DOMINGO, 25 de octubre 2020, actualizado a las 20:44

DOM, 25/10/2020 | 20:44

PROFESIONALES

“Es difícil conseguir financiación desde el lado veterinario”

El catedrático veterinario Joaquim Segalés explica en una entrevista cómo pasó de estudiar enfermedades porcinas a nuevos coronavirus, los últimos avances y el eterno problema de financiación de la investigación veterinaria

Joaquim Segales, investigador del IRTA-CReSA y experto en coronavirus.
Joaquim Segales, investigador del IRTA-CReSA y experto en coronavirus.

“Es difícil conseguir financiación desde el lado veterinario”

El catedrático veterinario Joaquim Segalés explica en una entrevista cómo pasó de estudiar enfermedades porcinas a nuevos coronavirus, los últimos avances y el eterno problema de financiación de la investigación veterinaria

Francisco Ramón López - 07-02-2020 - 15:39 H

El nombre del veterinario e investigador español Joaquim Segalés ha resonado estos días tras publicarse un estudio sobre el nuevo coronavirus llevado a cabo por un grupo internacional en el que él participa. En el artículo científico realizan unas propuestas basadas en predicciones sobre cuál es el receptor o diana del virus, huéspedes intermediarios y un prototipo vacunal.

Segalés es catedrático del Departamento de Sanidad y Anatomía Animales de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), además de investigador adscrito al IRTA-CReSA, centro que dirigió del año 2012 al 2017.

Tras haberse doctorado en Veterinaria por la UAB (1996), Segalés se diplomó por el European College of Veterinary Pathologists (2000) y posteriormente por el European College of Porcine Health and Management (2004).

Su carrera ha estado íntimamente ligada al estudio de las enfermedades víricas porcinas, especialmente en infecciones por circovirus porcino 2 (PCV2). En este campo, Segalés es reconocido por el portal Expertscape como el mayor experto del mundo en enfermedades que afectan al cerdo.

El científico explica durante la entrevista cómo dio el salto de la investigación en porcino a los coronavirus, los últimos avances en la investigación del 2019-nCoV, y el eterno problema de financiación y de medios que sufre la investigación veterinaria, en comparación con otros campos.

P. Tu carrera investigadora ha estado muy relacionada con el sector porcino, ¿cómo has terminado trabajando con coronavirus como el MERS?

R. Yo me he dedicado, y continúo dedicándome desde el año 1993, al mundo del porcino y a sus enfermedades infecciosas. Pero la vida te da sorpresas, y la sorpresa llegó en el año 2014, cuando era director del IRTA-CReSA, y recibí una llamada preguntando si en nuestro centro podíamos hacer un estudio con dromedarios.

Claro, cuando yo recibí la llamada le pregunte al personal responsable del animalario del CReSA: “oye, hay esta propuesta encima de la mesa, ¿podemos o no podemos?” En ese momento tampoco había ningún investigador concreto que pudiera liderar la investigación, y entre un compañero y yo mismo decidimos liderarla. Desde entonces llevamos 6 años trabajando con el MERS.

De hecho, estamos en un proyecto europeo, que finalizará dentro de un año, aproximadamente, donde hemos estado desde 2015. El mero hecho de estar en un consorcio internacional con grupos destacados de expertos en coronavirus nos ha permitido avanzar considerablemente en el conocimiento de estos virus.

Nuestra tarea principal ha sido desarrollar modelos animales, como el dromedario en su momento. Hemos probado otras especies, como el cerdo, el caballo o la oveja, que o no se infectan o se infectan mínimamente con el coronavirus del MERS.

Pero sí que hemos podido desarrollar la infección en llamas y alpacas. Estos son dos modelos experimentales que estamos utilizando para probar vacunas. De ahí también el interés de intentar establecer modelos animales para este nuevo coronavirus.

P. Imagino que habrás visto, después de dedicar buena parte de tu carrera a estudiar enfermedades porcinas, que cuando llega el momento en el que una enfermedad animal o afecta a los humanos o tiene un impacto económico muy grande, como la peste porcina africana, es cuando empieza a llegar el dinero y el reconocimiento de la población, ¿crees que se dedican los suficientes recursos a la sanidad animal?

R. Mi sensación particular es que la mayor parte de esfuerzos se destinan a proyectos de biomedicina. Puedo entenderlo, la parte humana es fundamental, pero si hablamos de las otras áreas que conforman el concepto Una sola Salud, donde la parte veterinaria y de ecología son fundamentales, creo que los fondos destinados no son equiparables.

La investigación en salud animal está infrafinanciada, incluso en lo relativo a enfermedades zoonóticas. Y eso hace que sea muy difícil avanzar. El problema es que gran parte de la financiación en este asunto se destina a proyectos relacionados específicamente con la protección del ser humano o a buscar productos para el ser humano. Cuando muchas veces lo mejor sería tratar en origen; y si el origen es animal, el foco debería estar en los animales, no tanto en las personas.

Estamos aún lejos de un nivel de financiación óptimo, sobre todo para casos como el del coronavirus. Fíjate que con unos compañeros de Estados Unidos hemos publicado unas propuestas basadas en predicciones sobre cuál era el receptor o diana del virus —algo que a día de hoy ya parece bastante claro—, huéspedes intermediarios y un prototipo vacunal; pero si no hay la financiación correspondiente, esto se quedará aquí, en una predicción y no lo podremos comprobar.

Nuestra preocupación es que ahora que tenemos unas posibilidades interesantes de ayudar de alguna manera a intentar buscar soluciones a esta nueva infección y si finalmente no conseguimos financiación no avanzaremos. Es una realidad sobre la que vamos a intentar luchar, pero no es descartable en este momento. Es difícil conseguir este tipo de financiación desde el lado veterinario.

P. Da la sensación de que cuando los investigadores veterinarios trabajáis en líneas como el desarrollo de vacunas en humanos para una enfermedad que ha saltado de los animales a las personas, estáis fuera de vuestro campo, y el público e incluso los gobiernos esperan más que esa investigación la realice un instituto o un centro de investigación biomédico con un bagaje más centrado en humanos.

R. Lo que pasa es que desde un punto de vista de volumen y masa crítica la parte veterinaria es muy pequeña comparada con la parte de biomedicina. Entonces, lo que sí está claro es que incluso desde la parte de biomedicina/medicina se debería contar mucho más con colaboraciones con el mundo veterinario.

Yo pienso, y lo comparo con hace 20 años, por ejemplo, que hemos mejorado mucho, no obstante. De hecho, estamos colaborando con distintos hospitales y centros de investigación de humana. Pero incluso así continuamos estando muy por debajo de lo que sería, a mi entender, idóneo o al menos razonable en cuanto a colaboración.

Creo que esto ocurre porque jugamos en una especie de liga donde la financiación está muy cara. Es extremadamente competitiva. Entonces, si la parte veterinaria es una parte relativamente pequeña, pues ahí es muy difícil llegar a competir con grandes grupos bien establecidos con muchos investigadores. Esa masa crítica que te decía.

Eso hace que, por ejemplo, en la Universidad de Berlín, ahora con los casos del nuevo coronavirus en Alemania, hayan sido capaces de secuenciarlo en tres días. Una secuenciación en tres días implica, primero, tener una capacidad tecnológica muy avanzada y, segundo, tener personal formado y disponible en un número muy significativo.

El problema en el ámbito veterinario es que, al ser pocos, también estamos muy fragmentados. Somos grupos pequeños, nos falta masa crítica para poder tomar estos retos mayúsculos y competir con los mejores en la biomedicina.

ACCEDE A LA ENTREVISTA COMPLETA

VOLVER ARRIBA
Uso de Cookies Cerrar

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación, y ofrecer contenidos de interés. Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra política de cookies.