Se trata de tres casos clínicos de perros con leishmaniosis en pacientes que habían nacido y vivido únicamente en las Islas Canarias
El análisis de tres casos clínicos revela que podría haber casos autóctonos de leishmaniosis canina en Canarias
Se trata de tres casos clínicos de perros con leishmaniosis en pacientes que habían nacido y vivido únicamente en las Islas Canarias
Jorge Jiménez -
24-09-2025 - 10:10 H -
min.
Estudios recientes han demostrado la presencia de leishmaniosis canina en las Islas Canarias con una prevalencia de 2,45%. Además, previamente, comunicaciones personales y la publicación de un caso clínico en 2018 hace tiempo despertaron sospechas de la presencia de casos autóctonos.
Ahora, un estudio, realizado por los investigadores Beatriz R. Morales, Noelia Costa, Alfredo Pérez, Elena Carretón y Alberto Montoya, relata tres casos clínicos de perros con leishmaniosis en pacientes que habían nacido y vivido únicamente en las islas Canarias, nunca habían recibido transfusiones sanguíneas, no habían interactuado a nivel genital con otros perros ni habían tenido contacto con animales que tuvieran antecedentes de leishmaniosis.
El primero de los casos clínicos corresponde a una perra hembra castrada, de raza American Bully, de 5 años de edad, originaria de Las Palmas de Gran Canaria, con plan vacunal actualizado y desparasitación interna trimestral.
Acudió a consulta debido a apatía, anorexia, debilidad de tercio posterior, vómitos y heces pastosas de varios días de evolución. Como antecedentes médicos, la propietaria refirió que ha tenido episodios de úlceras corneales bilaterales y uveítis, siendo necesario instaurar un implante de lágrima artificial en ojo izquierdo unos 2 años atrás aproximadamente.
También refirió que desde hace 2 semanas presenta orina blanquecina de forma esporádica, edema subcutáneo generalizado, más notable en el lado izquierdo, y focos de alopecia también generalizados.
En la exploración física general se observó ictericia, edema subcutáneo en cuello y tronco, linfadenomegalia marcada en región cervical, hipotermia (32ºC) e hipoglucemia (35 mg/dL).
Se realizó analítica sanguínea completa en la que se observó una severa anemia, así como alteraciones en los valores de BUN, fósforo y algunas transaminasas. Además, aparecieron alteraciones de parámetros de coagulación.
Asimismo, se realizó una ecografía abdominal en la que se observó vejiga urinaria normalmente distendida, con partículas en suspensión y sedimentos minerales en cantidad moderada, hepatomegalia leve, parénquima difusamente hipoecogénico, vesícula biliar muestra normal distensión y paredes normales, sin sedimentos anormales, páncreas hipoecoico y ligeramente irregular, así como linfadenopatía iliaca medial severa con apariencia redondeada.
Se realizó PAAF de linfonodos cervicales y su correspondiente estudio anatomopatológico, cuyo resultado fue compatible con linfadenitis hiperplásica asociada a leishmaniasis canina. Además, se realizó serología para Leishmania en un laboratorio de referencia, obteniéndose un resultado positivo, con títulos de anticuerpos de 2,63 (valores de referencia 0-0,9).
“La propietaria afirmaba que la paciente había nacido y vivido únicamente en la isla de Gran Canaria, que no había salido de esta isla en ningún momento de su vida. Nunca había recibido transfusiones sanguíneas y no había interactuado a nivel genital con otros perros. Igualmente, no había tenido contacto con animales que tuvieran antecedentes de leishmaniosis; sus antepasados tenían igualmente origen canario y no tenía constancia de que estos tuvieran antecedentes de leishmaniosis”, apuntan los investigadores.
La paciente, según lamentan los investigadores, “desgraciadamente, presentaba un estadio muy avanzado de la enfermedad y falleció a las 48 horas de iniciar el tratamiento, que fue a base de antimoniato de meglumina y alopurinol”.
El segundo de los casos corresponde a una perra hembra no castrada, de raza American Bully, de 4 años de edad, originaria de Las Palmas de Gran Canaria, con plan vacunal actualizado y desparasitación interna mensual.
Acudió a consulta debido a pérdida de peso aguda, descamación generalizada de la piel y lecho ungueal dañado. La propietaria refirió que presentaba el celo un mes antes de acudir a la consulta. No refirió antecedentes médicos.
En la exploración física general se observaron mucosas ligeramente pálidas, linfadenomegalia generalizada, dermatitis exfoliativa, onicogriposis, úlceras (nasales, almohadillas, relieves óseos y uniones mucocutáneas). Se realizó una analítica sanguínea completa en la que destacó una severa anemia.
Se realizó una prueba comercial de detección de anticuerpos (Uranotest Quattro, UranoVet, Barcelona) obteniendo un resultado positivo a Leishmania. Se instaura tratamiento a base de miltefosina y alopurinol, al que respondió favorablemente hasta total recuperación del cuadro clínico.
La propietaria afirmó, al igual que en el caso anterior, que la paciente había nacido y vivido únicamente en la isla de Gran Canaria, que no había salido de esta isla en ningún momento de su vida y que no había recibido transfusiones sanguíneas; tampoco había interactuado a nivel genital con otros perros ni había tenido contacto con animales que tuvieran antecedentes de leishmaniosis. Sus antepasados eran igualmente de origen canario y no tenía constancia de que estos tuvieran antecedentes de leishmaniosis.
Respecto al tercer caso clínico, se trata de un perro macho adulto, originario de Santa Cruz de Tenerife, con plan vacunal actualizado y desparasitación interna regular. Acudió a consulta debido a conjuntivitis y opacidad corneal de dos semanas de evolución, que no respondía a tratamiento sintomático.
Durante la exploración física general se observó edema corneal bilateral, que era más acusado en el ojo derecho. Se realizó un cultivo de muestra conjuntival en el que no se observó ningún crecimiento, por lo que posteriormente se realizó una biopsia conjuntival cuyo resultado fue compatible con conjuntivitis crónica. Además, se realizó una analítica básica en la que se observaron leves alteraciones hematológicas.
También se realizó una PCR para hemoparásitos en un laboratorio de referencia, y se instauró un tratamiento a base de antimoniato de meglumina y alopurinol, al que respondió favorablemente, hasta total recuperación del cuadro clínico.
Al igual que con los pacientes anteriores, los propietarios afirmaron que el perro nunca había salido de la isla de Tenerife, ni recibido transfusiones, contacto genital con otros perros, así como contacto conocido con perros con leishmaniosis.
Las Islas Canarias fueron consideradas libres de leishmaniosis hasta recientemente, aunque comunicaciones personales y la publicación de un caso clínico despertaron sospechas de la presencia de casos autóctonos desde hace varios años.
Los resultados de un estudio demuestran la presencia de leishmaniosis en la isla, si bien no distinguen entre casos importados o casos autóctonos.
Los estudios poblacionales han mostrado que solo un porcentaje bajo (< 10%) de los perros desarrolla una enfermedad grave, mientras que una parte considerable de ellos tiene infecciones subclínicas persistentes.
En áreas no endémicas, los perros infectados también pueden contribuir a mantener la infección por Leishmania en la población canina mediante modos de transmisión no vectoriales, raros, pero no imposibles.
“Además, la falta de conocimiento sobre esta enfermedad entre los veterinarios canarios muestra la probabilidad de que se estén presentando casos en la consulta que no estén siendo correctamente diagnosticados”, señalan los investigadores.
Asimismo, basándose en los casos clínicos estudiados en este informe y en los obtenidos en otras investigaciones, los investigadores advierten que “resulta plausible plantear la idea de que se podrían estar produciendo casos autóctonos de leishmaniosis canina en Canarias”.