El análisis revela una amplia diversidad en los protocolos de tratamiento, todos ellos sin uso de suero antiofídico, la opción más recomendada en la literatura internacional
Un estudio expone la falta de protocolos unificados en España ante las mordeduras de víboras a perros
El análisis revela una amplia diversidad en los protocolos de tratamiento, todos ellos sin uso de suero antiofídico, la opción más recomendada en la literatura internacional
Iuri Pereira -
23-07-2026 - 10:00 H -
min.
En España hay catorce especies autóctonas de serpientes, tres de ellas víboras con un potente veneno hemotóxico. Mientras que en medicina humana se cuenta con un protocolo estandarizado para tratar sus mordeduras, en veterinaria no existe uno unificado para su abordaje clínico, lo que genera marcadas diferencias en los tratamientos.
Un estudio retrospectivo publicado en la revista Profesión Veterinaria del Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid (COLVEMA), titulado ‘De la montaña al hospital: Abordaje clínico de las mordeduras de víboras a perros en España’, analiza un artículo anterior, divulgado en The Veterinary Journal, y extrae conclusiones claras sobre las deficiencias en los protocolos de manejo clínico actualmente empleados en España para casos de mordeduras de víboras en perros.
El estudio inicial incluyó 58 centros veterinarios diferentes pertenecientes a cuatro de las regiones montañosas más representativas de la Península Ibérica (Sierra de Gredos, Sierra de Guadarrama, Picos de Europa y Pirineos), abarcando así biotopos de las tres especies de víboras autóctonas: la víbora hocicuda (Vipera latastei), caracterizada por su prominente hocico rostral; la víbora cantábrica (Vipera seoanei) y la víbora áspid (Vipera aspis).

Mediante un cuestionario, el análisis revisó 62 historias clínicas de perros afectados por mordedura de víbora y reveló variaciones clínicas según la especie, como signos neurológicos en mordeduras de Vipera aspis en los Pirineos. De este modo, demuestra que la gravedad y presentación clínica de las mordeduras varían según la especie y la zona geográfica, lo que resalta la necesidad de desarrollar protocolos veterinarios regionales.
Además, el estudio expuso un pronóstico de los animales domésticos mordidos muy variable, en función de la edad, el peso, la zona afectada, la especie implicada y el estado general del paciente. La mayoría tuvieron un pronóstico reservado (56,4%), seguido de favorable (37%) y desfavorable (6,4%). La mortalidad total fue del 6,5%, similar a la registrada en Europa.
Sin embargo, en comparación con la medicina humana, donde la mortalidad por mordeduras en España es del 1%, los perros presentaron un riesgo mayor, principalmente por su menor tamaño corporal y por la menor disponibilidad o uso de suero antiofídico en veterinaria.
En ese sentido, el estudio, llevado a cabo por Nicolás Aradilla y Sebastián Sánchez, ambos de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), subraya que la ausencia del suero antiofídico en los protocolos españoles contrasta con su recomendación como tratamiento de elección en la literatura internacional. Además, expone que los protocolos terapéuticos empleados en los centros veterinarios mostraron una gran variabilidad entre regiones y clínicas.
“La marcada falta de estandarización en los tratamientos veterinarios resalta la necesidad urgente de establecer protocolos unificados, tanto a nivel nacional como internacional. Estos deberían adaptarse a las características específicas de cada especie de serpiente y región geográfica, especialmente en zonas como los Pirineos, donde se ha observado un mayor número de casos con afectación sistémica”, señalan los autores.
En la misma línea, el estudio requiere a la profesión veterinaria una “profunda reflexión” de cara a establecer protocolos para su abordaje clínico. También plantea que la amplia variabilidad en el abordaje clínico practicado en los diferentes centros veterinarios hace necesario plantear la creación de Registros Nacionales y la comparación de datos entre regiones, lo cual permitiría ajustar los protocolos locales dentro de un marco internacional unificado.
“La profesión veterinaria debería hacerse eco de que el verdadero progreso, en los accidentes por mordedura de víbora a nuestros animales domésticos, radica en sustituir el miedo por conocimiento y transformar la falta de información en responsabilidad y cooperación científica”, concluyen los autores.