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PROFESIONALES

“El duelo por un animal querido debe abordarse como el de una persona”

El vínculo entre animales y personas, cada vez más estrecho, está generando cambios en el sector veterinario, que aboga por mejorar la formación en atención psicológica a propietarios

“El duelo por un animal querido debe abordarse como el de una persona”

“El duelo por un animal querido debe abordarse como el de una persona”

El vínculo entre animales y personas, cada vez más estrecho, está generando cambios en el sector veterinario, que aboga por mejorar la formación en atención psicológica a propietarios

Francisco Ramón López - 22-02-2019 - 13:10 H

En Reino Unido recientemente se ha formado el primer directorio de duelo de mascotas, que ofrecerá cursos a veterinarios para reforzar el apoyo psicológico que brindan a sus clientes, un tipo de formación que va cogiendo fuerza en el sector de la medicina humana en España pero que aún no se ha abordado al mismo nivel en la veterinaria.

Para abordar este tema Animal’s Health ha contado con Sara Colom, una psicóloga especializada en terapia asistida con animales que trabaja con un equipo multidisciplinar de psicólogos y veterinarios en EtoVets, que ofrece servicios de etología clínica (la rama de la psicología para animales) y terapia con animales en las Islas Baleares.

“Empecé trabajando como psicóloga y me especialicé en terapia asistida con animales, tanto en perros como en caballos. Al poco tiempo descubrí que para dar este tipo de servicio es muy importante trabajar con un veterinario especializado en etología para favorecer el bienestar del animal”, explica Sara, recordando las razones por las que se adentró en el sector de la salud animal.

Asimismo, la psicóloga explica que esta necesidad de un enfoque multidisciplinar funciona en los dos sentidos, pues los veterinarios que trabajan con ella también se dan cuenta de que algunas cuestiones de su sector mejoran aportando la perspectiva de un psicólogo, como, por ejemplo, a la hora de abordar el sesgo negativo de un propietario que ve que su mascota no se recupera de la manera que desearía, cuando sí que lo está haciendo, empeorando su pronóstico.

En este tipo de casos, Sara recomienda aplicar “pequeñas técnicas psicológicas” para ayudar a que esa persona sea consciente del avance del tratamiento de su mascota. “Aún hay mucho que hacer”, manifiesta Sara, que apunta que el Colegio de Psicólogos de Baleares va a firmar un convenio de colaboración con el de veterinarios para abordar estos temas.

“Los veterinarios se centran en el bienestar del animal, pero no saben cómo gestionar las emociones del propietario”, insiste, y recuerda que hace unos años su empresa dio una charla en Mallorca en la que ofrecían servicios de asistencia psicológica como apoyo para las clínicas.

Sin embargo, hasta el momento han recibido pocas llamadas de clínicas interesadas. Sara lo achaca a los costes. “Esto es un gasto añadido para el cliente, muchas veces los propietarios ya van ajustados con los gastos médicos del animal, como para añadir el gasto de un psicólogo”, explica.

Es por esto por lo que la psicóloga cree que sería “incluso mejor” que estas labores de atención psicológica a los propietarios la ofrecieran directamente los veterinarios, especialmente en casos como los de la muerte de un animal que ha fallecido por una enfermedad o ha tenido que ser eutanasiado. “Al final el veterinario es la persona de referencia, y si tuviera unas capacidades empáticas o de gestión de emociones, el propietario se sentiría más cómodo”, asegura.

Y es que Sara explica que en ocasiones simplemente no saben cómo llevar este tipo de situaciones. “Te dicen: ‘no sé qué hacer cuando una persona se pone a llorar en la consulta’. Por eso creo que este tipo de formación sería muy útil, porque les daría más seguridad en su trabajo”, afirma.

Es ahí donde entra la formación, que la psicóloga cree que debería desarrollarse tanto desde los colegios veterinarios como desde la propia carrera, ya que, señala, ni siquiera en todas las universidades de España existe la asignatura de etología. “Imagínate lo despacio que vamos”, lamenta.

En esta línea, Sara explica que la mayoría de veterinarios “están muy concienciados con el bienestar animal y son muy sensibles a ello”, por lo que piden cada vez más formación al respecto. “Hay estudios que demuestran que los alumnos de veterinaria de todo el mundo piden cada vez más que se incluya la asignatura de etología y bienestar animal en sus universidades”, incide. 

UN VÍNCULO CADA VEZ MÁS ESTRECHO

La medicina cada vez tiene más en cuenta el trato psicológico ante el duelo, contando con psicólogos en los hospitales para tratar a los familiares que han perdido a un ser querido o enseñando a los propios médicos a lidiar con estas situaciones en algunas asignaturas de la carrera.

Para Sara, la veterinaria debería de sumarse a esta tendencia, sobre todo teniendo en cuenta que cada vez más se considera a las mascotas como un familiar. “Creo que cada vez más la sociedad está más sensibilizada con los animales y cada vez se consideran más como un miembro de la familia”, manifiesta.

“Tenemos vínculos mucho más estrechos que antiguamente. Hoy en día es cada vez más raro ver un perro que vive en el jardín, cuando antes se hacía incluso cuando hacía mal tiempo. Ese vínculo hace que la muerte de las mascotas sea más dura, por lo tanto es más probable que, en lugar de duelos sanos, se cronifiquen si no están bien tratados”, alerta.

De hecho, la psicóloga hace referencia a estudios “que demuestran que las personas viven la relación con sus animales exactamente igual que con miembros de su familia y en ocasiones incluso se desarrollan vínculos más estrechos”. “Se pueden dar casos de personas que puedan llegar a querer más a su mascota que a su hermano, por ejemplo”, apunta, y defiende que “la pérdida de un animal querido debería abordarse igual que la de un ser humano”.

Por todo esto, Sara considera que en la clínica veterinaria no se está siguiendo este ritmo al que están evolucionando las relaciones entre propietarios y mascotas. “Somos demasiado clásicos”, afirma, y pone como ejemplo de este estancamiento la educación pedagógica en los colegios, que considera “arcaica”.

“Cada vez existen más colegios que integran la gestión de las emociones dentro del aula, pero todavía son pocos. Si algo tan importante como este tipo de educación para niños va despacio, imagínate para el sector de los animales”, concluye la psicóloga.

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