SÁBADO, 15 de junio 2024

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MASCOTAS

¿Qué medicamentos deben utilizar los veterinarios para el tratamiento de miedos y fobias en perros?

La Federación de Asociaciones Europeas de Veterinarios de Animales de Compañía ha recordado el posicionamiento de la Sociedad Europea de Etología Clínica Veterinaria, que recomienda un enfoque psicofarmacológico alternativo

La fobia se puede definir como una respuesta desproporcionada e irracional a un estímulo percibido como un peligro.
La fobia se puede definir como una respuesta desproporcionada e irracional a un estímulo percibido como un peligro.

¿Qué medicamentos deben utilizar los veterinarios para el tratamiento de miedos y fobias en perros?

La Federación de Asociaciones Europeas de Veterinarios de Animales de Compañía ha recordado el posicionamiento de la Sociedad Europea de Etología Clínica Veterinaria, que recomienda un enfoque psicofarmacológico alternativo

Jorge Jiménez - 04-12-2023 - 09:41 H - min.

Los veterinarios están a la vanguardia del proceso de toma de decisiones para seleccionar y prescribir agentes psicofarmacológicos en perros que presentan estados fóbicos agudos, por ejemplo, aquellos inducidos por ruido, fuegos artificiales o el transporte.

Sin embargo, a pesar de que existe una considerable literatura que desaconseja el uso de acepromacina para el tratamiento de problemas de conducta en perros, históricamente ha persistido su uso como uno de los fármacos psicoactivos prescritos para reducir las manifestaciones conductuales de la fobia al ruido y otras fobias.

Por ello, desde la Federación de Asociaciones Europeas de Veterinarios de Animales de Compañía (Fecava) han recordado el posicionamiento de la Sociedad Europea de Etología Clínica Veterinaria (ESVCE) al respecto.

Y es que la ESVCE recomienda “encarecidamente” la elección de un enfoque psicofarmacológico alternativo, ya que la acepromacina no tiene efecto ansiolítico y, por lo tanto, no es apropiada para controlar los estados fóbicos o de miedo agudo.

La acepromacina es una fenotiazina que produce un efecto terapéutico al bloquear los receptores dopaminérgicos, explican desde la ESVCE, lo que da como resultado el bloqueo de las respuestas motoras sin alterar probablemente la experiencia sensorial. “Si bien, al principio puede parecer que reduce la reactividad de un individuo, lo hace en ausencia de efecto ansiolítico”, indican.

“El perro sigue percibiendo los estímulos fobogénicos (e incluso puede estar amplificado) sin poder alejarse de ellos. Por lo tanto, el uso indebido de acepromacina en las fobias al ruido puede aumentar potencialmente la sensibilización al ruido, empeorando la gravedad del estado fóbico, que es exactamente lo contrario del tratamiento previsto”, indican.

La acepromacina, continúan desde la ESVCE, puede provocar potencialmente una excitación paroxística y una desinhibición conductual cuando se utiliza para resolver conductas agresivas. Asimismo, apuntan que “la acepromacina solo debe usarse como premedicación antes de la anestesia cuando no se espera o requiere un efecto ansiolítico de la misma”.

“En esos momentos, la acepromacina se usa siempre combinada con opioides y otros agentes para producir un manejo razonable del dolor y una sedación”, señalan y recomiendan que la acepromacina no se utilice para prevenir/tratar las fobias al ruido, en línea con las recomendaciones de otras asociaciones de veterinarios conductistas y de comportamiento animal de diferentes países, como el Grupo de Especialidad en Medicina del Comportamiento Animal de Avepa.

MEDICAMENTOS ALTERNATIVOS Y OPCIONES DE TRATAMIENTO EN VETERINARIA

La fobia se puede definir como una “respuesta desproporcionada e irracional a un estímulo percibido como un peligro”, por lo que, si bien es importante utilizar intervenciones psicofarmacológicas para gestionar eventos agudos, esto debería formar parte de un tratamiento más amplio.

Respecto a la fobia al ruido, desde la ESVCE señalan que lo adecuado debería ser utilizar un agente psicofarmacológico que sea eficaz para producir un efecto ansiolítico agudo en el individuo; así como identificar los estímulos que desencadenan la respuesta fóbica y evitar o minimizar la exposición a dichos desencadenantes.

También aconsejan crear un área segura: un lugar tranquilo y agradable que haya sido previamente condicionado positivamente, donde el perro tenga la opción de entrar y salir libremente y que eventualmente pueda utilizar como mecanismo de afrontamiento mientras se producen estímulos sonoros; y utilizar técnicas de modificación de la conducta, como técnicas de desensibilización y contracondicionamiento, con el objetivo de cambiar la perspectiva del perro sobre los estímulos fobogénicos.

Por otro lado, recomiendan alentar a los propietarios a implementar técnicas de enriquecimiento ambiental para promover con frecuencia emociones y comportamientos positivos; y que se considere el uso de agentes psicofarmacológicos a largo plazo para reducir el estado fóbico y las respuestas continuas de ansiedad/temor.

En los últimos años, explican desde la ESVCE, hay dos medicamentos (dexmedetomidina, presente en medicamentos como Sileo de Ecuphar, e imepitoína) que han sido autorizados para el tratamiento de miedos/fobias agudas al ruido en perros y que pueden ser útiles en el tratamiento de otros miedos/fobias situacionales.

“Cuando se utiliza la medicina basada en la evidencia para guiar las intervenciones de tratamiento, ambos agentes han demostrado efectos ansiolíticos en el tratamiento de la fobia al ruido: la dexmedetomidina es un agonista adrenérgico α2, disponible en forma de gel oromucoso; la imepitoína es un agonista parcial de GABAA disponible en forma de tabletas”, indican.

Por último, apuntan que “cuando se identifica o sospecha un problema de conducta, es importante que los veterinarios ofrezcan al cliente la opción de derivarlo a un especialista en conducta (si dichos servicios no se ofrecen en la práctica veterinaria), para identificar correctamente el problema y comenzar a aplicar medidas efectivas de tratamiento lo antes posible”.

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