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PROFESIONALES

Cómo se escribe: ¿zoonótico o zoonósico?

El secretario de la sección de Historia de la Veterinaria de la RACVE reflexiona sobre el uso del lenguaje en el ámbito veterinario, explicando la correcta redacción de palabras como zoonósico, epizootia y leishmaniosis

Luis Angel Moreno Fernandez Caparrós, bibliotecario y secretario de la sección quinta de la RACVE.
Luis Angel Moreno Fernandez Caparrós, bibliotecario y secretario de la sección quinta de la RACVE.

Cómo se escribe: ¿zoonótico o zoonósico?

El secretario de la sección de Historia de la Veterinaria de la RACVE reflexiona sobre el uso del lenguaje en el ámbito veterinario, explicando la correcta redacción de palabras como zoonósico, epizootia y leishmaniosis

Redacción - 17-09-2020 - 13:45 H

En todos los ámbitos científicos existen términos técnicos que se usan con asiduidad por personas en contextos más allá de la ciencia. Este tipo de personas, que no tienen por qué conocer su origen etimológico y correcto uso los utilizan de la forma que consideran más común, aunque no sea la más adecuada. Los términos zoonótico y zoonósico son un buen ejemplo en la profesión veterinaria, pero ¿cuál es el uso correcto?

Luis Ángel Moreno Fernández-Caparrós, secretario de la Sección 5ª de Historia de la Veterinaria de la Real Academia de Ciencias Veterinarias de España (RACVE), trata de poner luz en la materia en un artículo, en el que, lo primero que hace es aclarar que es “en clave de humor” y nadie “debe esperar nada más que eso”.

Así, a lo largo de su columna defiende la correcta terminología y pronunciación de los vocablos que se utilizan en la profesión. Fernández-Caparrós admite que los hablantes —en este caso los veterinarios— mudan el valor o la vigencia de las palabras y de las expresiones, y el cambio más frecuente se produce porque algunas se vuelven obsolescentes, y otras pasan a vía muerta para terminar extinguiéndose.

Sin embargo, otras se incorporan al uso habitual, en ocasiones con connotaciones no demasiado precisas, pues son préstamos de otras lenguas, generalmente del francés e inglés, como sucedió en el pasado siglo XIX con el término ‘aviario’ que terminó consolidándose en ‘aviar’, o el más reciente zoonótico que el académico teme que terminará desplazando “al muy correcto y tradicional zoonósico”. “Al fin y al cabo no son más que modas que se introducen, suavemente, en el lenguaje hablado y escrito fruto, a veces, de traducciones no muy correctas”, asegura.

“A este respecto, el lector comprensivo e indulgente, no debe sacar la conclusión de que nos oponemos al desarrollo novedoso de nuestros términos; no pretendemos ser un freno al cuerpo idiomático de la lengua viva. Nada más lejos de la realidad. No somos puristas, ni casticistas, ni tribales ni localistas, pero conviene precisar que deseamos evitar a nuestro lenguaje técnico cambios arbitrarios o disgregadores, con el fin de que pueda seguir sirviendo para el entendimiento del mayor número de personas durante el mayor tiempo posible”, defiende.

Por todo esto, insiste en defender el uso de zoonósico, la expresión correcta ortográfica y tradicional, frente a zoonótico, que repite que es una influencia del préstamo inglés. En este sentido, explica que el étimo de zoonósico es zoonosis, y el de zoonótico es zoonotic.

Este último, es por tanto un  término inglés que utilizado en la literatura científica se tradujo por zoonótico. “Ambos términos convivirán en nuestros escritos, pero mucho me temo que el segundo se afianzará desplazando al muy correcto zoonósico”, insiste.

NO HAY QUE TENER “VERGÜENZA” DE USAR LOS TÉRMINOS CORRECTOS

Para tratar de evitar que esto ocurra llama a no tener “vergüenza, ni resquemor alguno," en utilizar zoonósico por zoonótico. “El primero es el recomendable en nuestra lengua y así debe recogerse en alguno de nuestros periódicos digitales que en su labor amorosa de informar, formar y entretener lograrán corregir estas desviaciones”, manifiesta.

“También nuestras academias deben ser corresponsables del correcto uso de nuestra lengua, hablando, pronunciando y escribiendo con propiedad, incluso un sector del profesorado debe extremar también su fineza en la correcta pronunciación”, añade.

También hace referencia a un sector del profesorado universitario “poco cuidadoso con la utilización del lenguaje y de su correcta pronunciación”. “Ellos, junto con algunos líderes de nuestra profesión, son el origen de trasmitir varios errores al alumnado sin que estos (por su inmadurez) puedan tener la capacidad de discernir entre unos y otros”, señala.

Esto ocurre también con otros términos como leishmaniosis, que es el término preferible, frente al de leishmaniasis, que es muy  utilizado en ámbito médico y que “algunos veterinarios suelen aceptar por error, cuando no por un complejo atávico de inferioridad”.

Por último, hace también referencia a la palabra epizootia, sobre la que explica que se pronuncia como una palabra llana haciendo recaer el acento en la segunda o: [e.pi.zo.o.tia]. “Nos dice la ortografía que se escribe sin tilde porque es llana terminada en vocal”, explica, aunque admite que es “harto frecuente” que una parte del profesorado trasmita boca-oreja epizootía y de este modo se perpetua en el tiempo el error entre los profesionales de las ciencias veterinarias.

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