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PROFESIONALES

Emociones en el diagnóstico de problemas de comportamiento en animales

La veterinaria experta en etología Susana Muñiz subraya la importancia de las emociones de los animales en el diagnóstico de problemas de comportamiento

Susana Muñiz de Miguel, residente del Colegio Europeo de Bienestar Animal y Medicina del Comportamiento.
Susana Muñiz de Miguel, residente del Colegio Europeo de Bienestar Animal y Medicina del Comportamiento.

Emociones en el diagnóstico de problemas de comportamiento en animales

La veterinaria experta en etología Susana Muñiz subraya la importancia de las emociones de los animales en el diagnóstico de problemas de comportamiento

Redacción - 08-03-2021 - 17:37 H

Desde el Grupo de Especialidad de Etología Clínica (Gretca) de la Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales (Avepa) han publicado un nuevo artículo, elaborado por la veterinaria Susana Muñiz de Miguel, residente del Colegio Europeo de Bienestar Animal y Medicina del Comportamiento (ECAWBM, por sus siglas en inglés).

En el artículo, la veterinaria da las claves sobre la importancia de las emociones en el diagnóstico de problemas de comportamiento. “Cuando nos encontramos ante un problema de comportamiento debemos preguntarnos cuál es la emoción que se presenta en el animal para poder valorar su bienestar”, señala.

Por ello, añade, los veterinarios y veterinarias especialistas en comportamiento animal, se encargan de estudiar las emociones prestando atención a los diferentes circuitos, neurotransmisores y estructuras cerebrales que se encargan de ellas.

Por otro lado, Muñiz explica que una emoción es un conjunto de respuestas (químicas y neuronales) producidas por el cerebro con el objetivo de promover los estados fisiológicos que aseguran la supervivencia y se acompaña de tres tipos de respuesta, comportamental, neurovegetativa y hormonal.

“Cuando hablamos de las emociones en los animales nos referimos, principalmente, a los sistemas de motivación emocional, o emociones básicas, que son los responsables de la excitación emocional instintiva y muestran sus emociones mediante cambios posturales, expresiones faciales y vocalizaciones indicándonos cómo se sienten y lo que es probable que hagan. Esto no significa que no tengan emociones secundarias, aunque están menos estudiadas”, afirma.

Además, apunta que no se deben confundir las emociones con los sentimientos, que son la experiencia subjetiva de la emoción, es decir, cómo se siente y cómo el sujeto la interpreta.

TIPOS DE SISTEMAS MOTIVACIONALES-EMOCIONALES O EMOCIONES BÁSICAS

Las emociones básicas positivas, o de recompensa, son emociones agradables asociadas a un sistema apetitivo (comportamiento sexual, comer, confort…). Como ejemplo, la veterinaria detalla el sistema de búsqueda/deseo.

A este respecto explica que, cuando el sistema de deseo se activa, el animal comienza a explorar el ambiente y se inicia la búsqueda y consumación de ciertos recursos esenciales como agua, comida, refugio o zonas de descanso o contacto social. 

Así, las manifestaciones de este sistema motivacional emocional incluyen conductas predatorias; conductas de exploración del ambiente; juegos con objetos que les permiten aprender sobre las propiedades físicas de las cosas o interacción social.

Por otra parte, la veterinaria explica que se verá esta emoción en algunos problemas de comportamiento como agresividad predatoria; destrozos, cuando se producen por la búsqueda un recurso como comida o escaparse, pues los perros y los gatos pueden intentar escaparse para explorar el ambiente o perseguir animales a los que cazar.

“Además, juega un papel muy importante en la modificación de conducta llevada a cabo mediante recompensa, ya que ayuda en el aprendizaje, promoviendo predicciones anticipatorias, memoria contextual y aprendizaje asociativo mediante el refuerzo, siendo un pilar importante del condicionamiento clásico y operante con refuerzo positivo”, indica.

SISTEMA DE JUEGO SOCIAL, DESEO SEXUAL Y DE CUIDADO

Respecto al sistema juego social, Muñiz explica que ayuda a los animales a aprender sobre características de otros individuos y refinar las interacciones sociales, es decir, aprenden lo que uno puede o no puede hacer a los demás.  Se da principalmente en animales jóvenes y hay una considerable variación individual. Se trata del juego con otros animales, diferente del juego con objetos visto en el sistema anterior.

En cuanto al sistema de deseo sexual, la veterinaria apunta que “quizá es el sistema menos relevante en los países occidentales ya que muchos de nuestros animales están castrados. Se trata de las necesidades reproductivas que van desde la atracción o selección de una pareja, pasando por el cortejo, hasta cualquier vínculo potencial y el apareamiento sexual”.

Las manifestaciones conductuales de este sistema pueden dar lugar a comportamientos indeseados como eliminación inadecuada por marcaje, conductas de monta o fuga en busca de hembras o machos.

En relación al sistema de cuidado, la veterinaria asegura que se trata del sistema por el cual las madres cuidan de sus cachorros y gracias al cual se crean los vínculos tan intensos que existen entre las madres y sus crías.

“Se activa unos días antes de que nazcan los cachorros y es necesario para subsistir como especie. También está involucrado en el comportamiento de cría hacia otros individuos.  Este sistema da lugar a ciertos comportamientos del cuidado de la madre a sus hijos como puede ser descansar juntos y acicalarse. Por otra parte, podría estar relacionado con la presentación de agresividad maternal”, apunta.

MOTIVACIONES EMOCIONALES NEGATIVAS

Las emociones básicas negativas están impulsadas por un sistema defensivo que va a dar una conducta determinada. Las diferentes respuestas que se pueden producir se pueden dividir en dos grandes grupos: respuestas que aumentan la distancia y/o disminuyen la interacción y respuestas que resultan en la adquisición de información.

Así, dentro de las respuestas que aumentan la distancia y/o disminuyen la interacción mediante la evitación o la repulsión (anteriormente nombrado como lucha) está englobada la evitación (huida). Esto, explica, consiste en aumentar la distancia y disminuir la interacción a través de sus propias acciones, desde retirar la mirada hasta huir.

También está repulsión (lucha), en la que el individuo produce una reacción en el otro que servirá para aumentar la distancia o disminuir la interacción. Va desde que un gato bloquee una puerta a su tutor hasta que le persiga y le muerda.

Por otro lado, en cuanto a las respuestas que resultan en la adquisición de información permaneciendo en presencia de la amenaza, se realizan mediante inhibición (congelación), en la que el individuo no se involucra activamente —por ejemplo, un gato que se queda congelado ante una exploración veterinaria— y el apaciguamiento, que puede implicar alguna forma de interacción con el desencadenante. Por ejemplo, señales con el lenguaje corporal o vocalización.

SISTEMAS EMOCIONALES NEGATIVOS

“El sistema de frustración, incluido dentro del sistema de ira para algunos autores, se activa cuando no se cumplen las expectativas, con recompensas ausentes, reducidas o demoradas, o cuando pierden el control sobre el medio en el que viven porque no puede obtener o retener un recurso, ante una barrera, o por intrusiones en su territorio.

Las manifestaciones clínicas de este sistema son muy variadas, desde comportamientos agresivos como gruñir, como echar boca o morder; vocalizaciones; destrozos; eliminación inadecuada; comportamientos redirigidos, como morder la correa en el paseo; y comportamientos de desplazamiento como olfatear, rascarse, girar o perseguirse la cola.

“Si la frustración persiste, puede dar lugar a comportamientos repetitivos y compulsivos”, asegura la veterinaria. De esta manera, señala una serie de problemas de comportamiento tales como agresividad territorial; agresividad redirigida; agresividad por conflicto social; agresividad por intolerancia a la manipulación o a las caricias; trastornos compulsivos; eliminación inadecuada por frustración o estrés; y destrozos de barreras físicas con la finalidad de llegar al blanco que se quiere atacar.

También dedica espacio a analizar el sistema de miedo/ansiedad. “Podemos considerar el miedo como una respuesta emocional debida a la presencia o proximidad de un estímulo específico que perciben como una amenaza o peligro. Puede ser una respuesta adaptativa normal”, apunta.

La ansiedad, generalmente, según señala la veterinaria, se considera un estado de angustia más general, más duradero, que está provocado por señales menos explícitas o más generalizadas, que implican excitación fisiológica, pero a menudo sin un comportamiento funcional organizado. “Este sistema ha sido desarrollado para ayudar a los animales a escapar y evitar los peligros que podrían provocar lesiones graves o la muerte”, explica Muñiz.

Este sistema se traduce en una serie de comportamientos como mostrar señales de apaciguamiento: bostezar, jadear, relamerse, fruncir el ceño, levantar una pata, girar la cabeza o el cuerpo, dar la espalda, orejas hacia atrás; comportamientos agresivos como gruñir, echar boca o morder; huir; quedarse congelado; evitación social; eliminación inadecuada; comportamientos repetitivos y compulsivos. “Además, se pueden perder ciertos comportamientos normales, como disminución de actividad o pérdida de apetito”, añade.

“Obviamente, es el sistema de emoción prevalente en ciertos problemas de comportamiento como agresividad defensiva a personas y otros animales, fobias ambientales y sociales, eliminación inadecuado por miedo, hiporexia”, asegura Muñiz.

SISTEMA DE DOLOR

Respecto al sistema de dolor, la veterinaria indica que puede considerarse parte del sistema de miedo y ansiedad, por lo que se manifiesta con las mismas conductas. “Se trata de una emoción homeostática, relacionada con el mantenimiento de la integridad y el funcionamiento del cuerpo, que produce una respuesta conductual ante una condición adversa de este”, señala.

“El dolor, especialmente el de curso crónico, tiene especial relevancia en los problemas de conducta con dos tipos de apariciones, con pérdida de comportamientos normales, como disminución de actividad o pérdida de apetito; y con la aparición de conductas anormales, conductas de eliminación inapropiada, vocalizaciones, alteraciones en las interacciones con otros individuos, expresión facial alterada, postura alterada (parada o en marcha), conductas repetitivas y/o excitación”, explica

Y, de hecho, puede estar relacionado con la aparición de problemas de comportamiento tales como agresividad a personas o perros conocidos o desconocidos por dolor; miedos y fobias; trastorno compulsivo; eliminación inadecuada; o anorexia.

SISTEMA DE DUELO/PÁNICO

“Este sistema se activa cuando un animal joven es separado de su cuidador y comienza a llorar para llamarles. Y en animales adultos ante la pérdida de otro individuo con el que hubiese desarrollado un fuerte vínculo. Algunos autores sugieren que ciertos problemas relacionados con la separación de una figura de apego activan este sistema”, afirma Muñiz.

Así, asegura que cuando llega un paciente a la consulta se tiene que hacer un abordaje mixto donde se incluye un examen físico completo y un cuestionario comportamental para valorar cuál es la emoción que se encuentra detrás del comportamiento problema y así, poder comprender a cada individuo y valorar su bienestar.

“Lo primero que debemos tener en cuenta es que una determinada situación puede crear diferentes emociones según el individuo, y esto dependerá de la relación que tenga con el entorno, por ejemplo, las experiencias que haya tenido anteriormente en dicho contexto. Se pueden dar varias emociones a la vez, no son excluyentes”, explica la veterinaria

Así, afirma que se deben tener en cuenta la especie y el aprendizaje y experiencias individuales para identificar los sistemas motivacionales emocionales que están involucrados en la presentación del comportamiento; valorar si es adecuada en el contexto que se lleva a cabo; ver si la respuesta conductual está justificada por la emoción; y ver si la intensidad y duración de la respuesta conductual es normal en dicho contexto.

“Decimos que estamos ante un trastorno emocional cuando los comportamientos problemáticos están motivados por sistemas emocionales que no están justificados por el contexto y/o cuando las respuestas están fuera de proporción en intensidad y duración. No todas las presentaciones conductuales son un trastorno emocional ya que existen algunos comportamientos que los tutores consideran inaceptables e indeseables y las emociones que le motivan están completamente justificadas”, destaca la experta.

“Los animales son capaces de experimentar y mostrar sus emociones y sentimientos y es nuestro deber esforzarnos por entenderles” señala la veterinaria a modo de conclusión.  “Muchas veces vemos el comportamiento problemático sin pararnos a pensar el porqué de su expresión y cómo debemos hacer para cambiarlo. Debemos aminorar las emociones negativas y proporcionarle las máximas positivas y, lo más importante, entender qué emoción hay detrás de un comportamiento fortaleciendo, de esta forma, el vínculo guía – animal”, afirma.

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