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OPINIÓN

Servicios veterinarios y medio rural

Servicios veterinarios y medio rural

Servicios veterinarios y medio rural

Luis Miguel Ferrer Mayayo - 07-03-2023 - 10:18 H - min.

Profesor Titular de la Universidad de Zaragoza. Miembro del European College of Small Animal Health Management

Dotar al mundo rural de unos servicios veterinarios eficientes, libres, duraderos y suficientemente pagados ha sido y es un problema de difícil solución. Existen modelos de todo tipo, según el gusto y la forma de pensar, pero no tengo muy claro cuál es el mejor.

Durante décadas estuve trabajando como veterinario de rumiantes y pasé por todo tipo de contratos. Comencé como veterinario libre y en solitario, pasé a formar un pequeño grupo, formé parte de un equipo de cooperativa, trabajé con Agrupaciones de Defensa Sanitaria (ADSs), volví a formar grupo y terminé formando, con mi otro socio, una empresa de servicios veterinarios para rumiantes, pero siempre estando y viviendo junto al ganadero.

Creo que todos me aportaron alguna cosa positiva, pero no todos me parecen iguales. Ahora, estoy, como profesor funcionario, trabajando y asesorando a todo tipo de veterinarios a través del Servicio Clínico de Rumiantes (SCRUM) y me da rabia la situación del medio rural.

Leyendo la noticia sobre la falta de veterinarios para vacunar de lengua azul en Castilla y León o en cualquier otro sitio, me da una inmensa pena que se tengan que marchar del medio rural los veterinarios por falta de rentabilidad y, a su vez, desde la administración, contraten a una empresa de servicios para vacunar o llevar a cabo cualquier otra actividad profesional que podría dar al veterinario rural los recursos que le faltan para vivir en el pueblo o pequeña ciudad atendiendo a los ganaderos. 

Los “equipos vacunadores”, como los denomina el artículo, pueden cumplir con la función de inocular las dosis vacunales, pero no están viviendo el día a día con el ganadero y no están implicados en lo que pasa en el mundo rural. Serán más baratos, aunque tengo serias dudas al respecto, pero nunca serán lo eficientes que es el veterinario que vive y conoce a sus ganaderos.

El ganadero que está perdido en su pueblo necesita un veterinario que comprenda sus necesidades y dificultades, que sepa cómo está el ganado de ese cliente y de toda la zona que le rodea (llámese comarca, unidad administrativa o como se quiera denominar). Intentar hacer sanidad de rebaño o de pasada cuando mandan sirve para poco o para nada. La sanidad no entiende de ganados ni de pueblos ni de política; es una entidad muy superior a todo esto y hay que verla con ese concepto amplio si se quieren abordar problemas serios como la legua azul, viruela, gripe aviar, peste porcina, etc., etc. y muchos más etcéteras que nos están viniendo por todas partes.

"Es necesario hacer una verdadera labor de apostolado para que el ganadero comprenda los problemas. Intentar solucionarlos por decreto-ley es un fracaso anunciado".

Mantener un veterinario clínico (no un inspector oficial que pase de vez en cuando para hacer temblar al ganadero) debería ser uno de los puntos clave para el mantenimiento y desarrollo del mundo rural y así lo ven los países vecinos, que vieron cómo se marchaba el veterinario por falta de rentabilidad y luego, sin servicio, se fueron marchando los ganaderos, que son los últimos en abandonar el pueblo.

Hay profesionales a los que no les importar trabajar y vivir en un pueblo, eso sí, dignamente y pudiendo mantener a su familia. Los grandes ganaderos o empresas ganaderas pueden pagar su “veterinario de explotación”, pero estará a su servicio y no al de la sanidad general de la zona, en el amplio sentido de la epidemiología.

Cuando hay posibilidad de obtener, trabajando bien, un dinero extra de campañas sanitarias varias o gestionando documentación, muchas veces superflua, pero obligatoria, que el ganadero es incapaz de hacer (a pesar de ser un excelente profesional con su ganado) y se la damos a una empresa, del tipo que sea, estamos matando al veterinario que hace “apostolado” sanitario en su zona y que arrima el hombro de forma perfecta y sincronizada cuando se necesita (léase vacunaciones de lengua azul, campañas de brucelosis, tuberculosis o lo que se quiera). Ese veterinario rural quizá no tenga matrículas de honor (ni le hacen falta) ni coches rotulados de la empresa, ni otras cosas superfluas, pero tiene un conocimiento de su zona, los ganados, los ganaderos, los medios disponibles y todo lo necesario para no dejar tirado a nadie cuando hace falta. Si, además, se lleva bien con los otros compañeros de las zonas vecinas, eso es la bomba y el comienzo de una sanidad eficaz.

No me atrevo a decir cuál es la mejor solución para mantener esos servicios tan necesarios, pero con mucho conocimiento de causa, creo que el modelo que promulgó la UE y se desarrolló en los años 80, era y es perfectamente útil y simplemente se trata de las ADSs, pero por zonas epidemiológicas y pudiendo admitir otras formas de colaboración con los veterinarios de explotación, de cooperativas, de empresas o los asesores en materias específicas, etc. siempre y cuando se trabaje en colaboración.

Creo, según mi experiencia, que hay que vivir con el ganadero y colaborar con la administración, sin tener que mendigar el último cacho de pan antes de tener que emigrar a la ciudad y dejar un desierto veterinario. Los desiertos, aunque se rieguen o intenten regar con servicios empresariales, ajenos a ese mundo peculiar del ganadero del mundo rural no dan el fruto necesario y sí las quejas que exponía Teresa Rodríguez a la directora general de Producción Agrícola y Ganadera.

Se han proyectado bastantes películas sobre estos héroes, pero, fuera de la película, se olvida su labor y se manda inspeccionar a los ganaderos de la ADS o grupo similar que funciona, y se van de rositas aquellos que no están haciendo sanidad de grupo, fuera de este tipo de entidades. Es lo mismo que pasa en las clases con poca asistencia, se echa la bronca a los que han asistido y nadie dice nada a los que no estaban en el aula.

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