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MASCOTAS

¿Cómo identificar el dolor en los gatos?

La veterinaria experta en etología felina María Fuencisla Martínez da las claves para reconocer el dolor en los gatos

¿Cómo identificar el dolor en los gatos?

¿Cómo identificar el dolor en los gatos?

La veterinaria experta en etología felina María Fuencisla Martínez da las claves para reconocer el dolor en los gatos

Redacción - 05-04-2021 - 09:57 H

Recientemente, los veterinarios especialistas en medicina felina tuvieron la oportunidad de analizar los signos y el tratamiento de las principales patologías que provocan dolor en gatos junto a la veterinaria experta Belén Montoya en una sesión en directo de Vet’Xpert de Boehringer Ingelheim.

Ahora, el Grupo de Especialidad de Etología Clínica (Gretca) de la Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales (Avepa) ha publicado un nuevo artículo, elaborado por la veterinaria experta en etología felina María Fuencisla Martínez, quien recuerda que evitar el dolor es importante para garantizar el bienestar del paciente felino y una ayuda para mejorar el vínculo entre el gato, el tutor y el veterinario.

El dolor se define como una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada con, o similar a la asociada con, daño tisular real o potencial. Se trata de un mecanismo de protección que implica cambios fisiológicos y de comportamiento.

“Clasificaremos el dolor de dos formas distintas atendiendo al tiempo de duración (agudo o crónico) y función (adaptativo o mal adaptivo) dentro de lo cual, dividiremos el dolor según la causa que lo hace aparecer (inflamatorio, nociceptivo, neuropático o funcional)”, señala Martínez.

En este sentido, la veterinaria recuerda que el “dolor agudo es aquel que aparece tras una lesión y dura hasta la curación de esta. Todos los dolores agudos son adaptativos ya que su finalidad es evitar que el daño empeore potenciando su recuperación. Son dolores reversibles”.

Así, Martínez continúa explicando que englobados en el dolor agudo se encuentran el dolor nociceptivo por activación de los receptores neuronales periféricos ante un estímulo doloroso (trauma, calor, frío…) y el dolor inflamatorio por la activación del sistema inmune en respuesta a un estímulo dañino o infeccioso.

El dolor crónico es aquel que permanece más allá de lo esperado en el dolor agudo y, en los gatos, atiende a ser una combinación de dolor adaptativo/inflamatorio y mal adaptativo. El dolor mal adaptativo se produce debido a diversos cambios a nivel del sistema nervioso que pueden aparecer a la vez que el dolor agudo. No es reversible ni tiene función, pero sí produce hiperalgesia y alodinia. Cuando el dolor es causado por una lesión directa del sistema nervioso central o periférico se trata de dolor neuropático y cuando existen alteraciones en el reconocimiento y procesamiento del dolor se clasifica como dolor funcional.

La veterinaria asegura que “la existencia de tantos tipos distintos de dolor hace que su tratamiento siempre tenga que abordarse desde un punto de vista multimodal en el que puedan combinarse distintos fármacos (antiinflamatorios no esteroideos, opioides, anestésicos locales u otros analgésicos coadyuvantes como la gabapentina), terapias no medicamentosas (fisioterapia, rehabilitación física, acupuntura o nutracéuticos) y cambios en el entorno que faciliten el día a día del felino”.

HERRAMIENTAS PARA IDENTIFICAR EL DOLOR EN GATOS

En cuanto a las herramientas para identificar el dolor en gatos, Martínez admite que averiguar si un gato presenta dolor no es tarea sencilla debido a la naturaleza propia de la especie que le lleva a no mostrar signos de dolor evitando dar impresión de vulnerabilidad. “De todas formas, si algo tiene claro la comunidad científica es que el comportamiento y el lenguaje corporal son clave”, añade.

La veterinaria destaca la importancia de las escalas de medición del dolor que ayudan al profesional a evaluar el dolor en el centro veterinario, resultan especialmente útiles en el área de hospitalización y se deben de tener muy en cuenta tras procesos quirúrgicos.

Las tres más representativas son, la escala UNESP – Botucatu, que cuenta con 10 variables distintas (postura, comodidad, actividad, actitud, reacción a la palpación de la herida y del abdomen, presión arterial, apetito, vocalización y otros comportamientos), la Escala de dolor de Glasgow para gatos que tiene 7 variables en las que se atiende a conductas espontáneas y evocadas, interacciones con el animal y observaciones clínicas, y la Escala Grimace de la Universidad de Montreal, que cuenta con el apoyo de Zoetis, y que presenta 5 variables (posición de orejas, orientación de los ojos, tensión en el hocico, bigotes y posición de la cabeza).

CAMBIOS EN LA CONDUCTA, OTRO SIGNO DEL DOLOR

Aunque las escalas son una herramienta útil en el ambiente hospitalario, una anamnesis exhaustiva sigue siendo la mejor opción para la evaluación del dolor, sobre todo, del dolor crónico.

“En esta anamnesis completa tenemos que averiguar aquellos cambios en el comportamiento habitual del felino que el tutor haya observado en casa”, explica la veterinaria.

Un aspecto a tener en cuenta es la disminución de la actividad y tolerancia al ejercicio. En este sentido, el gato se vuelve más reacio a jugar y comienza a pasar más tiempo dormido o reposando.

También hay que observar la dificultad para caminar, subir escaleras, saltar o levantarse. El gato deja de acceder a puntos en altura dónde solía pasar tiempo limitando el uso total del territorio.

Otra cuestión que hay que analizar son los cambios en la conducta de acicalamiento. La disminución de esta conducta por dolor crónico que provoca malestar generalizado o incapacidad de hacer ciertos movimientos o, al contrario, el aumento ante un dolor localizado como el padecido por cistitis (lamido excesivo en la zona abdominal) o artrosis en alguna extremidad (lamido excesivo en la zona articular afectada).

Además, pueden darse cambios en los hábitos de micción o defecación. Eliminaciones fuera del sitio indicado para ello o alteración de la conducta normal en el mismo arenero. Se puede hablar de una incapacidad para acceder cómodamente al arenero (gatos con problemas de osteoartrosis en areneros altos) o una asociación de la bandeja de arena con dolor al utilizarla. Por ejemplo, animales que han padecido cistitis o problemas gastrointestinales.

Finalmente, los cambios en la interacción con miembros de la familia. Y es que el dolor crónico produce una respuesta de estrés crónico que, entre otras cosas, disminuye la secreción de serotonina. Por ello, se verá aumentada la irascibilidad y, con ella, la probabilidad de mostrar conductas agresivas ante ciertas manipulaciones.

“Todos estos cambios pueden sucederse de manera gradual y que, de primeras, el tutor no sea capaz de identificarlos. Por ello, es de vital importancia realizar una anamnesis concienzuda cuando un paciente felino viene a consulta”, señala la veterinaria.

En conclusión, “atender a las variaciones del comportamiento habitual del gato es imprescindible para una detección precoz del dolor. Ante una alteración del comportamiento no podemos descartar una patología física y la aproximación diagnóstica debe realizarse desde un punto de vista global”, advierte Martínez.

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