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PROFESIONALES

El CSIC da las claves del coronavirus en animales y alimentos

Un informe del Consejo Superior de Investigaciones Científicas detalla todo lo conocido hasta ahora sobre el coronavirus, incluyendo su origen zoonósico, el papel de los animales domésticos y la seguridad alimentaria

Rosa Menéndez, presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Rosa Menéndez, presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

El CSIC da las claves del coronavirus en animales y alimentos

Un informe del Consejo Superior de Investigaciones Científicas detalla todo lo conocido hasta ahora sobre el coronavirus, incluyendo su origen zoonósico, el papel de los animales domésticos y la seguridad alimentaria

Redacción - 04-09-2020 - 12:57 H

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha elaborado un informe que resume los resultados científicos más relevantes sobre la pandemia de Covid-19. En el texto de más de 200 páginas se resume la información obtenida a partir de cientos de publicaciones internacionales, así como los proyectos puestos en marcha desde la Plataforma Salud Global del CSIC.

El documento está dividido en cinco bloques, estando uno de ellos dedicado a la prevención, en el que se aborda el origen y la ecología del virus (desde sus reservorios más probables, los murciélagos), así como la seguridad alimentaria ante la transmisión de este y cómo deben de colaborar la salud humana y animal para prevenir futuras pandemias.

Sobre su origen, los autores recuerdan que los análisis de las secuencias genómicas muestran que, como los demás coronavirus humanos, el SARS-CoV-2 representa un nuevo caso de zoonosis. “Numerosas evidencias científicas apuntan a que el reservorio del SARS-CoV-2 son los murciélagos y que de estos saltó a un animal intermediario”, aclaran.

En cuanto al intermediario, aunque se requieren más evidencias, los autores señalan que “todo apunta al pangolín como candidato más probable”. “Ya ha pasado con otras especies como los dromedarios, que actúan de reservorios naturales del MERS-CoV, un coronavirus similar al SARS-CoV-2 causante un síndrome respiratorio agudo con una elevada mortalidad, y las civetas, reservorio del SARS-CoV, también asociado a un síndrome respiratorio agudo”, explican.

Los autores reflexionan sobre el comercio de animales silvestres, especialmente si no está regulado y el suministro de estos animales proviene de caza ilegal de animales salvajes, algo que consideran que “abre la puerta” a estas infecciones. “Es esencial disponer de instrumentos de regulación a escala internacional. A su vez son necesarios más estudios que identifiquen qué poblaciones animales son susceptibles a la infección por SARS-CoV-2, y que actúen como reservorio”, afirman.

SOLO SE CONOCE EL 1% DE LOS VIRUS DE LOS ANIMALES

Por otro lado, instan a que se investiguen aquellos procesos de recombinación genética que puedan dar lugar a mutaciones del actual SARS-CoV-2 y de otros coronavirus animales y que puedan incrementar su transmisibilidad o letalidad. “Si los murciélagos juegan un papel más directo en la transmisión humana, debería determinarse cómo los humanos entran en contacto con los murciélagos”, apuntan.

Dicho esto, creen que es importante resaltar que, “aunque el origen de esta zoonosis parece claro que fue la transmisión del SARS-CoV-2 desde una especie animal a personas, al contrario de lo que ocurre en el MERS-CoV, la fuente de contagio actual es claramente por la transmisión de persona a persona. “Lo mismo ocurrió con el SIDA, una enfermedad de origen zoonósico cuya transmisión contemporánea no está mediada por animales”, indican.

“Es importante resaltar que la introducción de especies exóticas por ejemplo mascotas o inadvertidamente como mosquitos puede ser una vía de entrada de nuevos patógenos humanos para los que no estemos inmunizados”, advierten.

De hecho, señalan que actualmente solo se conocen un 1% de los virus presentes en animales silvestres y se sabe muy poco sobre su propagación y cuáles son las especies hospedadoras. Existen además muchos otros microorganismos tales como bacterias o protozoos que pueden transmitirse a través de insectos (ej. garrapatas, chinches).

 “Son recientes otras pandemias de efectos menores, como el zika y la gripe aviar, muy probablemente favorecidas por el cambio climático. Hay que cambiar el paradigma de actuación frente a las pandemias porque otras emergerán en el futuro, consolidar una sola salud global que proteja a la vez ecosistemas, fauna y humanos”, defienden.

NO PARECE QUE LOS ANIMALES DOMÉSTICOS JUEGUEN UN PAPEL EN LA TRANSMISIÓN

Por otro lado, apuntan que los coronavirus están presentes también en diferentes especies domésticas (felinos, conejos, perros, etc.) y en algunas de interés ganadero (ovejas, caballos, vacas y cerdos, etc.) causando enfermedades respiratorias y gastrointestinales graves.

Los autores aclaran que hasta el momento se ha identificado la infección natural por SARS-CoV-2 en perros, gatos, tigres, leones y visones y existen pruebas experimentales que demuestran que los hurones, hámster y macacos también pueden padecer la infección por este virus.

Además de ser susceptibles a la infección, la transmisión del virus entre individuos de la misma especie ha sido demostrada en gatos, hurones, visones, hámsteres y macacos. En el caso del visón, “además del evidente contagio horizontal entre visones”, existen sospechas de trasmisión de humano, perro o gato a visón y de visón a humano.

Una de las principales características de los coronavirus humanos y animales es que, a pesar de que no muestran tasas de mutación elevadas, tienen gran tendencia a la recombinación, por lo que la presencia previa de coronavirus animales y humanos junto con la circulación de SARS-CoV-2 en estas especies, “hace especialmente interesante la vigilancia de los animales domésticos como un factor potencial del riesgo de recombinación y re-infección”.

Instituciones reconocidas en el campo de la Sanidad Animal, como la Organización Mundial para la Salud Animal (OIE), los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) o la Asociación Americana de Medicina Veterinaria (AVMA), afirman, a partir de la información actualmente disponible, que los animales domésticos no parecen desempeñar un papel epidemiológico relevante en la propagación de Covid-19.

La mayor parte de los casos animales de SARS-CoV-2 descritos hasta la fecha han mostrado una sintomatología leve o inexistente refiriendo un contacto previo con personas (dueños, cuidadores, etc.) diagnosticadas de Covid-19 o con sospecha de enfermedad como la causa más probable de contagio.

El CSIC admite que no hay todavía suficiente información avalada sobre si animales de compañía entre los que se incluyen gatos y perros podrían contagiar la enfermedad, “es decir, hasta el momento la mayoría de las evidencias disponibles sobre la dirección de transmisión de este nuevo coronavirus en los casos puntuales descritos en animales ha sido de humanos a animales y no parece que estos animales los trasmitan a las personas”.

Asimismo, recuerdan que en las últimas semanas se han puesto de manifiesto focos de contagio en granjas de animales, en una primera fase con la detección del SARS-CoV-2 en varias granjas de visones en Holanda, Dinamarca y España.

Aunque en la mayoría de los casos se apunta hacia la transmisión de humano a visón como el origen de los focos, en otros casos, como en Holanda, se ha planteado que bien los gatos, u otros hospedadores intermediarios silvestres como los conejos, hayan también participado en la transmisión del SARS-CoV-2 a las granjas de visones.

EL CORONAVIRUS NO SE TRANSMITE A TRAVÉS DE LOS ALIMENTOS

El CSIC destaca que durante la crisis de la pandemia Covid-19 también ha ocupado un papel esencial el sector de la alimentación no solo a través de su respuesta para asegurar el abastecimiento de productos sino también para garantizar la seguridad alimentaria dentro del enfoque de la salud global.

En este sentido, indican que la  Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha realizado un seguimiento estrecho en relación con la Covid-19, concluyendo que en la actualidad, no hay pruebas de que los alimentos puedan ser una fuente o una vía de transmisión probable del virus. El virus SARS-CoV-2 no se ha detectado en el agua de consumo, añaden.

Así, explican que, teniendo en cuenta que la principal vía de entrada de la contaminación son las vías respiratorias, el paso del virus de una persona infectada a los alimentos puede producirse cuando no se siguen las normas de higiene mediante estornudos, tos o contacto directo con las manos sucias, depositando gotas en los alimentos o en una superficie o utensilios de contacto (tabla de cortar, plato, superficies, etc.).

“Hasta la fecha, no hay pruebas que sugieran que el consumo de alimentos contaminados pueda provocar una infección a través del tracto digestivo. Esto deja sólo la posibilidad de infección de las vías respiratorias durante la masticación, lo que no puede excluirse completamente”, apuntan.

Para el CSIC, la magnitud de la actual pandemia Covid-19 también ha puesto de relieve la importancia de los aspectos relacionados con la inocuidad de los alimentos en la producción primaria, como el impacto de la preferencia por la carne fresca de animales en algunos países.

“Los reservorios ecológicos más probables del SARS-CoV-2 son los murciélagos, y es muy probable que el virus haya saltado la barrera de la especie para los seres humanos desde otro animal intermedio no identificado después de un contacto estrecho con esos animales en mercados abiertos o en el consumo de productos animales crudos o poco cocinados”, concluyen.  

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