propietario del animal y su situación, más que a la situación del animal.

“En este contexto, se debería fomentar el intercambio de experiencias y estrategias de afrontamiento entre veterinarios; por ejemplo, la experiencia de veterinarios que han trabajado en la profesión durante muchos años podría ser útil para los recién llegados cuando se trata de la cuestión de la gestión exitosa de los límites”, defienden.

Dicho esto, añaden que sería recomendable comprobar los hallazgos del presente estudio mediante encuestas cuantitativas, también con el fin de investigar otros campos de trabajo veterinarios o las posibles diferencias entre veterinarios autónomos y asalariados.

“Además, debería examinarse la permeabilidad de los límites ‘en la dirección opuesta’, es decir, hasta qué punto la vida privada se integra en la vida profesional y sus consecuencias. Finalmente, dados los riesgos asociados a la mala salud mental, los estudiantes de veterinaria deberían estar mejor preparados para la importancia del trabajo de límites en su vida profesional”, concluyen.

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