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OPINIÓN

Recetas antiguas, terapias modernas

Recetas antiguas, terapias modernas

Santiago Vega - 24-04-2019 - 11:00 H

Catedrático del Área de Sanidad Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad CEU Cardenal Herrera y Académico correspondiente de la Real Academia de Medicina de la Comunidad Valenciana y de la Academia de Veterinaria de la Región de Murcia

Recientemente hemos tenido la oportunidad de leer en la prensa nacional (junio de 2018) la noticia de que un trasplante de heces, realizado por un equipo multidisciplinar de especialistas de digestivo, medicina interna y microbiología del Hospital de Sagunto (España), salvaba la vida de un paciente de 70 años que presentaba un cuadro médico grave provocado por la bacteria Clostrium difficile y refractaria a todas las terapias antibióticas disponibles. Tanto el articulista como el portavoz del hospital ponen el énfasis en lo novedoso de la técnica de trasplante de heces y en que es la segunda vez que se aplicaba en España en medicina humana.

Cuando este veterinario que les escribe lee la noticia, no deja de sorprenderle los calificativos de "técnica novedosa" y "segunda vez que se aplica en España", cuando en medicina veterinaria llevamos décadas utilizando el trasplante o trasferencia de microbioma fecal (FMT en sus siglas en inglés) como herramienta terapéutica para varias enfermedades, como la infección por parvovirus canino en perros, heces blandas provocadas por infestaciones por giardia, diarrea en perros de perreras, las complicaciones posquirúrgicas del desplazamiento de abomaso a la izquierda, en bovino, y en las colitis equinas, entre otras. Además del potencial terapéutico de la FMT en animales, también se han explorado los usos profilácticos e inmunogénicos de la FMT. Por ejemplo se ha investigado su uso como una herramienta potencial para aumentar la eficiencia del alimento tanto en aves como en cerdos, y en la prevención y el control de la enfermedad asociada a circovirus porcino.

En general, los microorganismos intestinales y el FMT son herramientas interesantes que se pueden utilizar para mejorar la salud de nuestros animales y prevenir enfermedades. El FMT en medicina humana, ha sido reconocido también como una terapia potencial para una amplia gama de otras enfermedades, como el síndrome del intestino irritable, la colonización de patógenos resistentes a los antimicrobianos, el síndrome metabólico y la resistencia a la insulina.

UN TRATAMIENTO DE LARGO RECORRIDO

Pero vamos por partes; primero ¿qué es el microbioma intestinal? Es el término usado para describir al conjunto de microorganismos que viven en el tracto gastrointestinal. Estos microorganismos son muy diversos e incluyen virus, bacterias, protozoos, hongos y arqueas. Se ha descrito que el número de microorganismos del intestino es igual al número total de células del hospedador. Este microbioma intestinal desempeña al menos tres funciones críticas dentro del hospedador, que incluyen: proporcionar una barrera intestinal protectora, digerir y metabolizar los nutrientes y regular la inmunidad.

La microbiota es una amiga desconocida. Ha acompañado a la humanidad desde el comienzo de los tiempos y su importancia ha sido reconocida desde hace mucho. En 1908, el microbiólogo ucraniano Ilya Mechnikov (1845-1906) sugirió que la ingestión de bacterias podría tener una influencia positiva en la microflora normal del tracto digestivo. También planteó la hipótesis de que los lactobacilos son importantes para la salud humana.

Desde la época de Mechnikov, los avances en el estudio de la microbiota se han producido con cuentagotas. Además, la mayoría de los hallazgos se concentran en los últimos años, casi un tercio de las 1.600 publicaciones sobre la microbiota intestinal registradas en la base de datos PubMed desde 1977 se publicaron en 2011.

Un poco de memoria histórica, aunque todo apunta a que es una técnica nueva, es realmente muy antigua. Tenemos que remontarnos al siglo IV a. C, durante la dinastía china Dong Jin, el médico Ge Hong describió con buenos resultados la administración oral de una suspensión preparada a base de heces humanas, bajo el nombre de sopa amarilla, que en realidad eran heces de una persona sana diluidas en agua.

En los siglos posteriores no hay registros médicos sobre su utilización, hasta el siglo XVI, época en la que Li Shizhen describió el uso de una variedad de productos derivados de heces para el tratamiento de la diarrea, fiebre, dolor, vómitos, y estreñimiento.

Más tarde, en el siglo XVII, se empleó también en medicina veterinaria, por vía oral y rectal. Posteriormente el trasplante de heces se ha seguido utilizando a lo largo de la historia, como por ejemplo en la I Guerra Mundial, donde se utilizó para curar de disentería a los soldados porque no había medicamentos disponibles. Y en los últimos años el uso del FMT se ha generalizado como una opción segura y efectiva para el tratamiento de la infección por Clostridium difficile recurrente, con una elevada tasa de éxito, de hasta un 94%.

"El interés por esta terapia ha estado impulsado por las nuevas investigaciones sobre la microbiota intestinal, que está empezando a ser observada como un órgano bacteriano humano con importantes funciones en el metabolismo de energía y la inmunidad", han señalado los autores de una revisión sobre este procedimiento que se publicó en diciembre del año pasado (2018) en Nature Reviews Gastroenterology and Hepatology. Se cree que los beneficios derivados del FMT se deben a un aumento de microbios favorables, un aumento de la diversidad microbiana y a la estimulación de la inmunidad de la mucosa.

Unos pocos números para dimensionar el tema, cada persona es portadora de unos 25.000 o 30.000 genes humanos y 600.000 genes microbianos. La comunidad de microorganismos que conforman la microbiota intestinal de cada persona contiene al menos 1.014 bacterias que pesan en conjunto entre 1,5 y 2 kg. Se han identificado más de 1.000 especies bacterianas distintas, pero se cree que la diversidad es mucho mayor. Tres filos representan en torno al 75% de la diversidad: Firmicutes, Bacteroidetes y Actinobacteria. La microbiota intestinal se puede clasificar en tres grandes grupos o enterotipos en función de las bacterias dominantes: Bacteroides, Prevotella y Ruminococcus.

DETALLES SOBRE EL PROCEDIMIENTO

En segundo lugar, ¿qué es el FMT? Es un procedimiento en el que la materia fecal o heces se obtienen de un donante al que le han realizado pruebas con el fin de detectar posibles factores de riesgo de enfermedades potencialmente transmisibles, mezclándolos con una solución salina, filtrándolo e introduciéndolo en un paciente a través de colonoscopia, endoscopia, sigmoidoscopia o enema.

Nadie parece dudar de que la microbiota humana, especialmente la intestinal, juega un papel determinante en la salud. Sin embargo, el conocimiento de este órgano microbiológico del cuerpo humano no pudo despegar hasta el inicio de la era genómica. Por eso, tal y como ha ocurrido con el genoma humano, los verdaderos descubrimientos sobre el potencial de la antiguamente denominada flora bacteriana llegarán cuando se procesen adecuadamente todos los datos obtenidos por iniciativas como el Proyecto Microbioma Humano y se pase de los genes a las proteínas.

Todo lo anterior lo he traído a colación para romper con la idea, muchas veces tan extendida, que podría llevarnos a pensar que nuestros problemas son exclusivamente humanos. Pero los animales y los humanos contraen las mismas enfermedades. ¿Cómo podríamos entender mejor la salud y la enfermedad humanas si aprovecháramos el conocimiento de los veterinarios? Muchas de las enfermedades que aquejan a los animales, tanto físicas como mentales, son las mismas que afectan a los seres humanos y responden, en muchos casos, a las mismas causas.

Desde hace años, mi argumentario científico está alineado con la importancia de poner en valor y desarrollar el concepto One Health, enfoque en el que las profesiones sanitarias deben remar al mismo ritmo y en la misma dirección para cumplir con el papel social que tienen asignado. En el pasado existió esa cooperación. Hace uno o dos siglos, en algunas comunidades rurales, tanto animales como seres humanos eran tratados por el mismo terapeuta.

Y tanto médicos como veterinarios citan a un doctor del siglo XIX, William Osker (1849-1919), como uno de los fundadores de sus campos. Pero en el siglo XIX la medicina humana y animal comenzaron a separarse, cuando debido a la urbanización menos personas mantenían contacto con animales. Hoy los hospitales de humanos se están convirtiendo cada vez más en brillantes catedrales de la tecnología. Esto crea una separación "fisiológica" entre los pacientes humanos que se atienden allí y los pacientes que viven en océanos, granjas, hogares y selvas.

Pero creo que hay una razón más profunda, en palabras de la Dra. Barbara Natterson-Horowitz, directora del Centro de Arritmias Cardiacas de la Universidad de California en Los Ángeles, "los médicos y científicos, aceptamos intelectualmente que nuestra especie, Homo sapiens, es meramente una especie, no más única ni especial que las demás. Pero en nuestros corazones no lo creemos del todo. Yo misma creo, señala la conocida cardióloga americana, que cuando estoy escuchando a Mozart o mirando las imágenes del Mars Rover en mi Mac Book siento un poco de 'excepcionalismo' humano, aun reconociendo científicamente el costo de aislarnos, viéndonos a nosotros mismos como una especie superior, aparte".

Los animales y los humanos contraen las mismas enfermedades, sin embargo, los médicos y los veterinarios rara vez se consultan entre sí. Basándonos en lo último en ciencias médicas y veterinarias, así como en biología evolutiva y molecular, proponemos un enfoque integrado e interdisciplinario para la salud física y conductual. Nuestra conexión esencial con los animales va desde el cuerpo al comportamiento, desde lo psicológico a lo social.

Y esto es una llamada para que tanto médicos como pacientes se unan a los veterinarios en una nueva forma de pensar, que va más allá de las camas de hospital hacia los establos, campos, océanos y cielos donde habitan los animales. En efecto, las consecuencias de la interacción que se produce entre ecosistemas, animales y personas han configurado, y lo siguen haciendo, el curso de la historia humana y sus avatares. Y el FMT, no es más que otro ejemplo de lo anterior.

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