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PROFESIONALES

“Los políticos han perdido el contacto con el veterinario”

José Fernández Romojaro, veterinario que forma parte del comité para la desescalada de Asturias, considera que los políticos no tienen en cuenta a los veterinarios en las emergencias por no estar incluidos en el Sistema Nacional de Salud

José Fernández Romojaro, presidente del Sindicato Veterinario Profesional de Asturias
José Fernández Romojaro, presidente del Sindicato Veterinario Profesional de Asturias

“Los políticos han perdido el contacto con el veterinario”

José Fernández Romojaro, veterinario que forma parte del comité para la desescalada de Asturias, considera que los políticos no tienen en cuenta a los veterinarios en las emergencias por no estar incluidos en el Sistema Nacional de Salud

Francisco Ramón López - 01-05-2020 - 14:30 H

España está en estos momentos en el proceso de ir desescalando paulatinamente el confinamiento impuesto a la población para combatir el coronavirus, una vez superada la peor parte de la pandemia.

Por el momento, hasta tres administraciones han contado con veterinarios para este proceso de desescalada: Aragón, que ha propuesto a Francisco Javier Falo para el comité nacional; el Ayuntamiento de Madrid, que contará con Juan José Badiola; y Asturias, que ha confiado en José Fernández Romojaro.

Romojaro es presidente del Sindicato Veterinario Profesional de Asturias (Sivepa), desde donde han venido compartiendo durante la pandemia protocolos y medidas para prevenir la infección entre la población, la última de ellas, el riesgo de las pelotas de los niños en esta etapa en la que ya pueden salir de forma controlada a la calle.

En declaraciones para Animal’s Health, el veterinario defiende las competencias y conocimientos de los profesionales sanitarios del sector a la hora de crear protocolos de bioseguridad, también para uso humano, y lamenta que no se les esté “aprovechando” más.

“Esto es un debate que debería estar superado”, afirma, y añade que hay bacterias, virus y parásitos que no distinguen entre personas y animales; de hecho, recuerda que los humanos también son animales, concretamente primates superiores.

Teniendo en cuenta entonces que las leyes de la naturaleza se aplican “exactamente igual” en humanos que en animales, señala que la participación de veterinarios en la redacción de protocolos de bioseguridad será una de las proposiciones que tiene planteadas en el comité del Principado.

Y es que defiende que la veterinaria es la profesión que más experiencia tiene en el establecimiento de planes de contingencia para pandemias y protocolos de bioseguridad, como las que se aplican en laboratorios de sanidad animal, granjas de alta bioseguridad o la industria alimentaria.

“¿Cómo puede defender alguien con un mínimo de razón que los veterinarios no pueden hacer protocolos de seguridad para las personas? Nadie con un conocimiento científico y honestidad puede defender eso, salvo que ignore totalmente el tema”, lamenta.

Para Romojaro la solución es seguir trasladando a la sociedad la labor de los veterinarios. Su sensación es que se está haciendo un poco mejor y se están transmitiendo más sus capacidades y el error de no utilizarlas, pero considera que a la clase política “le está costando más”.

Esto cree que ocurre porque el veterinario no está bien integrado dentro del Sistema Nacional de Salud (SNS). Y es que explica que cuando hay una emergencia sanitaria que afecta solo a las personas, se combate no desde la medicina preventiva o el sistema sanitario al completo, si no desde el SNS y desde una visión asistencial.

Por lo tanto, “los profesionales sanitarios y los políticos han perdido el contacto con el veterinario, por no estar dentro, por lo que ni entienden su función ni lo tienen en cuenta, porque “cuando abren el cajón de las emergencias y sacan rápido lo que ellos consideran necesario el veterinario no está”. “Eso es un perjuicio grandísimo para la profesión veterinaria, pero mucho mayor para la sociedad”, remarca.

“LA MEDICINA ES UNA E INDIVISIBLE”

Romojaro recuerda que la veterinaria y la medicina humana son las únicas profesiones que tienen formación médica integral. “Es decir, son médicos veterinarios y la medicina es una e indivisible”, defiende.

Así que, teniendo en cuenta esto, “el médico más orientado hacia la prevención es el veterinario”, por su experiencia en la lucha contra pandemias, en laboratorios y en seguridad alimentaria. Sin embargo, Romojaro lamenta que se excluye a los veterinarios en la redacción de protocolos en muchos sectores.

Asimismo, el presidente de Sivepa no considera que el factor más determinante sea dónde se aplique el protocolo, pues al final los puntos de contaminación cruzada son los mismos y se transmiten de las mismas maneras, principalmente a través de la saliva o por superficies contaminadas.

“Para un veterinario es más sencillo un protocolo de bioseguridad de un taller que un supermercado, porque los alimentos complican las cosas”, añade, y señala que si el veterinario sí que puede redactar protocolos en un supermercado, “donde las cosas se complican porque son productos que se van a consumir, y algunos en crudo, ¿por qué no va poder en un taller?”.

Algo parecido ocurre en la prevención de enfermedades, donde se permite a los veterinarios trabajar estrictamente en las zoonosis. Sobre este asunto, a Romojaro le sorprende que se considere apto a un veterinario para combatir enfermedades que pueden tener hasta tres tipos de transmisión: animal-persona, persona-animal y algunas también persona-persona, y no se le considera apto para otras “más sencillas” que solo se transmiten entre personas.

“Si es capaz de solucionar situaciones más complejas desde el punto de vista del contagio resulta que en las más simples, y que aun así se nos escapan de las manos, no lo necesitamos”, lamenta, y señala que si un veterinario es capaz de ver los riesgos de transmisión de un virus zoonótico, también puede hacerlo en los que no lo son, porque al final “los virus son virus”.

En cuanto a la diferencia de los protocolos aplicados a personas o animales, explica que a veces son más complejos y a veces más sencillos, porque por un lado a las personas no se les puede obligar a seguir un protocolo igual que se obliga a un animal de granja, pero tienen entendimiento y comprensión y puede haber comunicación, cosa que no ocurre con los animales silvestres, donde, a pesar de ello, los veterinarios controlan a diario enfermedades.

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