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OPINIÓN

Un Mundo, una Salud

Un Mundo, una Salud

Juan José Sánchez Asensio - 12-11-2019 - 16:30 H

Presidente del Colegio de Veterinarios de Cantabria

Fue el célebre químico y bacteriólogo francés, Luis Pasteur, quien a fines del siglo XIX aseveró una verdad inapelable: La medicina cura al hombre, la veterinaria cura a la Humanidad. Tal afirmación va inscrita, en latín, en el emblema de la profesión veterinaria, “Hygia pecoris Salus Populi” (higiene animal, salud del pueblo), entendiendo higiene como prevención, es decir, como conjunto de medidas que salvaguardan la salud animal y con ello, el control de su potencial como fuente de infección y enfermedad para el hombre.

De la importancia de esta tarea de control sanitario en la salud humana da cuenta que casi dos tercios del total de las enfermedades que se transmiten en humanos han sido adquiridas a través de un animal vertebrado (61%), y tres de cada cuatro enfermedades emergentes que afectan al humano, tienen el mismo origen. Por tanto, resulta evidente que, si controlamos la enfermedad en los animales, evitamos la enfermedad en los humanos. Buen ejemplo de ello fue la brucelosis, cuyo efecto en el ser humano se ha conseguido reducir de manera notable controlándola únicamente en el ganado, sin necesidad de nuevos fármacos o vacunas aplicadas al enfermo.

Es la llamada 'One Health' (una sola salud), que se corresponde perfectamente con el lema veterinario. Se trata de una estrategia mundial para aumentar la comunicación y la colaboración interdisciplinar en el cuidado de la salud de las personas, los animales y el medio ambiente, entendiendo que todos ellos se encuentran conectados. La interrelación entre estos tres campos incentiva y acelera los avances biomédicos, mejora la salud pública, amplía la base de conocimientos científicos y optimiza la formación y el cuidado médico, salvando muchas vidas.

La puesta en práctica de la visión «Una Sola Salud» ha sido posible por una alianza formal entre la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y sus ámbitos de trabajo prioritarios son: la inocuidad de los alimentos, el control de zoonosis (enfermedades de transmisión animal) y la lucha contra la resistencia a los antibióticos.

Lamentablemente, tal implicación profesional en algo tan fundamental como la salud humana, sigue, cien años después de Pasteur, teniendo que ser explicada e innecesariamente justificada por sus protagonistas, los veterinarios, cada vez que nos encontramos puertas cerradas a cal y canto al intentar el reconocimiento de los establecimientos veterinarios como centros sanitarios, al igual que aquellos centros donde el resto de las profesiones sanitarias prestan sus servicios a la sociedad.

A esto se une la tremenda decepción que se siente al comprobar que las administraciones, ni siquiera creen aquello que expresan en sus normas, y lo que es peor, ni siquiera son capaces de entender la importancia del asunto y su responsabilidad sobre ello. Optan por inhibirse en sus controles como garantía para los usuarios, dejarnos al margen de la regulación específica de la publicidad o considerar nuestros servicios como artículo de lujo, aplicando el máximo IVA posible, mientras ponen la cabeza bajo tierra, como si los centros veterinarios ni siquiera existieran.

Tampoco entienden esas administraciones la relevancia de la profesión veterinaria en materia de salud pública y así tenemos vetado el acceso al Sistema Nacional de Salud y, en el mayor de los absurdos, nos impiden el acceso a cualquier especialidad, incluida la de Salud Pública tan inherente a nuestra formación. Y mientras, observamos cómo se degradan los servicios públicos de seguridad alimentaria y asistimos a brotesque conocemos a través de los medios: salmonelosis, listeriosis, gripe aviar, rabia, encefalopatías, triquinelosis, son nombres que todos asociamos a alimentos de origen animal.

Esta situación es la que lleva a la profesión veterinaria a concentrarse este domingo día 17 de noviembre, ante el Ministerio de Sanidad, a fin de reivindicar que los veterinarios somos sanitarios, un principio reconocido como vertebrador de la prolija normativa vigente, pero comúnmente olvidado de inmediato por aquellos mismos legisladores que lo reconocieron. En consideración a tal situación, entendemos que debemos prestar nuestro apoyo explícito a estos actos que pretenden favorecer el necesario cambio de sensibilidad de las distintas administraciones públicas en la relevancia y reconocimiento sanitario de esta profesión.

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