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PROFESIONALES

"Los veterinarios tenemos dos pacientes: el animal y el propietario"

Reflexionamos con una veterinaria clínica sobre la importancia de tratar psicológicamente tanto a propietarios como a mascotas, y de su influencia en la salud de los animales

"Los veterinarios tenemos dos pacientes: el animal y el propietario"

"Los veterinarios tenemos dos pacientes: el animal y el propietario"

Reflexionamos con una veterinaria clínica sobre la importancia de tratar psicológicamente tanto a propietarios como a mascotas, y de su influencia en la salud de los animales

Francisco Ramón López - 15-02-2019 - 15:20 H

Se podría decir que la veterinaria clínica es una de las ramas que más fama y reconocimiento tiene en el sector, y un profesional poniendo una inyección a un perro o realizando una operación quirúrgica son imágenes muy extendidas entre la población, sin embargo, pocas veces se trata la parte psicológica que estos profesionales aplican.

En Animal’s Health hemos hablado con Maite Escobar, una veterinaria especializada en anestesia que trabaja en el Hospital Veterinario de la Universidad de Murcia, que nos ha explicado cómo los profesionales clínicos abordan la psicología en su día a día.

“Nosotros como veterinarios tenemos dos pacientes: el animal y el propietario”, explica Maite, que señala que su labor aborda tanto el tratamiento médico al animal como el psicológico al paciente. “Hay que empatizar, tanto con la mascota como con el propietario, que se tiene que sentir bien atendido”, apunta la anestesista, que asegura que el tiempo que se dedica a tranquilizar a un dueño preocupado por el bienestar de su mascota “está muy bien invertido”.

En cuanto a los animales, la veterinaria explica que la forma de tratarlos puede terminar influyendo tanto en la calidad de la atención como en su recuperación. “Hay que dirigirse al animal de la manera que mejor confort consideres que le va a ofrecer, ofrecerle confianza y que se sienta arropado, que no nos vea como unos trolls peligrosos”, bromea.

Es por esto, por lo que la veterinaria aconseja utilizar un tono de voz suave, no hacer movimientos bruscos con las manos, ni aspavientos. También apunta que, en el caso de los perros, las caricias son importantes. De hecho, indica que puede ser buena idea preguntar al propietario dónde le gusta al animal que le rasquen, o dónde, por el contrario, no le gusta que le toquen.

“La mayoría de los perros son de compañía y están muy sociabilizados, por lo que no suele haber problema de manías y aceptan cualquier trato amistoso y cariñoso. Es fácil ganártelos”, asegura, aunque afirma que el caso de los gatos “es más complejo”.

“Los gatos tienen una psicología como inversa y es mucho más difícil tratar con ellos”, indica Maite, que recuerda que los gatos “no son un perro pequeño”. “Es otra especie que tiene otras necesidades y que tiene otra psicología”, matiza.

En este punto, explica que en esta especie, de hecho, hay enfermedades que vienen derivadas por situaciones de estrés como que se hayan cambiado de lugar los muebles de casa o que haya habido un cambio en la familia. “Hay que ponerse a su altura y respetar sus miedos y costumbres”, defiende.

Y es que, según apunta la especialista, hay que tener siempre en cuenta que a los gatos, por instinto, les gusta estar escondidos y refugiados y los hospitales y clínicas tienen que tener estos factores en cuenta. Algunas de las recomendaciones son que las jaulas sean oscuras y que no generen reflejos. Es por esto por lo que Maite aconseja no utilizar jaulas metálicas, que además tienden a ser muy ruidosas.

En el caso del Hospital Veterinario de la Universidad de Murcia, cuentan con una sala específica para tratar gatos en la que utilizan ambientadores de feromonas felinas para combatir posibles olores de perros u otras especies que habitan el hospital y que podrían alterarlos.

La razón para ser tan cuidadosos, según Maite, es que el estrés en cualquier especie produce una liberación de catecolaminas, sobre todo de cortisol, que afectan a la recuperación. “Además, el estrés genera situaciones negativas para el pronóstico de un animal como el hecho de que simplemente no coma, cuando necesita ese aporte extra de energía para procesos como los de cicatrización”, desarrolla.

En ocasiones problemas psicológicos como el estrés o el miedo pueden llegar a generar situaciones de agresividad que incluso impiden la atención médica del paciente, aunque la veterinaria asegura que son una minoría. En estos casos extremos —que se suelen dar más en gatos que en perros—la veterinaria aconseja recurrir directamente a un veterinario especializado en etología.

“Son casos más complicados, porque hay veces que se cruza el límite entre un animal que simplemente está nervioso y que se puede tranquilizar, a un animal que tiene un problema de comportamiento que tiene que ser tratado por un especialista”, explica.

En ocasiones, incide, son animales que fuera de las paredes del hospital son cariñosos y dóciles pero entran en las instalaciones y reconocen al personal sanitario y tienen “un bloqueo” que los puede llevar a la agresividad. Otras veces, pueden llegar a quedarse paralizados y mostrarse retraídos lo que convierte en una tarea imposible una exploración física correcta.  

EL TRATAMIENTO CON LOS DUEÑOS

En el caso de los dueños, Maite les insta a que atiendan a los veterinarios y tengan en cuenta sus recomendaciones, como la de salir de la consulta si su mascota no se está comportando correctamente. Y es que la veterinaria apunta que hay animales, sobre todo perros, que en presencia de sus dueños se comportan mal.

“Es igual que con los niños, que hacen lo mismo en presencia de sus padres”, ilustra la especialista, que aconseja tranquilizar a los dueños para que entiendan que este tipo de peticiones no son para tener vía libre para forzar al animal ni utilizar maniobras agresivas sino porque con el dueño fuera se dejan llevar mejor por las indicaciones del veterinario.

En cuanto a las estancias hospitalarias, la anestesista asegura que los animales tienen una “sorprendente” capacidad de adaptación a las condiciones hospitalarias. “Se portan muy bien, ya sea porque estén enfermos y débiles y no tienen ganas de ‘rebotarse’ o porque quizás tienen un sexto sentido que les dice que es por su bien”, explica, para añadir que los pacientes no suelen presentar problemas a la hora de tolerar el confinamiento en una jaula o el llevar una vía, un gotero, o una sonda nasal.

Asimismo, admite que hay ocasiones en que los propietarios rehúsan dejar a su animal hospitalizado, pero afirma que en estas ocasiones hay que explicarles y sopesar el factor beneficio/riesgo. También insiste en empatizar con el dueño y entender que su reticencia a separarse de su animal es por el miedo. Para la veterinaria, la mejor manera de combatirlo es enseñándole las instalaciones para que vea donde va a pasar la noche su mascota y conozca al personal que va a estar de guardia.

Y es que para Maite la influencia del propietario sobre su mascota es del 100% y transmiten sus nervios y miedos a sus mascotas. “Luego ves que el animal se queda hospitalizado y se tranquiliza y no tiene miedo, porque a veces ese miedo es infundido por el propietario”, explica. La profesional asegura que esto no significa que se tenga que negar el miedo del propietario, que “tiene derecho a estar preocupado”, y recuerda que los veterinarios conocen “de sobra” esta sensación pues también tienen mascotas.

Esta actitud sobreprotectora generada por el miedo a veces los dueños la llevan a casa. Maite explica en este punto que normalmente “no tiene nada de malo”, salvo que se llegue a límites extremos. “No tiene nada de malo decir ‘como está malito, esta semana va a poder dormir encima del sofá’ o ‘en vez darle su pienso le voy a dar mollitas de pollo, que le gustan mucho’”, explica la profesional, que lo considera incluso positivo, porque ayuda al dueño a llevar mejor la situación.

Eso sí, expone que si se llega a puntos en los que interfiere con su recuperación, como puede ser la sobrealimentación en los casos de algunas enfermedades que se agudizan con la obesidad, o cuando los animales requieren reposo y los dueños no evitan que haga sobreesfuerzos puede ser contraproducente.

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