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PROFESIONALES

Los micromamíferos son relevantes en la ecología de la fiebre Q en España

Científicos del IREC y del CNM-ISCIII han descubierto que los micromamíferos silvestres son relevantes en la transmisión de Coxiella burnetii, la bacteria causante de la fiebre Q en humanos y de la coxiellosis en animales

Imagen de un ratón de campo.
Imagen de un ratón de campo.

Los micromamíferos son relevantes en la ecología de la fiebre Q en España

Científicos del IREC y del CNM-ISCIII han descubierto que los micromamíferos silvestres son relevantes en la transmisión de Coxiella burnetii, la bacteria causante de la fiebre Q en humanos y de la coxiellosis en animales

Redacción - 26-05-2021 - 08:45 H

Los animales son reservorio de la bacteria que causa la fiebre Q, conocida por la ciencia como Coxiella burnetii, pero muchos también sufren las consecuencias de la infección. Además, esta enfermedad puede desencadenar casos graves de hepatitis aguda y neumonía en personas. En algunos pacientes, la fiebre Q puede hacerse crónica y ser la causa de valvulopatías, endocarditis, hepatitis o neumonías crónicas, lo que se conoce como el síndrome de fatiga post-fiebre Q.

España viene notificando el 30% de todos los casos de fiebre Q en el Espacio Económico Europeo desde que la enfermedad pasó a ser de declaración obligatoria en 2015. Por otro lado, en los animales domésticos se estima que aproximadamente un 10% de los abortos en ovejas y cabras en España puede estar producido por la bacteria causante de la fiebre Q.

Investigaciones previas del Grupo de Investigación en Sanidad y Biotecnología (SaBio) del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC – CSIC, UCLM, JCCM) ya han demostrado que los animales silvestres, como el ciervo (Cervus elaphus) o el conejo de monte (Oryctogalus cuniculus), pueden mantener genotipos de C. burnetii diferentes a los que circulan en el ganado y que éstos son relevantes en la transmisión de esta bacteria en la interfaz fauna silvestre-ganado-humano.

Sin embargo, C. burnetii es capaz de infectar a un abanico tremendamente amplio de animales, pero el conocimiento de los animales silvestres, que pueden tener un papel relevante en la ecología de esta bacteria, dista mucho de ser el deseable para prevenir y controlar las enfermedades que provoca.

En este sentido, el reto es acceder a muestras apropiadas de diferentes animales silvestres para identificar qué papel juegan en el mantenimiento de C. burnetii y qué riesgos representan para la aparición de casos de fiebre Q en humanos y de coxiellosis en el ganado, así como si portan nuevas variantes de la bacteria capaces de originar casos de enfermedad más graves que los causados por las variantes más comunes en el ganado y las personas.

Por ello, los científicos del Grupo SaBio y del Grupo de Investigación en Gestión de Recursos Cinegéticos y Fauna Silvestre del IREC, en este caso en colaboración con investigadores del Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III (CNM-ISCIII), se plantearon el objetivo de analizar el grado de exposición de diferentes especies de micromamíferos a la infección por C. burnetii en España.

Los resultados de este estudio científico, que han sido recientemente publicados en la revista Animals, demuestran que casi un 10% de los micromamíferos analizados estaban infectados por C. burnetii. La infección pudo determinarse en topillo campesino, ratón de campo, musaraña gris y rata negra.

El topillo campesino, una especie plaga en la sub-meseta Norte y vinculado en otros estudios científicos a la transmisión directa e indirecta de la tularemia a animales y personas, mostró la mayor prevalencia de infección con un 11%. El estudio también ha puesto de manifiesto que el topillo campesino es capaz de eliminar la bacteria y con ello transmitirla a otros animales y personas, ya que ésta puede permanecer infectiva incluso en condiciones ambientales adversas en forma de esporas. La bacteria pudo ser caracterizada genéticamente en uno de los topillos campesinos infectados, resultando ser del genotipo de C. burnetii más ampliamente distribuido en Europa, el Genotipo II+, que es frecuente en ovejas y personas.

Uno de los científicos artífices de este trabajo fue diagnosticado de fiebre Q clínica tras presentar síntomas de debilidad y fiebre persistente una semana después de estar realizando trabajo de campo, concretamente recolectando muestras de topillo campesino. El investigador no estuvo expuesto a animales domésticos en varias semanas previas a presentar los síntomas, lo que sugiere que la infección probablemente tuvo su origen en los micromamíferos que estaba muestreando.

Esto sugiere que el uso de equipos de protección básica en la captura de estos micromamíferos, básicamente guantes de goma o látex, pudo no ser suficiente para prevenir la transmisión y sería recomendable usar mascarilla y extremar los protocolos de higiene durante el manejo de estos animales.

Para ampliar información sobre esta zoonosis, que es todavía una gran desconocida  para el público en general e incluso entre los ganaderos, Ceva Salud Animal dispone de una página web en la que realiza una labor divulgativa sobre el impacto de la fiebre Q en las ganaderías de todo el mundo con el objetivo de ayudar en la prevención, detección y control de la enfermedad a nivel global y en diferentes especies de animales.

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