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PROFESIONALES

La modificación de hábitats aumenta el número de hospedadores de zoonosis

Un nuevo estudio ha determinado que las mayores amenazas zoonósicas surgen donde las áreas naturales se han convertido en tierras de cultivo, pastos y áreas urbanas y ha identificado las especies hospedadoras de zoonosis

Animales como las ratas, abundantes y con vidas cortas, se adaptan mejor al cambio y son hospedadores de patógenos zoonósicos.
Animales como las ratas, abundantes y con vidas cortas, se adaptan mejor al cambio y son hospedadores de patógenos zoonósicos.

La modificación de hábitats aumenta el número de hospedadores de zoonosis

Un nuevo estudio ha determinado que las mayores amenazas zoonósicas surgen donde las áreas naturales se han convertido en tierras de cultivo, pastos y áreas urbanas y ha identificado las especies hospedadoras de zoonosis

Redacción - 10-08-2020 - 09:57 H

Los seres humanos han alterado más de la mitad de la tierra habitable de la Tierra para satisfacer las necesidades de su creciente población. La transformación de bosques, praderas y desiertos en ciudades, suburbios y tierras agrícolas ha provocado que muchas especies se reduzcan o desaparezcan, mientras que otras han prosperado.

En este sentido, un estudio en el que han participado científicos de la University College London, de la Zoological Society of London y del Imperial College London, han determinado que las especies que salen perdiendo con la modificación de los hábitats son animales como los rinocerontes y avestruces, con requisitos de alimentación o hábitat muy específicos.

Por el contrario, aquellos animales que en cierto modo se benefician y adaptan mejor al cambio son aquellos animales más “pequeños y abundantes y que tienen vidas más cortas”, como las ratas o los estorninos.

Según la investigación, este último grupo tienen muchas más probabilidades de albergar agentes causantes de enfermedades (patógenos) que el grupo formado por animales como avestruces y rinocerontes. “Cuando convertimos hábitats naturales para nuestros propios usos, sin darnos cuenta aumentamos la probabilidad de transmisión de enfermedades infecciosas zoonósicas, que son causadas por patógenos que pueden pasar de los animales a los humanos”, destacan los investigadores.

LOS ROEDORES AMPLIFICAN LA ABUNDANCIA DE PATÓGENOS ZOONÓSICOS

Así, en el estudio se señala que durante décadas se han ido acumulando ejemplos de cómo el cambio de uso de la tierra aumenta el riesgo de enfermedades zoonósicas. Por ejemplo, los roedores que amplifican la abundancia de patógenos que causan la enfermedad de Chagas, varias enfermedades transmitidas por garrapatas y un conjunto de lo que se denomina enfermedades hantavirales, prosperan en paisajes dominados por humanos donde otras especies se han perdido.

No obstante la generalización de este patrón y los mecanismos específicos que lo subyacen han sido cuestionados. En este sentido el científico Rory Gibb, uno de los autores del estudio, y sus compañeros, tuvieron que superar dos obstáculos al investigar si, a escala global, los cambios en los ecosistemas causados por el hombre favorecen a las especies de vertebrados que tienen más probabilidades de causar enfermedades.

Uno de los desafíos fue determinar qué especies animales tienden a desaparecer y cuáles tienden a prosperar, a lo largo de un gradiente desde hábitats naturales no perturbados hasta las áreas más dominadas por humanos.

Los autores lograron esto utilizando la base de datos del proyecto PREDICTS (Proyectar respuestas de diversidad ecológica en sistemas terrestres cambiantes). Contiene más de 3,2 millones de registros de 666 estudios que contaron animales a lo largo de gradientes de uso de la tierra en todo el mundo.

El segundo obstáculo fue determinar cuáles de estas especies albergan patógenos que pueden infectar a los humanos. Para hacer esto, los científicos recopilaron información de seis bases de datos que informan las asociaciones huésped-patógeno. Encontraron 20.382 asociaciones entre 3.883 especies hospedadoras de vertebrados y 5.694 patógenos.

Desafortunadamente, encontrar que un animal y un patógeno están asociados no necesariamente indica que el animal pueda transmitir el patógeno a humanos u otros animales. Al reconocer esto, los investigadores utilizaron criterios más estrictos para determinar la asociación huésped-patógeno, incluida la determinación de si había evidencia directa de la existencia del patógeno en el huésped y de la capacidad del huésped para transmitir el patógeno.

CON EL AUMENTO DEL USO DE LA TIERRA CRECIERON LOS HOSPEDADORES ZOONÓSICOS

Los patrones que los autores detectaron a partir de estos análisis fueron sorprendentes. A medida que aumentó el uso de la tierra dominado por los humanos, también lo hizo el número total de hospedadores zoonósicos. En áreas de uso más intensivo, aumentaron tanto el número de especies hospedadoras como el número de individuos de esas especies, siendo el último efecto el más fuerte de los dos.

La abundancia de roedores, murciélagos y pájaros cantores aumentó notablemente en sitios dominados por humanos. El efecto sobre la abundancia de carnívoros y primates fue más modesto. Sin embargo, las especies hospedadoras podrían clasificarse erróneamente como especies no hospedadoras si la falta de un esfuerzo de investigación en profundidad resultara en una falla en la detección de patógenos zoonósicos.

Para tener esto en cuenta, los investigadores llevaron a cabo un proceso estadístico llamado bootstrapping en su análisis. Esto les permitió reclasificar a los no hospedantes al estado de hospedante utilizando un enfoque que incluía la cantidad de investigación publicada sobre la especie. Sus conclusiones utilizando este enfoque siguieron siendo las mismas.

La pandemia de Covid-19 desencadenada por un coronavirus de origen animal ha despertado al mundo sobre la amenaza que representan las enfermedades zoonósicas para los humanos. Con este reconocimiento ha surgido una percepción errónea generalizada de que la naturaleza salvaje es la mayor fuente de enfermedades zoonósicas. Esta idea se ve reforzada por las representaciones de la cultura popular de selvas repletas de amenazas microbianas y por algunos estudios científicos anteriores que ofrecen una corrección importante: las mayores amenazas zoonósicas surgen donde las áreas naturales se han convertido en tierras de cultivo, pastos y áreas urbanas.

Por último, los análisis de esta investigación sugieren que la restauración del hábitat degradado y la protección de áreas naturales no perturbadas beneficiaría tanto a la salud pública como al medio ambiente. Por último, en el futuro, la vigilancia de patógenos zoonóticos conocidos y potenciales probablemente será más fructífera si se centra en paisajes dominados por humanos.

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