Una investigación ha comparado las concentraciones de inmunoglobulina A fecal y salival entre perros sanos y atópicos de distintas razas
Descubren la relación entre un tipo de alteración inmunitaria y la dermatitis atópica en perros
Una investigación ha comparado las concentraciones de inmunoglobulina A fecal y salival entre perros sanos y atópicos de distintas razas
Redacción -
13-11-2025 - 11:14 H -
min.
Un nuevo estudio recogido recientemente por la Asociación Británica de Veterinarios de Pequeños Animales (BSAVA, por sus siglas en inglés) ha analizado si la deficiencia de inmunoglobulina A (IgA) es una característica de la dermatitis atópica canina en perros pequeños y medianos.
Los investigadores explican que la dermatitis atópica canina (DAC) es una afección frecuente que se observa a diario en clínicas veterinarias de animales de compañía. Los perros afectados suelen presentar prurito auricular, facial, axilar y podal, junto con signos de inflamación cutánea que pueden incluir otitis.
Esta enfermedad es más común en razas como golden retriever, labrador retriever, pastor alemán, bóxer y West Highland White Terrier, así como en bulldogs franceses y cruces de diseño como cockapoo y cavapoo. Los signos clínicos aparecen generalmente entre los 4 meses y los 3 años de edad, aunque pueden variar según la raza.
La DAC es una enfermedad con predisposición genética y una etiopatogenia compleja. Implica una función deficiente de la barrera cutánea, inflamación alterada, alergias a alérgenos ambientales, alimentarios o de Malassezia, y disbiosis del microbioma cutáneo. Las causas y el fenotipo de la enfermedad difieren entre razas e individuos debido a la variabilidad genética. La disfunción de la barrera cutánea y la colonización microbiana pueden contribuir al inicio y empeoramiento de los signos clínicos.
En este sentido, los investigadores indican que una barrera cutánea comprometida facilita la penetración de alérgenos, irritantes y microorganismos, lo que estimula las células inmunitarias y la inflamación. La respuesta inmunitaria de tipo Th2 y la liberación de citocinas proinflamatorias promueven la inflamación cutánea, mientras que la sensación de prurito se produce por la acción de agentes pruritógenos como la IL-31.
La vía de señalización JAK-STAT también participa en la inflamación y el prurito. Además, la alteración de la barrera cutánea favorece una microbiota disbiótica, con proliferación de Staphylococcus y Malassezia spp., que agrava el cuadro inflamatorio.
La inmunoglobulina A desempeña un papel esencial en la inmunidad de las mucosas, participando en la tolerancia y la inflamación mediante su interacción con la microbiota local y las células epiteliales.
“En condiciones normales, este equilibrio permite al sistema inmunitario tolerar microorganismos comensales y antígenos inocuos, a la vez que excluye patógenos dañinos. La deficiencia selectiva de IgA (IgAD) se ha asociado con enfermedades atópicas en humanos, y estudios previos demostraron una relación entre IgAD y DAC en pastores alemanes. Sin embargo, esta asociación no se había evaluado en otras razas”, destacan los investigadores.
Con el objetivo de ampliar el conocimiento, se recogieron muestras de heces y saliva de perros sanos y con DAC atendidos en el Hospital de Pequeños Animales de la Universidad de Edimburgo. El diagnóstico se basó en antecedentes de prurito crónico con dermatitis inflamatoria y el cumplimiento de criterios clínicos establecidos. Los controles eran perros de la misma raza, mayores de cuatro años, sin antecedentes de enfermedades cutáneas.
Las muestras fueron analizadas mediante un ensayo inmunoenzimático (ELISA) para cuantificar las concentraciones de IgA secretora en heces y saliva.
La población analizada incluyó 32 perros atópicos y 35 controles pertenecientes a 20 razas diferentes, tanto pequeñas como grandes. Las razas atópicas más comunes fueron el bulldog francés y el labrador retriever. Se obtuvieron muestras completas de saliva y heces de la mayoría de los perros, aunque en algunos casos se contó con solo un tipo de muestra.
En el estudio se indica que el análisis reveló que la concentración de IgA fecal fue significativamente menor en los perros con DAC, con valores entre 0,05 y 5,28 g/L y una mediana de 0,98 g/L, en comparación con los controles, cuyos valores oscilaron entre 0,014 y 10,27 g/L, con una mediana de 1,78 g/L.
No se encontraron diferencias significativas en la concentración media de IgA salival entre ambos grupos. Tampoco se observó relación entre las concentraciones de IgA y la edad, y no fue posible evaluar la influencia de la raza debido al tamaño limitado de la muestra. Además, las concentraciones de IgA fecal y salival no mostraron correlación directa entre sí.
Los resultados demostraron una menor concentración de IgA fecal en perros atópicos en comparación con los sanos, lo que sugiere una posible relación entre la DAC y una alteración inmunitaria de tipo mucoso. Estudios anteriores en razas grandes ya habían asociado una baja concentración sérica de IgA con la DAC en pastores alemanes. Este trabajo confirma la tendencia en un grupo más diverso de razas.
“Investigaciones en humanos indican que niveles elevados de IgA fecal y sérica pueden ofrecer protección frente a enfermedades alérgicas mediadas por IgE, especialmente durante la infancia”, remarcan en el estudio.
Por ello, subrayan que el estudio de la IgA fecal en cachorros de razas predispuestas podría ayudar a comprender mejor su papel en el desarrollo de la tolerancia inmunitaria. Asimismo, la disbiosis intestinal podría desempeñar un papel relevante en la regulación inmunológica sistémica. Se requiere más investigación sobre la interacción entre la IgA y la microbiota intestinal en perros con DAC.
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