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MASCOTAS

Analizar el ADN de un cachorro de perro puede predecir su temperamento

Un nuevo estudio ha determinado que analizar el metiloma del ADN de un cachorro de perro puede ayudar a predecir lo enérgico o miedoso que será

Gracias al ADN de un cachorro de perro se puede predecir su temperamento futuro.
Gracias al ADN de un cachorro de perro se puede predecir su temperamento futuro.

Analizar el ADN de un cachorro de perro puede predecir su temperamento

Un nuevo estudio ha determinado que analizar el metiloma del ADN de un cachorro de perro puede ayudar a predecir lo enérgico o miedoso que será

Redacción - 16-12-2022 - 11:34 H - min.

Los perros son animales que pueden tener caracteres muy distintos. Así, por ejemplo, pueden ser reservados o amistosos, juguetones o tranquilos, temerosos o atrevidos, y propensos a ladrar o buscar. La investigación ha demostrado que algunas de estas diferencias están determinadas genéticamente.

Sin embargo, incluso dentro de una misma raza canina, donde la cría y la selección han provocado la pérdida de gran parte de la variación genética original, el comportamiento de los individuos puede diferir mucho.

Ahora, un equipo de investigadores ha publicado un estudio en Frontiers in Psychology que demuestra que parte de las diferencias de temperamento —en particular su nivel de “energía” y los comportamientos relacionados con el miedo— dependen de diferencias adquiridas en el epigenoma.

Así, explican que el epigenoma, un conjunto único de etiquetas químicas en el ADN y sus complejos de histonas asociados (nucleosomas), puede aumentar o disminuir la expresión de genes locales. El epigenoma depende de la edad, la dieta, el ejercicio, el entrenamiento, la socialización y otros factores ambientales, puede influir en la actividad y el cableado de las células nerviosas y alterar así el comportamiento.

“Demostramos que el comportamiento de los perros está relacionado con su epigenoma, en particular con la metilación del ADN. Nuestros resultados abren la puerta al uso de la epigenética para cribar y seleccionar los rasgos de comportamiento deseados en perros de compañía o de servicio”, afirma Matteo Pellegrini, autor del artículo y profesor de la Universidad de California en Los Ángeles.

CUESTIONARIO DE COMPORTAMIENTO

Pellegrini y el resto del equipo de investigadores cuantificaron las diferencias epigenéticas, genéticas y de comportamiento entre 46 perros hembras y machos de 31 razas diferentes, con una edad comprendida entre uno y 16 años.

Las diferencias de comportamiento se cuantificaron a partir de la calificación que los propietarios daban a su perro en el cuestionario Canine Behavioral and Research Assessment Questionnaire (C-BARQ), una herramienta estandarizada muy utilizada que consta de 101 preguntas.

Los investigadores utilizaron una forma de aprendizaje automático, la regresión de mínimos cuadrados parciales (PLS), para identificar asociaciones significativas entre variantes genéticas o epigenéticas y rasgos de comportamiento.

Se sabe que el epigenoma difiere mucho entre tejidos. En principio, el tejido nervioso sería el mejor lugar para buscar asociaciones entre el comportamiento y el epigenoma. Pero para facilitar la recolección, los investigadores estudiaron el epigenoma de células epiteliales e inmunitarias obtenidas de frotis del interior de las mejillas de los perros.

Para este estudio de prueba de concepto, se centraron en la metilación del ADN, ya que es más fácil de cuantificar que otros tipos de marcas epigenéticas, por ejemplo, la metilación o acetilación de histonas.

LA EPIGENÉTICA INFORMA MÁS SOBRE COMPORTAMIENTO DEL PERRO

Los resultados mostraron que el epigenoma era mejor predictor del comportamiento que el genotipo en los sitios que midieron. Incluso dentro de la raza más representada, los pastores australianos, con 12 perros en la muestra, sólo dos de los 930 polimorfismos de un solo foco (SNP) examinados estaban fuertemente asociados a rasgos de comportamiento. Dos SNP del cromosoma 12 podían predecir en parte el grado de miedo a los extraños de un perro (es decir, miedo a las personas desconocidas).

Pero cuando los autores corrigieron el posible efecto de confusión de las diferencias de edad, las diferencias en la metilación del ADN entre perros explicaban una proporción mucho mayor de la variación observada en la energía, la búsqueda de atención, el miedo no social y el miedo a los extraños que las diferencias genéticas.

Estos resultados implican que el epigenoma ayuda a moldear las diferencias de comportamiento en los perros, incluso en tejidos que no forman parte del sistema nervioso.

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