Este primer protocolo de bioseguridad externa específico para el porcino intensivo es la base de una guía que el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación español publicará próximamente
Identifican los riesgos de entrada de la PPA en granjas de España para crear protocolos de bioseguridad personalizados
Este primer protocolo de bioseguridad externa específico para el porcino intensivo es la base de una guía que el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación español publicará próximamente
Redacción -
30-04-2026 - 06:17 H -
min.
Las granjas de porcino intensivo podrán diseñar protocolos de bioseguridad personalizados para reducir el riesgo de entrada de enfermedades procedentes de animales salvajes como la peste porcina africana (PPA) gracias a un estudio en el que ha participado la Universitat de Lleida (UdL).
El trabajo publicado en la revista Preventive Veterinary Medicine con expertos de Castilla-La Mancha, Zaragoza, Huesca y Murcia determina que el principal factor de riesgo es el movimiento de jabalíes alrededor de la granja, que puede depender a su vez de las características del entorno y de la propia explotación.
También han detectado carencias tanto en las vallas perimetrales como en aspectos relacionados con el control de accesos y los movimientos del personal. Como el riesgo no es el mismo en todas las granjas, un diagnóstico preciso permite la personalización de medidas de bioseguridad mucho más eficaces.
Este primer protocolo de bioseguridad externa específico para ganadería es la base de una guía que el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación español publicará próximamente. "Dada la situación epidemiológica actual de la PPA en España, este protocolo se podría aplicar a granjas de la zona restringida, los alrededores y cualquier región para evaluar su vulnerabilidad a la introducción del virus y la implementación posterior de medidas de bioseguridad", destacan los autores del estudio, entre los que se encuentra el profesor de Sanidad Animal e investigador de la UdL Gregori Mentaberre.
El trabajo se ha realizado en 40 granjas de Cataluña, Aragón y Murcia; tres regiones que concentran el 57,62% del censo estatal de cabaña porcina. Se trata de explotaciones de una amplia gama de condiciones de cría intensiva (entre 300 y 11.900 cerdos). El objetivo era recopilar información sobre los animales domésticos, la fauna salvaje, y la gestión de la granja, el personal y las instalaciones para identificar posibles fuentes de riesgo y establecer las bases para desarrollar planes de acción específicos y personalizados para cada granja.
Los resultados señalan que los ganaderos muchas veces no detectan la presencia de jabalíes. Aunque el 47,5% declaran haberlos visto de forma muy esporádica y un 45% afirman que nunca, los expertos han encontrado pruebas de su presencia en el 47,5% de las auditorías.
"El comportamiento nocturno de esta especie puede dificultar los avistamientos directos, y el hallazgo de signos puede verse afectado por ciertas condiciones, como la presencia de barro alrededor de la granja", explica Mentaberre. "Las características del entorno de la granja, como los cultivos y balsas de purines accesibles, pueden influir en la presencia de jabalíes y, en consecuencia, en el riesgo de transmisión de enfermedades, normalmente asociado a las variaciones estacionales de la disponibilidad de alimentos", añade el investigador de la UdL.
En cuanto a las vallas perimetrales, el estudio revela que solo el 22,5% se consideraron impenetrables para el jabalí y que su integridad se revisaba a intervalos superiores a 15 días. Además, la mitad de las puertas de las granjas eran ineficaces para evitar la entrada de estos animales salvajes, incluso cuando estaban cerradas.
Este trabajo sobre la interfaz entre fauna salvaje y ganadería apunta que otro de los principales riesgos son los fómites (objetos que transportan los organismos infecciosos) que pueden introducir virus en la granja, como las ruedas de coches o tractores o el calzado y la ropa de los trabajadores. "Esto enfatiza la importancia de las buenas prácticas de bioseguridad como parte de las rutinas del personal, especialmente una separación estricta entre las zonas sucias y limpias en las entradas de las instalaciones", destacan en las conclusiones.
Otra medida clave que se pone de manifiesto es la necesidad de campañas de sensibilización y programas de formación para que ganaderos y trabajadores tomen conciencia de riesgos que pasan desapercibidos y puedan tomar decisiones informadas sobre la bioseguridad de sus granjas.
La principal innovación es que, a partir de los datos recogidos, se generan planes específicos de bioseguridad que priorizan medidas según el riesgo real de cada explotación ganadera. Así, cada granja puede mejorar de forma progresiva y eficiente. Desde reforzar cerramientos hasta rediseñar accesos o mejorar la formación del personal. El protocolo de bioseguridad externa se ha hecho pensando en la peste porcina africana, pero sería aplicable a otras enfermedades que se pueden contagiar entre especies.