El Grupo de Especialidad de Etología Clínica de Avepa ha publicado un nuevo artículo analizando el sistema endocannabinoide (SEC) y el uso del cannabidiol (CBD) en perros y gatos
Veterinarios etólogos analizan la evidencia actual del uso de CBD en la conducta de perros y gatos
El Grupo de Especialidad de Etología Clínica de Avepa ha publicado un nuevo artículo analizando el sistema endocannabinoide (SEC) y el uso del cannabidiol (CBD) en perros y gatos
Redacción -
03-11-2025 - 13:22 H -
min.
Desde el Grupo de Especialidad de Etología Clínica (GEMCA) de la Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales (Avepa) han publicado un nuevo artículo elaborado por las expertas África Emo Muñoz y Pilar García Belmonte en el que se analiza el sistema endocannabinoide (SEC) y el uso del cannabidiol (CBD) en perros y gatos, revisando su funcionamiento, aplicaciones, efectos adversos e interacciones con otros medicamentos según la evidencia científica disponible.
En los últimos años, el sistema endocannabinoide ha despertado un creciente interés en la investigación científica y médica. “Se trata de una red de comunicación interna que ajusta y equilibra procesos fisiológicos tan diversos como la temperatura corporal, el sueño, el apetito, el dolor, la respuesta al estrés, la inflamación y el estado de ánimo”, señalan las expertas en el artículo.
El SEC está compuesto por tres elementos principales: los receptores cannabinoides, los endocannabinoides y las enzimas que regulan su acción. Los receptores CB1 se localizan principalmente en el cerebro y el sistema nervioso, mientras que los CB2 se encuentran sobre todo en el sistema inmune.
Según indican las autoras, este sistema ayuda al organismo “a adaptarse a los cambios internos y externos, por ejemplo, modulando la respuesta inflamatoria y nerviosa para que no se prolongue más de lo necesario”. Alteraciones en el SEC se han relacionado en humanos con trastornos psiquiátricos, enfermedades neurológicas y neurodegenerativas.
De la planta Cannabis sativa se obtienen moléculas que pueden interactuar con el SEC, entre ellas el cannabidiol (CBD) y el tetrahidrocannabinol (THC). “El CBD es abundante en la variedad cáñamo de la planta, mientras que el THC se encuentra en altas concentraciones en la variedad marihuana”, explican las expertas.
El artículo describe también el llamado efecto entourage o efecto séquito, que “define cómo los distintos compuestos de la planta actúan de forma sinérgica, modulando y potenciando sus efectos cuando se administran conjuntamente, en lugar de hacerlo de forma aislada”.
Los productos comercializados pueden variar en formulación y concentración, combinando CBD con otros fitocannabinoides o utilizándolo en su forma pura.
En medicina humana, los cannabinoides se han empleado para tratar afecciones como el dolor, la inflamación o las crisis convulsivas. En España, existen dos fármacos registrados con cannabidiol: Epidyolex y Sativex.
En el ámbito veterinario, las expertas subrayan que “la evidencia científica sobre el uso de cannabinoides es aún limitada”. En España, recuerdan, no está aprobada la administración oral de CBD en animales ni como medicamento ni como alimento, aunque puede encontrarse como suplemento nutricional.
Aun así, “muchos tutores lo administran a perros y gatos, especialmente para problemas de ansiedad, dolor o inflamación”, indican las autoras. La mayoría lo hace sin orientación veterinaria, aunque reportan mejoras y pocos efectos secundarios.
El artículo revisa los estudios sobre los efectos del CBD en el estrés, el miedo y la ansiedad en perros y gatos, así como su posible papel en el manejo del dolor, las crisis convulsivas o el prurito.
En distintos estudios, el CBD ha mostrado resultados variables. En uno de ellos, administrado a perros con problemas de conducta durante 45 días, “no se observó una disminución del estrés, pero sí una reducción de la agresividad hacia personas”. En otro, la administración de 2 mg/kg durante dos semanas disminuyó la intensidad de las vocalizaciones en perros sanos cuando se quedaban solos, lo que sugiere un efecto ansiolítico.
Otros trabajos evaluaron su eficacia frente a estímulos estresantes o sonidos de fuegos artificiales, sin resultados concluyentes. De manera anecdótica, se menciona un caso de trastorno compulsivo en el que la combinación de CBD y melatonina, junto con terapia conductual, redujo las conductas repetitivas.
En gatos, los resultados también son diversos. Una dosis única de 4 mg/kg antes de una situación estresante “no fue efectiva para reducir el estrés”, según indican las expertas. Sin embargo, “la administración diaria de la misma dosis durante dos semanas resultó en una disminución significativa de la frecuencia de micción indeseada” en un estudio experimental.
Según las autoras, el CBD “es bien tolerado en perros a dosis de 2 a 5 mg/kg cada 12 o 24 horas”, aunque pueden presentarse efectos como diarrea, vómitos o somnolencia. Las autoras recomiendan “la monitorización hepática bajo supervisión veterinaria, cada mes al empezar el tratamiento y cada seis meses posteriormente”.
En gatos, también se tolera bien, aunque se han observado leves efectos como lamido excesivo o aumento de enzimas hepáticas. En casos de sobredosis, los efectos descritos —letargia, ataxia o hipotermia— fueron leves y transitorios.
Los cannabinoides, incluido el CBD, pueden interferir en el metabolismo de numerosos fármacos al inhibir enzimas del citocromo P450. “Esto puede aumentar la concentración plasmática de otros medicamentos y, con ello, el riesgo de efectos adversos”, señalan las expertas. Por ello, recomiendan una “monitorización clínica estrecha” en terapias prolongadas o combinadas.
Asimismo, recuerdan que muchos productos de CBD o THC “no están regulados para uso veterinario y, por tanto, no garantizan concentración real”, lo que aumenta el riesgo de sobredosificación o interacción.
El artículo concluye que el CBD “muestra una posibilidad terapéutica en diversas condiciones veterinarias, ya sea solo o en combinación con otros fármacos”. Sin embargo, las autoras subrayan que “la evidencia científica sigue siendo escasa y contradictoria”, por lo que es necesario seguir investigando para estandarizar formulaciones y dosis.
Finalmente, advierten que cuando un animal presenta un problema de comportamiento, “el CBD no puede reemplazar la consulta con un veterinario especialista en comportamiento”, ya que es fundamental un diagnóstico y un programa integral de modificación de conducta.