Un estudio realizado por científicos ha demostrado que la longitud de la zancada de las patas delanteras de los perros mayores y geriátricos se reduce a medida que empeora su rendimiento cognitivo
Los cambios en la forma de caminar de los perros podrían servir para detectar la demencia canina de forma temprana
Un estudio realizado por científicos ha demostrado que la longitud de la zancada de las patas delanteras de los perros mayores y geriátricos se reduce a medida que empeora su rendimiento cognitivo
Redacción -
26-06-2026 - 12:05 H -
min.
Los cambios en la forma de caminar podrían convertirse en una nueva herramienta para detectar de manera temprana la demencia canina. Un estudio realizado por científicos ha demostrado que la longitud de la zancada de las patas delanteras de los perros mayores y geriátricos se reduce a medida que empeora su rendimiento cognitivo, mientras que la edad cronológica por sí sola no resulta un buen indicador de esta alteración.
Los investigadores destacan que este patrón ya se ha observado ampliamente en personas con demencia, donde los pacientes comienzan a caminar más despacio, con pasos más cortos e irregulares e incluso arrastrando los pies años antes de que aparezcan problemas evidentes de memoria. Estos cambios se relacionan con alteraciones en la función de la corteza frontal y el cerebelo, regiones encargadas de la planificación y el control del movimiento.
Ahora, los científicos han identificado un fenómeno similar en perros con síndrome de disfunción cognitiva, también conocido como demencia canina. Según los autores, detectar este cambio podría ayudar a que los propietarios busquen atención veterinaria antes de que la enfermedad avance. Los resultados han sido publicados en la revista Frontiers in Veterinary Science.
“Aquí demostramos que la longitud de la zancada de las patas delanteras de los perros disminuye con la edad, pero, aún más importante, disminuye con el deterioro cognitivo. De hecho, descubrimos que el efecto del deterioro cognitivo es mayor que el efecto de la edad por sí sola”, explica Natasha J. Olby, autora principal del estudio y profesora de neurología veterinaria y neurocirugía en la Universidad Estatal de Carolina del Norte.
Para llevar a cabo la investigación, Olby y su equipo realizaron un seguimiento de 88 perros mayores y geriátricos, tanto machos como hembras, de raza pura y mestizos, incluidos en el Estudio Longitudinal del Neuroenvejecimiento Canino. Los animales fueron incorporados al proyecto al alcanzar el 75% de la esperanza de vida correspondiente a su tamaño y raza, con una edad media de 12,7 años.
Los perros acudían al laboratorio durante tres días cada seis meses a lo largo del resto de sus vidas. En cada visita se sometían a una amplia batería de pruebas físicas, neurológicas, fisiológicas y ortopédicas, además de evaluaciones de cognición, movilidad, visión, audición y fuerza.
Paralelamente, los propietarios completaban cuestionarios sobre la salud y el comportamiento de sus mascotas. Entre ellos figuraban la Escala de Demencia Canina (CADES), utilizada para medir el deterioro cognitivo, y el Inventario Breve de Dolor Canino (CBPI), destinado a evaluar la presencia de dolor crónico.
Una de las pruebas clave consistía en analizar la velocidad de marcha y la longitud de la zancada. Para ello, los perros caminaban libremente por una pasarela de cinco metros mientras eran guiados con una correa floja por los investigadores. Durante el recorrido no recibían estímulos verbales, premios ni ningún otro elemento de motivación externa.
Los científicos estudiaron dos parámetros principales: la longitud media absoluta de la zancada y la longitud media relativa, ajustada al tamaño corporal de cada animal. Los resultados mostraron que la longitud relativa de la zancada de las patas delanteras tendía a disminuir con el paso de las visitas.
Sin embargo, cuando los investigadores analizaron conjuntamente la edad y el estado cognitivo, comprobaron que la reducción de la zancada no estaba asociada de forma significativa al envejecimiento por sí solo. Por el contrario, se relacionaba con un empeoramiento de las puntuaciones obtenidas en la escala CADES.
Los datos revelaron que por cada aumento de 10 puntos en la escala CADES, la longitud relativa de la zancada de las patas delanteras disminuía un 1,2%. En cambio, la longitud relativa de la zancada de las patas traseras no mostró variaciones significativas ni con la edad ni con el deterioro cognitivo.
Para los investigadores, este hallazgo resulta especialmente llamativo. “Resulta fascinante observar que el deterioro cognitivo afecta de manera diferente a las patas delanteras y traseras. En los perros, las patas traseras son importantes para avanzar, mientras que las delanteras también permiten cambiar de dirección e iniciar el frenado”, señala Olby.
La experta explica que la corteza cerebral integra una mayor cantidad de información sensorial en los circuitos neuronales responsables de los movimientos de las patas delanteras. Por ello, la pérdida de integración sensoriomotora asociada al deterioro cognitivo tendría un mayor impacto sobre estas extremidades.
El estudio también puso de manifiesto que el dolor crónico influye en la marcha de los animales. Los perros con puntuaciones más elevadas en el CBPI presentaban igualmente una menor longitud relativa de la zancada de las patas delanteras, lo que indica que el dolor puede agravar las alteraciones locomotoras observadas en estos pacientes.
A la vista de los resultados, los autores concluyen que la longitud de la zancada de las patas delanteras constituye una medida objetiva de movilidad capaz de reflejar los cambios asociados al deterioro cognitivo relacionado con la edad y, en menor medida, al dolor crónico.
Aunque reconocen que otros factores, como los problemas ortopédicos o las enfermedades de la columna vertebral, también pueden influir en este parámetro, consideran que podría convertirse en una herramienta útil para el seguimiento clínico de los perros mayores.
Los investigadores subrayan que una reducción en la longitud de la zancada no debe interpretarse automáticamente como un signo de demencia, ya que puede estar relacionada con otras patologías tratables.
“Si los propietarios notan que la zancada de la pata delantera de su perro se acorta, deben acudir al veterinario, ya que existen posibles causas alternativas, como dolor artrítico o problemas de cuello, que pueden tratarse”, recomienda Olby.
La especialista añade que, en caso de confirmarse un diagnóstico de deterioro cognitivo, existen diferentes intervenciones relacionadas con el estilo de vida que pueden ayudar a mejorar la calidad de vida del animal, aunque actualmente no exista una cura para esta enfermedad.
Los resultados abren así la puerta a que la observación de cambios en la marcha, y en particular el acortamiento de la zancada de las patas delanteras, pueda convertirse en una valiosa señal de alerta temprana para identificar y monitorizar la evolución de la demencia canina.