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MASCOTAS

Explicando la neotenia en gatos: ¿Por qué juegan antes de matar a sus presas?

El veterinario Marco Villén explica la evidencia científica sobre la neotenia felina, la prolongación de características juveniles morfológicas, fisiológicas o conductuales en la vida adulta

El juego-caza es una de las conductas más reconocibles de la neotenia felina.
El juego-caza es una de las conductas más reconocibles de la neotenia felina.

Explicando la neotenia en gatos: ¿Por qué juegan antes de matar a sus presas?

El veterinario Marco Villén explica la evidencia científica sobre la neotenia felina, la prolongación de características juveniles morfológicas, fisiológicas o conductuales en la vida adulta

Redacción - 01-09-2025 - 12:39 H - min.

La domesticación de la especie Felis catus ha modelado una especie particularmente apta para convivir con el ser humano. Un pilar central de ese proceso es la neotenia, la persistencia de rasgos típicos de la etapa juvenil en individuos adultos.

En un artículo en la web del Grupo de Especialidad de Etología Clínica (Gemca) de la Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales (Avepa), el veterinario Marco Villén explica la evidencia científica sobre la neotenia felina y profundiza en un comportamiento paradigmático —la caza-juego— para mostrar cómo los patrones juveniles siguen moldeando la conducta del gato doméstico y qué implicaciones clínicas se derivan.

“En este artículo utilizamos la neotenia como marco explicativo para la caza, pero no es el único que interviene en la motivación de dicho comportamiento. La conducta de caza-juego también se ve modulada por factores no neoténicos que describiremos posteriormente, como el riesgo de lesión, la motivación (hambre), el tipo/tamaño de presa y los procesos de aprendizaje en la edad infantil y juvenil”, señala.

El término procede del griego néos (“joven, nuevo”) y teínein (“extender, tender hacia”). En etología, se aplica a la prolongación de características juveniles —morfológicas, fisiológicas o conductuales— en la vida adulta. En animales domésticos, y respecto a los gatos, suele englobarse en el llamado síndrome de la domesticación, que abarca cambios craneofaciales (frente amplia, ojos grandes), reducción del volumen cerebral, menor agresividad y mayor sociabilidad.

RASGOS FÍSICOS NEOTÉNICOS EN EL GATO

Diversos trabajos han propuesto que ciertos rasgos craneofaciales del gato doméstico reflejan tendencias neoténicas. Su expresión es variable entre poblaciones y linajes, por lo que conviene interpretarlos como indicadores probabilísticos dentro del síndrome de la domesticación, no como reglas universales.

Los rasgos más estudiados son el Baby scheme (esquema de bebé) facial. Se trata de comparaciones morfométricas recientes que muestran que los gatos domésticos presentan narices más cortas y ángulos oculares que incrementan la “ternura” percibida.

También la reducción craneal. En este sentido, Villén explica que estudios recientes documentan una disminución de aproximadamente un 25% del volumen craneal respecto a especies de gatos salvajes como F. silvestris y F. lybica.

“Existen estudios que han valorado la presencia de características neoténicas en gatos y su efecto sobre la adopción. Dichos estudios nos indican que las proporciones faciales juveniles se han asociado a estancias más cortas en refugios”, añade.

Por lo tanto, se puede pensar que una de las principales causas de estos cambios es la presión en la selección de rasgos corporales realizada por los humanos con una motivación estética infantil. “Así nos lo muestra otro estudio que nos apunta a la preferencia humana por rasgos infantiles, en el mismo, se describe que acentuar ojos grandes y caras redondeadas en imágenes aumenta el deseo de interacción con gatos”, desarrolla.

Además, varias conductas típicas del cachorro persisten en la edad adulta del gato doméstico. “Ahora bien, la oportunidad ecológica puede permitir que adultos salvajes también muestren juego en ciertos contextos; por ello, la neotenia es un factor más, no el único que da explicación a la conducta del gato”, matiza.

Aquí, el veterinario menciona vocalizaciones “infantiles”, como el “llanto integrado en el ronroneo”, que imita la frecuencia del llanto humano y provoca respuesta de cuidado. También el juego y demanda social, ya que la intensidad del cuidado ofrecido por el tutor se correlaciona con la persistencia de la persecución de juguetes y búsqueda de contacto táctil.

Por otro lado, menciona el “amasado”, que proviene del masaje que hacen los gatitos a las madres para estimular la leche y, en la vida adulta, se conserva como gesto de confort y vínculo.

COMPARATIVA DEL GATO DOMÉSTICO FRENTE A FERALES/SALVAJES EN LA CAZA

Asimismo, el autor apunta que los gatos domésticos (Felis catus) conservan instintos depredadores muy similares a los de sus ancestros y, aun saciados, el impulso puede activarse ante oportunidades de caza.

“En condiciones de subsistencia, los gatos ferales dedican muchas horas a cazar (12 h/día), frente a ≈ 3 h/día en gatos de compañía bien alimentados. Mientras los ferales suelen matar y consumir la mayoría de capturas por necesidad energética, en gatos de hogar es frecuente capturar sin consumir; se ha estimado que solo comen 30% de las presas que matan”, redunda.

En este sentido, señala que proveer alimento reduce en parte la motivación, pero no elimina el impulso de perseguir. “En conjunto, cuando el alimento está asegurado, la caza del gato doméstico tiende a ser más oportunista o lúdica que estrictamente nutricional”, explica.

En general, los gatos a menudo “juegan” con presas vivas (p. ej., ratones, lagartijas) antes de aplicar el mordisco occipital. Este fenómeno se explica por tres hipótesis no excluyentes. Una de ellas es el riesgo de lesión, ya que la fase lúdica es más larga con presas menos peligrosas o cuando el gato está saciado; existe un gradiente defensa/ataque.

Por otro lado, menciona la regulación motivacional, el nivel de hambre y el tamaño/dificultad de la presa modulan la duración del juego; y el aprendizaje-práctica, donde las gatas entregan presas vivas a los cachorros y la práctica temprana incrementa el éxito de caza adulto.

“La caza-juego combina componentes juveniles (juego, práctica motora) con ventajas funcionales adultas (minimizar lesiones). Así, constituye un claro ejemplo de comportamiento neoténico retenido y reforzado por la domesticación”, añade.

IMPLICACIONES CLÍNICAS Y DE BIENESTAR

Teniendo en cuenta todo ello, para intervenir de forma eficaz, es clave comprender el lenguaje felino: posturas corporales como la posición de cola y orejas, tamaño pupilar, disposición de bigotes, entre otros, van a permitir conocer el estado emocional (curiosidad, juego, frustración, miedo, dolor) y anticiparse con un manejo respetuoso, evitando problemas que surgen por malentendidos en la comunicación entre las 2 especies (Homo sapiens y Felis catus).

“Igualmente importante es identificar la motivación que subyace a cada conducta: no es lo mismo un juego depredatorio que una búsqueda de interacción social, una conducta redirigida por estrés o una estrategia de evitación”, insiste.

Actuar sobre la motivación —mediante enriquecimiento, previsibilidad, elección y control—, afirma mejora el bienestar y reduce la necesidad de suprimir conductas. “En el caso de la caza?juego, estructurar sesiones que permitan completar la secuencia predatoria y canalizar la energía de forma segura satisface el sistema motivacional implicado y disminuye la caza real”, indica.

Desde la práctica clínica, entender la base (parcialmente) neoténica de ciertos comportamientos ayuda a modular el manejo y el entorno y a tener expectativas realistas de tutores respecto al comportamiento de los gatos”, asegura.

Para canalizar la conducta de caza/juego de los gatos domésticos, el experto propone programar dos sesiones diarias de juego interactivo (10–15 min) usando cañas con señuelo o juguetes que permitan cerrar la secuencia (acecho–persecución–captura).

“Deja que el gato ‘mate’ el juguete; al terminar, ofrece una pequeña ración de alimento húmedo para asociar saciedad con el ciclo de caza”, explica. Asimismo, insta a la rotación de juguetes cada 48-72 h para evitar habituación y mantener la motivación predatoria.

También llama a evitar usar manos o pies como señuelo, pues previene agresiones hacia el tutor y refuerza límites claros. En cuanto a la estimulación multisensorial, aboga por esconder pequeños premios o usar dispensadores interactivos, añade el componente de búsqueda y captura.

En general, apuesta por el refuerzo positivo, premiando el juego apropiado, lo que ayuda a redirigir la energía depredatoria. “Acude a una consulta especializada si el juego agresivo se dirige a personas o hay frustración excesiva; un etólogo clínico valorará enriquecimiento avanzado o apoyo farmacológico”, apunta.

CONCLUSIÓN

Como conclusión, recuerda que la literatura científica comparativa indica que “jugar con la presa” no es exclusivo del gato doméstico —también aparece en felinos salvajes como táctica de caza—, pero sí es más frecuente o extendido en gatos domésticos bien alimentados, debido a la relajación de las presiones de supervivencia y a la retención de comportamientos juveniles lúdicos en la etapa adulta.

Esta conducta, señala, puede interpretarse como un rasgo neoténico: un vestigio de la fase juvenil (cuando el juego sirve para practicar caza) que persiste en el adulto doméstico gracias a la domesticación y a las condiciones de vida provistas por los humanos.

“Las fuentes académicas citadas exploran desde distintas aristas este fenómeno, coincidiendo en que el gato doméstico es un cazador atípico: un pequeño ‘felino’ que, pese a vivir en nuestros hogares, no ha perdido el impulso de cazar por placer, tal como lo haría un cachorro en entrenamiento permanente”, concluye.

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