La leishmaniosis es una zoonosis endémica en 98 países y representa un riesgo para aproximadamente 350 millones de habitantes en todo el mundo
Investigadores españoles revelan la propiedad antiparasitaria del cardo azul contra la leishmaniosis
La leishmaniosis es una zoonosis endémica en 98 países y representa un riesgo para aproximadamente 350 millones de habitantes en todo el mundo
Redacción -
15-01-2026 - 11:41 H -
min.
Las enfermedades parasitarias continúan representando un serio problema de salud pública. Según la Organización Mundial de la Salud, anualmente, entre 700.000 y 1 millón de personas contraen leishmaniosis cutánea, mientras que aproximadamente 70.000 se infectan con leishmaniosis visceral (LV), la forma más agresiva de la enfermedad. Si no se trata a tiempo, la LV puede ser mortal y es la causa de alrededor de 30.000 muertes anuales. La leishmaniosis es endémica en 98 países y representa un riesgo para aproximadamente 350 millones de habitantes en todo el mundo.
Igualmente, entre 6 y 7 millones de personas están infectadas con la enfermedad de Chagas, que provoca aproximadamente 10.000 muertes al año. La mayoría de las personas afectadas se encuentran en América Latina, pero la migración ha llevado la enfermedad a otras partes del mundo, como Estados Unidos y Europa.
En este contexto, la Universidad de Salamanca y el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca acaban de demostrar en un reciente estudio la notable actividad antiparasitaria de Eryngium bourgatii, conocida como cardo azul o cardo de la Magdalena, frente a los parásitos causantes de la leishmaniosis visceral y la enfermedad de Chagas. La investigación constituye “el análisis más completo realizado hasta la fecha sobre esta especie y abre nuevas posibilidades para el desarrollo de futuros fármacos de origen natural”, informan desde Comunicación USAL.
Al respecto, la investigadora principal del trabajo, Esther del Olmo, catedrática de Química Orgánica de la Universidad de Salamanca, coordinadora del Grupo de Investigación en Química Farmacéutica del Centro de Investigación de Enfermedades Tropicales (CIETUS) de la USAL y miembro del grupo DOMOBIO (Diseño y Obtención de Moléculas Bioactivas) del IBSAL, afirma que “estas enfermedades siguen siendo un reto mundial y necesitamos nuevas alternativas terapéuticas”.
Los medicamentos actualmente disponibles para el tratamiento de estas enfermedades “son muy antiguos y presentan una toxicidad elevada. Nuestros resultados identifican compuestos naturales con excelente actividad que podrían constituir un buen punto de partida para el desarrollo de moléculas más seguras y eficaces”, añade.

El origen del estudio se remonta al verano de 2020, en plena pandemia, cuando las limitaciones de movilidad llevaron a Del Olmo a pasar más tiempo de lo habitual en su tierra natal, el noroeste de Burgos. Durante una excursión por la Peña Amaya, un paraje calizo a casi 1.400 metros de altitud, la belleza de la planta llamó su atención.
“¿Qué puede esconder algo tan bonito?”, recuerda. “El objeto inicial no era estudiar el cardo azul, pero su belleza me hizo fijarme en él. Cuando empecé a revisar la bibliografía, me di cuenta de que no estaba muy estudiado, salvo algunos trabajos muy antiguos”, apunta, y, además, “los estudios indicaban la presencia de uno de los compuestos en los que yo estaba trabajando en aquel momento, el falcarinol, que no había sido ensayado como antiparasitario”.
Esa curiosidad, y esa coincidencia, derivó en un trabajo prolongado a lo largo de varios años, que incluyó la recolección cuidadosa de raíces y partes aéreas, el aislamiento de compuestos mediante técnicas avanzadas de cromatografía y su evaluación frente a Leishmania donovani, Trypanosoma cruzi y Plasmodium falciparum, parásitos causantes de la leishmaniosis, la enfermedad de Chagas y la malaria, respectivamente.
El equipo investigador identificó 41 compuestos naturales y aisló y purificó 13, entre ellos varios poliacetilenos de tipo falcarinol, conocidos por su potencial bioactivo. En este sentido, destaca el aislamiento de un compuesto identificado como furanona 12, muy abundante en las raíces y cuya estructura química fue corregida respecto a las únicas publicaciones de referencia, que datan de los años 70. “Hemos identificado compuestos que no habían sido descritos antes y corregido la estructura de una molécula que llevaba décadas transmitiéndose con un error. Desde el punto de vista químico, este estudio también es muy importante”, explica Del Olmo.
En los ensayos in vitro, los extractos y fracciones de la planta mostraron una elevada capacidad de inhibición frente a L. donovani y T. cruzi, mientras que la actividad frente a malaria fue baja. Algunos compuestos, como la furanona 12 y el falcarinol, mostraron una potencia comparable a fármacos de referencia para leishmaniosis y actividad significativa frente a Chagas.
Más allá de los resultados de laboratorio, el estudio supone también un avance significativo en el conocimiento de Eryngium bourgatii, una especie apenas explorada desde el punto de vista científico. La catedrática recuerda que, aunque existen referencias etnobotánicas aisladas que muestran que “en Cataluña se utilizan las raíces en decocción para purificar la sangre y como antídoto frente a picaduras de serpientes y, en el norte de Marruecos, para aliviar los síntomas postparto, así como las partes aéreas en decocción para mejorar los trastornos digestivos”, la planta no había sido estudiada en profundidad ni sometida a ensayos antiparasitarios. De hecho, en Castilla y León, región donde se recolectó el cardo azul objeto del estudio, su presencia está asociada casi exclusivamente a usos ornamentales y decoración.

Ilustración del estudio
La investigación ha contado con la colaboración internacional del Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología de Panamá, INDICASAT-AIP, donde se realizaron los ensayos antiparasitarios. “Llevo colaborando durante casi dos décadas con colegas de Panamá y, en particular, con los investigadores del INDICASAT desde hace 8 años. Ellos son especialistas en ensayos en Leishmania, malaria y Chagas, y trabajamos juntos aportando tanto compuestos naturales como de síntesis que ellos ensayan”, señala.
En el trabajo también destaca el papel clave de dos investigadores del Departamento de Ciencias Farmacéuticas, concretamente del Área de Química Orgánica de la Universidad de Salamanca. Así, "las contribuciones de Alfonso Alejo-Armijo en el estudio fitoquímico de la planta y de José Luis López-Pérez en los estudios computacionales del compuesto 12 han sido fundamentales para el desarrollo del proyecto”, subraya. Por otra parte, la investigadora también tiene palabras de especial agradecimiento para “mis amigos Feli y Manolo, por organizar la excursión que me llevó a descubrir el cardo azul y por su ayuda en la recolección de la planta”.
Del Olmo insiste en que recuperar el estudio de productos naturales es esencial. Hoy en día, “buscamos opciones terapéuticas que sean compatibles con la preservación del medio ambiente. Este tipo de trabajos ofrecen nuevas alternativas y ayudan a entender mejor qué puede aportar nuestra biodiversidad”.
Aunque se trata de resultados preliminares, la investigadora considera que representan un paso importante hacia nuevas estrategias terapéuticas. “Los ensayos son in vitro; el siguiente paso serían estudios en modelos animales. No es fácil, pero es un comienzo esperanzador. Necesitamos nuevas herramientas para combatir estas enfermedades”.
El avance cobra especial relevancia en un contexto global donde los vectores se desplazan y las enfermedades parasitarias, tradicionalmente lejanas, se acercan. “La gente se mueve más y cada vez vemos estos problemas más cerca. Tenemos que estar preparados”, concluye.