El catedrático de Sanidad Animal de la Universidad de Zaragoza, Juan José Badiola, aborda la situación del brote de peste porcina africana en una entrevista para el Consejo de Colegios Veterinarios de Cataluña
“Para poder decir que el brote de PPA está razonablemente controlado, habrá que esperar al menos un mes sin detectar ningún animal infectado”
El catedrático de Sanidad Animal de la Universidad de Zaragoza, Juan José Badiola, aborda la situación del brote de peste porcina africana en una entrevista para el Consejo de Colegios Veterinarios de Cataluña
Redacción -
31-12-2025 - 13:02 H -
min.
La peste porcina africana (PPA) sigue siendo una de las mayores amenazas sanitarias y económicas para el sector porcino europeo. Así lo explica el catedrático de Sanidad Animal de la Universidad de Zaragoza, Juan José Badiola, en una entrevista realizada para el Consejo de Colegios Veterinarios de Cataluña, en la que subraya la elevada patogenicidad del virus, la ausencia de una vacuna eficaz y la necesidad de aplicar medidas de control estrictas y prolongadas en el tiempo para evitar su expansión.
Badiola es catedrático de Sanidad Animal en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza, donde dirige el Centro de Encefalopatías y Enfermedades Emergentes Transmisibles, y cuenta con una amplia trayectoria en el ámbito de las enfermedades animales de alto impacto sanitario y económico. Además, ha sido presidente del Consejo General de Colegios Veterinarios de España y es portavoz del comité de expertos de Aragón en peste porcina africana.
En relación con la naturaleza de la enfermedad, el veterinario recuerda que “la peste porcina africana es una enfermedad infectocontagiosa causada por un virus con unos huéspedes muy específicos: sólo afecta a los cerdos y jabalíes”. Se trata, además, de un patógeno especialmente agresivo, ya que “es muy patógena y provoca una enfermedad grave que afecta a diversos aparatos y sistemas: digestivo, respiratorio, vascular; y provoca muchas hemorragias”. En muchos casos, añade, “es mortal y, por eso, cuando llega a una granja es una enfermedad temible”.
Más allá del impacto sanitario, Badiola pone el acento en las consecuencias comerciales que puede acarrear la aparición de brotes. “Por lo general, los países son muy estrictas con las importaciones de productos porcinos. Cuando se producen brotes, las medidas de control son siempre muy estrictas”, advierte, recordando que “junto con la proteína de las aves, la del cerdo es la proteína económica por excelencia”.
Aunque el virus no supone un riesgo para la salud humana, el efecto sobre la economía puede ser considerable. “El virus no afecta a los humanos, pero las consecuencias económicas pueden ser muy graves: España es uno de los principales productores y exportadores de cerdo”, señala Badiola, quien recuerda que el país exporta a cerca de 120 mercados. En este contexto, alerta de que “si las restricciones de exportación aumentamos, las consecuencias para la economía de nuestro país serían demoledoras”.
Sobre el origen del virus, el catedrático explica que “es un virus de origen africano” y detalla que la llegada a Europa estuvo vinculada al transporte internacional de productos contaminados. “El brote que afectó a Europa se produjo por un barco que llevaba productos de Africa y que llegó a Georgia”, desde donde la enfermedad se fue extendiendo a países vecinos y posteriormente a Rusia, Ucrania y la Unión Europea. En esta expansión, destaca que “los jabalíes actúan como principales transportadores del virus”.
Uno de los grandes retos en la lucha contra la PPA sigue siendo la inexistencia de una vacuna eficaz. Badiola reconoce que “el virus de la peste porcina es muy complejo y, después de cerca de cuarenta años de investigación, todavía no se ha logrado una vacuna fiable”. No obstante, insiste en que “no es por falta de esfuerzo”, ya que España ha sido uno de los países más activos en este ámbito. La ausencia de inmunización, subraya, “nos limita muy gravemente, porque impide establecer barreras de contención eficaces como sí se hace con otras enfermedades”.
En cuanto a las vías de transmisión, el especialista recuerda que el contagio no se produce únicamente por contacto directo entre animales. “La transmisión se produce sobre todo por contacto directo y, a menudo, de forma indirecta”, explica, poniendo como ejemplo la posibilidad de transportar el virus en el calzado tras pisar heces de jabalí infectado. Por ello, insiste en que “en zonas afectadas, deben aplicarse restricciones muy estrictas a la circulación de personas y animales”.
Respecto a los focos detectados en fauna silvestre, Badiola valora positivamente que los jabalíes infectados se hayan localizado en un área limitada. “Es una suerte que todos los jabalíes infectados se hayan encontrado en un área de unos 6 u 8 kilómetros”, ya que esto sugiere que “el foco se ha detectado relativamente pronto”. Además, señala que se trata de una zona bien delimitada por infraestructuras, lo que reduce los desplazamientos de los animales.
No obstante, advierte de que no puede descartarse que algún ejemplar haya escapado del área inicial. “El problema sería que, a pesar de ser un virus muy patógeno para el jabalí, haya algún jabalí que fuera resistente a la enfermedad o que no sucumbiera” y que, al huir, trasladara el virus a otra zona. Por este motivo, explica que se están recogiendo animales en un radio más amplio, de entre 20 y 25 kilómetros.
Ante este escenario, el veterinario es claro: “Hay que ser estrictos y cumplir los protocolos de actuación, y ésta es la única manera de acabar con el brote lo antes posible”. De lo contrario, advierte, existe el riesgo de que “se instauren restricciones a la importación en aquellos países en los que todavía no se han aplicado".
En cuanto a los plazos necesarios para dar por controlado un brote, Badiola subraya que se trata de un proceso largo. “Para que podamos decir que el brote está razonablemente controlado, habrá que esperar al menos un mes a partir del momento en que no se encuentre ningún animal infectado”. A largo plazo, añade, “habrá que esperar unos dos años para estar seguros de que el brote ha desaparecido”.
Cuando la PPA aparece en una explotación, la respuesta debe ser inmediata y contundente. “Hay que ser muy drástico: todos los animales afectados deben eliminarse para evitar que el virus se extienda”, explica, recordando que el patógeno “es muy resistente y puede sobrevivir semanas o meses en objetos”, lo que obliga a extremar las medidas de limpieza y desinfección.
En materia de prevención, el control de la fauna silvestre resulta clave. “Es fundamental controlar la fauna salvaje, como el jabalí, que es el principal vector de la enfermedad”, afirma, junto con la necesidad de mantener cuarentenas estrictas y seguir impulsando la investigación en vacunas.
Finalmente, Badiola contextualiza la situación actual en un escenario de elevada presión sanitaria sobre la ganadería. “Cada patógeno tiene su explicación, si bien lo que está claro es que el movimiento extraordinario de humanos y animales es la clave en la dispersión de las enfermedades”. A ello se suma, apunta, el efecto del cambio climático y el papel creciente de la fauna silvestre, que en algunos casos actúa como reservorio de enfermedades.
Como mensaje final, el veterinario apela a la responsabilidad colectiva. “Es necesario aprender de cada problema. La prevención y vacunación son fundamentales”, concluye, insistiendo en la importancia de ser conscientes de la interacción entre medio ambiente, movilidad y fauna salvaje para proteger la salud animal y la estabilidad económica del sector.