La eterna comparación entre las medicinas humana y veterinaria
David González -
28-04-2025 - 08:32 H -
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Desde hace varias décadas se ha estado manteniendo en nuestro país una marcada diferencia de prestigio entre las diferentes profesiones integradas en la rama de las ciencias de la salud, con un especial énfasis entre las medicinas humana y veterinaria.
No resulta atípico escuchar en muchos hogares de nuestro país alusiones a que los veterinarios son “médicos frustrados” o estudiantes a los que “no les dio la nota de corte”, y ciertamente no son comentarios nuevos ni de actualidad, sino que son fruto de una larga proyección social cargada de estigmas y de ideas preconcebidas.
Así, esta perspectiva puede ser diseccionada en varios segmentos:
- Nuestro país viene, indiscutiblemente, de unas profundas raíces rurales, con alta prevalencia de explotaciones ganaderas familiares y en las que los animales que actualmente conocemos como “mascotas” eran vistos principalmente por su funcionalidad. El perro se encontraba para la protección del ganado y se alimentaba de los restos de cocina o de la matanza de turno, mientras que el gato se mantenía cerca de los humanos manteniendo a raya las posibles plagas que amenazasen graneros y almacenes, tal y como ha hecho desde los primeros registros de su domesticación
- De forma cíclica en cada una de las generaciones se han idealizado y romantizado con fervor diferentes salidas profesionales, ya fuese por diferentes factores tales como altas tasas de empleo, sueldos elevados en comparación con el resto de trabajos, o tan simple como un mayor reconocimiento en el ámbito social.
Este reconocimiento, en numerosas ocasiones, no tenía ni tiene que estar basado en los hechos objetivos que se presuman. Simplemente ha de ser asociado a dichas ideas preconcebidas, tanto positivas como negativas.
La medicina humana ha estado gozando de numerosos beneficios en base también a cómo se produjo la evolución de nuestra sociedad española:
- Una base indiscutible con la que cuenta la profesión es el goce del antropocentrismo histórico en su expresión más directa: trato directo del paciente, con tratamiento directo de su salud, haciendo énfasis en la palabra “directo”
- Con el avance de las décadas en nuestro país se produjo una fuerte urbanización y centralización en nuestro territorio nacional. Así, de los años 50 a finales de los 90, el porcentaje de población concentrada en aglomeraciones urbanísticas aumentó del 36.9% al 57.3%. Así, con este movimiento urbanístico y cambios en la sociedad, comenzaron a arraigarse también ideas y estigmas en contra del mundo rural y su ambiente, en muchas ocasiones asociado a un menor nivel educativo, social y económico.
Para un porcentaje considerable de familias españolas en esta época de nuestra historia, permitirle a sus hijos e hijas unos estudios universitarios resultaba un compromiso para la economía del hogar. A la hora de escoger dichos estudios, no sólo eran motivo de peso las notas obtenidas en los estudios previos, sino también la proyección profesional.
Con ello, y en base a todos los aspectos anteriores, en más de una ocasión entraban en juego cuestiones “elitistas”: para muchas familias, el hecho de que su hijo o hija estudiase medicina marcaba una mejora en su imagen, más alta y prestigiosa, aunque fuese sólo en sus círculos personales.
La imagen de estos estudios universitarios se fue forjando y recargando en un completo bucle, pareciendo así en algunos hogares como la única salida profesional posible para aquellos expedientes sobresalientes.
Pareciera así que, mientras se fue forjando toda esta categoría social que ha englobado la figura de la medicina humana, la veterinaria fue relegada a un nivel raso, viéndose afectada exactamente por las mismas razones:
- La clínica asistencial de pequeños animales, tal y como la conocemos, cuenta con una evolución muy reciente en base al aumento del número de mascotas en los hogares.
- Aun así, bien es sabido que los cambios rápidos en la sociedad no vienen acompañados de una evolución en las percepciones e ideas preconcebidas, de tal modo que, aunque la figura del médico veterinario se encuentra plenamente integrada en el ámbito urbano, hasta el momento actual se ha visto anclada a los estigmas rurales: menor capacidad, menor nivel, menor conocimiento.
- La visión de los animales como seres “inferiores” también repercute directamente en el punto de vista que se conforma alrededor de la veterinaria, resultando despreciable, en numerosas opiniones, que este profesional sanitario estudie todas las ramas (anatomía, fisiología, endocrinología, cardiología, dermatología, entre otras muchas) de varias especies animales, en vez de sólo una, entrando en juego así el antropocentrismo mencionado.
- Para un número considerable de familias, en profundo desconocimiento e ignorancia, sigue manteniéndose la idea de que la veterinaria no cuenta con la dificultad ni retos que afronta la carrera de medicina, dando alusión así a la falta de preparación en materia de ciencias de la salud (integrándose con el resto de ideas ya mencionadas).
Con los últimos movimientos y reivindicaciones observados dentro de nuestra profesión, es posible que estemos ante el inicio de un cambio de imagen perceptual en nuestro país, con un mayor reconocimiento de las aptitudes plenas con las que contaba la profesión y que lucha por elevarlas y mejorarlas.
Con ello mencionado, y a modo de conclusiones finales, este cambio no busca establecer una nueva “superioridad moral”, sino sellar el reconocimiento pleno de las diversas y variadas ramas sanitarias, invisibles aún para muchos, que son atravesadas por la medicina veterinaria.