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SÁB, 30/5/2020 | 8:58

ENTREVISTA

Joaquim Segalés

Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona e investigador del IRTA-CReSA

“La investigación en salud animal está infrafinanciada”

El catedrático veterinario Joaquim Segalés explica cómo dio el salto de la investigación en porcino a los coronavirus, los últimos avances científicos y el eterno problema de financiación que sufre la investigación veterinaria
El catedrático veterinario Joaquim Segalés explica cómo dio el salto de la investigación en porcino a los coronavirus, los últimos avances científicos y el eterno problema de financiación que sufre la investigación veterinaria

Joaquim Segalés

Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona e investigador del IRTA-CReSA

“La investigación en salud animal está infrafinanciada”

Francisco Ramón López - 07-02-2020 - 15:23 H

El nombre del veterinario e investigador español Joaquim Segalés ha resonado estos días tras publicarse un estudio sobre el nuevo coronavirus llevado a cabo por un grupo internacional en el que él participa. En el artículo científico realizan unas propuestas basadas en predicciones sobre cuál es el receptor o diana del virus, huéspedes intermediarios y un prototipo vacunal.

Segalés es catedrático del Departamento de Sanidad y Anatomía Animales de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), además de investigador adscrito al IRTA-CReSA, centro que dirigió del año 2012 al 2017.

Tras haberse doctorado en Veterinaria por la UAB (1996), Segalés se diplomó por el European College of Veterinary Pathologists (2000) y posteriormente por el European College of Porcine Health and Management (2004).

Su carrera ha estado íntimamente ligada al estudio de las enfermedades víricas porcinas, especialmente en infecciones por circovirus porcino 2 (PCV2). En este campo, Segalés es reconocido por el portal Expertscape como el mayor experto del mundo en enfermedades que afectan al cerdo.

El científico explica durante la entrevista cómo dio el salto de la investigación en porcino a los coronavirus, los últimos avances en la investigación del 2019-nCoV, y el eterno problema de financiación y de medios que sufre la investigación veterinaria, en comparación con otros campos.

P. Imagino que habrá habido en los últimos días mayor seguimiento del trabajo del grupo de investigación del IRTA-CReSA en el que trabajas después de la publicación de los avances en una posible vacuna contra el nuevo coronavirus.

R. Últimamente estamos más liados de lo normal. Al final el nuevo coronavirus no deja de ser algo desconocido para el gran público, también para los investigadores. Todo lo que es nuevo, hasta cierto punto, implica que ese desconocimiento da miedo, y el miedo causa alerta; lo que tenemos que evitar es llegar al pánico. Aunque es cierto que hay algunas noticias a veces parecen promoverlo.

De todas maneras, teniendo en cuenta su reciente descubrimiento, es cierto que a día de hoy hay bastantes datos en relación a este virus —y más habrá en los próximos días— y como mínimo tenemos algunas ideas básicas del mismo, algo que es bueno para encarar investigaciones futuras.

P. ¿Qué ideas se tienen ya del nuevo virus?

R. Como ya llevamos más de un mes de evolución desde la primera descripción de casos, eso implica que como mínimo ya se pueden asociar unos niveles de letalidad, es decir, cuántas personas enfermas acaban muriendo.

Uno de los miedos que había es que, teniendo el ejemplo del SARS de 2003, que llegó prácticamente al 10% de mortalidad, y el MERS, que aún genera brotes en la península arábiga, y que alcanza el 30%-35%, la letalidad fuera alta.

No obstante, de momento nos movemos en una letalidad de alrededor del 2%. Eso no quita gravedad a la situación, pero nos movemos en unos niveles de letalidad muy inferiores comparativamente.

El hecho de que el nuevo virus forme parte de la familia coronavirus implica que comparte unas características químicas y moleculares con otros miembros de la familia. Por tanto, a priori, sabemos cómo debemos enfocar un potencial desarrollo vacunal.

Sabemos que la proteína S, una proteína que da la imagen ultramicroscópica de puntas de una corona —de ahí el nombre de coronavirus—, es la diana que tenemos que focalizar para el desarrollo de vacunas.

A pesar de lo que sabemos de coronavirus, no quiere decir que el virus no vaya a continuar propagándose de forma relativamente fácil. Es cierto que cada día tenemos más casos, pero hay que recordar que estamos en una fase aún muy inicial de la epidemia. Seguramente llegará un punto en el que el número de nuevos casos irá disminuyendo, pero aún estamos en fase creciente.

P. Hablabas antes del SARS y del MERS; si algo tienen en común estos nuevos coronavirus que van surgiendo, es que son de origen animal, ¿no?

R. En ese sentido, para este nuevo coronavirus, honestamente, no tenemos una idea definitiva y clara de cuál puede ser el huésped intermediario. También asumimos que, al igual que el MERS y el SARS, probablemente el origen está en los murciélagos, porque hay secuencias de virus en murciélagos muy similares a este nuevo virus. Lo más lógico es que el salto de especie desde el murciélago al humano haya pasado por otra especie animal y, por tanto, no haya sido directo.

Ha habido mucho foco sobre las especies animales que había en el famoso mercado de Wuhan, pero aun así, a día de hoy, se desconoce cuáles había y en qué cantidad de forma específica. Con el SARS también costó, pero se observó que las civetas eran el huésped intermediario principal, y para el MERS son los dromedarios.

Hemos estado haciendo estudios de predicción —hay que recordar que estos estudios son orientativos— que sugerían que la civeta o el pollo podrían ser susceptibles de ser ese huésped intermediario para el nuevo coronavirus, pero habría que comprobarlo experimentalmente, por supuesto.

P. Tu carrera investigadora ha estado muy relacionada con el sector porcino, ¿cómo has terminado trabajando con coronavirus como el MERS?

R. Yo me he dedicado, y continúo dedicándome desde el año 1993, al mundo del porcino y a sus enfermedades infecciosas. Pero la vida te da sorpresas, y la sorpresa llegó en el año 2014, cuando era director del IRTA-CReSA, y recibí una llamada preguntando si en nuestro centro podíamos hacer un estudio con dromedarios.

Claro, cuando yo recibí la llamada le pregunte al personal responsable del animalario del CReSA: “oye, hay esta propuesta encima de la mesa, ¿podemos o no podemos?” En ese momento tampoco había ningún investigador concreto que pudiera liderar la investigación, y entre un compañero y yo mismo decidimos liderarla. Desde entonces llevamos 6 años trabajando con el MERS.

De hecho, estamos en un proyecto europeo, que finalizará dentro de un año, aproximadamente, donde hemos estado desde 2015. El mero hecho de estar en un consorcio internacional con grupos destacados de expertos en coronavirus nos ha permitido avanzar considerablemente en el conocimiento de estos virus.

Nuestra tarea principal ha sido desarrollar modelos animales, como el dromedario en su momento. Hemos probado otras especies, como el cerdo, el caballo o la oveja, que o no se infectan o se infectan mínimamente con el coronavirus del MERS.

Pero sí que hemos podido desarrollar la infección en llamas y alpacas. Estos son dos modelos experimentales que estamos utilizando para probar vacunas. De ahí también el interés de intentar establecer modelos animales para este nuevo coronavirus.

P. Imagino que habrás visto, después de dedicar buena parte de tu carrera a estudiar enfermedades porcinas, que cuando llega el momento en el que una enfermedad animal o afecta a los humanos o tiene un impacto económico muy grande, como la peste porcina africana, es cuando empieza a llegar el dinero y el reconocimiento de la población, ¿crees que se dedican los suficientes recursos a la sanidad animal?

R. Mi sensación particular es que la mayor parte de esfuerzos se destinan a proyectos de biomedicina. Puedo entenderlo, la parte humana es fundamental, pero si hablamos de las otras áreas que conforman el concepto Una sola Salud, donde la parte veterinaria y de ecología son fundamentales, creo que los fondos destinados no son equiparables.

La investigación en salud animal está infrafinanciada, incluso en lo relativo a enfermedades zoonóticas. Y eso hace que sea muy difícil avanzar. El problema es que gran parte de la financiación en este asunto se destina a proyectos relacionados específicamente con la protección del ser humano o a buscar productos para el ser humano. Cuando muchas veces lo mejor sería tratar en origen; y si el origen es animal, el foco debería estar en los animales, no tanto en las personas.

Estamos aún lejos de un nivel de financiación óptimo, sobre todo para casos como el del coronavirus. Fíjate que con unos compañeros de Estados Unidos hemos publicado unas propuestas basadas en predicciones sobre cuál era el receptor o diana del virus —algo que a día de hoy ya parece bastante claro—, huéspedes intermediarios y un prototipo vacunal; pero si no hay la financiación correspondiente, esto se quedará aquí, en una predicción y no lo podremos comprobar.

Nuestra preocupación es que ahora que tenemos unas posibilidades interesantes de ayudar de alguna manera a intentar buscar soluciones a esta nueva infección y si finalmente no conseguimos financiación no avanzaremos. Es una realidad sobre la que vamos a intentar luchar, pero no es descartable en este momento. Es difícil conseguir este tipo de financiación desde el lado veterinario.

P. Da la sensación de que cuando los investigadores veterinarios trabajáis en líneas como el desarrollo de vacunas en humanos para una enfermedad que ha saltado de los animales a las personas, estáis fuera de vuestro campo, y el público e incluso los gobiernos esperan más que esa investigación la realice un instituto o un centro de investigación biomédico con un bagaje más centrado en humanos.

R. Lo que pasa es que desde un punto de vista de volumen y masa crítica la parte veterinaria es muy pequeña comparada con la parte de biomedicina. Entonces, lo que sí está claro es que incluso desde la parte de biomedicina/medicina se debería contar mucho más con colaboraciones con el mundo veterinario.

Yo pienso, y lo comparo con hace 20 años, por ejemplo, que hemos mejorado mucho, no obstante. De hecho, estamos colaborando con distintos hospitales y centros de investigación de humana. Pero incluso así continuamos estando muy por debajo de lo que sería, a mi entender, idóneo o al menos razonable en cuanto a colaboración.

Creo que esto ocurre porque jugamos en una especie de liga donde la financiación está muy cara. Es extremadamente competitiva. Entonces, si la parte veterinaria es una parte relativamente pequeña, pues ahí es muy difícil llegar a competir con grandes grupos bien establecidos con muchos investigadores. Esa masa crítica que te decía.

Eso hace que, por ejemplo, en la Universidad de Berlín, ahora con los casos del nuevo coronavirus en Alemania, hayan sido capaces de secuenciarlo en tres días. Una secuenciación en tres días implica, primero, tener una capacidad tecnológica muy avanzada y, segundo, tener personal formado y disponible en un número muy significativo.

El problema en el ámbito veterinario es que, al ser pocos, también estamos muy fragmentados. Somos grupos pequeños, nos falta masa crítica para poder tomar estos retos mayúsculos y competir con los mejores en la biomedicina.

P. ¿En qué ‘liga’ juega entonces el IRTA-CReSA?

R. Si tú me preguntas por el ámbito de la sanidad animal estrictamente, yo pienso que, para algunas enfermedades (arbovirosis y algunas enfermedades del cerdo, por ejemplo), estamos jugando en la Champions, y en otras lo hacemos en primera división, que es lo que pretendemos al menos. Pero si nos comparamos a nivel mundial en el ámbito del concepto ‘One Health’ sí que quizás jugamos algo en la Champions (la parte de arbovirosis sobre todo), pero en muy pocas cosas.

Aquí también tiene que haber una concienciación importante de las administraciones para que cuando exista un problema de estas características se piense no solo en la parte médica, sino también en la veterinaria. Y tanto más importante aún es pensar en esto en tiempos de "paz", en la prevención y ausencia de crisis sanitarias.

Es que cuando existe la urgencia todo el mundo quiere una vacuna u otro producto terapéutico, cosa que es lógica. Pero muchos de estos productos, a efectos comerciales, tardan en llegar a un mercado entre 5 y 15 años. Otra cosa es tener un prototipo de vacuna que se pueda empezar a testar en un modelo animal. Eso se puede tener en términos de semanas o meses.

Como se necesita tiempo para todo, aquí es donde las administraciones tienen que ver las cosas con más antelación. Porque es cierto que no se puede saber si mañana surgirá un nuevo virus, pero si uno ya tiene desarrolladas técnicas, protocolos y tecnologías genéricas que se puedan aplicar, iremos mucho más rápido.

P. Comentabas antes que cuando se desata une epidemia tiende a generarse pánico y empiezan a circular noticias e información falsa o confusa, ¿crees que los investigadores os involucráis lo suficiente en divulgar para evitarlos?

R. Yo tengo la sensación de que el mundo veterinario en general, y aquí entorno el ‘mea culpa’, no hemos sido tradicionalmente muy comunicativos: hemos sido demasiado herméticos. No hemos tenido problemas en publicar en revistas científicas, pero hemos tenido muy poca visibilidad social.

No estamos demasiado en las redes y no comentamos demasiado. Incluso cuando hay una crisis alimentaria, casi siempre son médicos los que salen a la luz pública, cuando un veterinario debería jugar un papel fundamental en la comunicación y gestión de crisis, y no hemos sido capaces tradicionalmente.

Esto lo he vivido en los últimos 25 años en el sector porcino. Este sector tiene un peso específico extremadamente grande, pero anuncios por televisión o en periódicos, o que salgan veterinarios de porcino explicando cosas, ocurre mínimamente. En cambio, grupos animalistas en contra de la producción animal salen rapidísimamente, y "gritan" mucho más que nosotros.

Eso hace que a la larga incluso el propio ciudadano no tenga la percepción de cuán importante es el mundo veterinario realmente.

P. Volviendo al tema del coronavirus, ya están circulando algunos bulos relativos al papel que juegan los animales de compañía en su trasmisión. También se han producido declaraciones, como las de la Real Sociedad Canina de España (RSCE) durante la presentación del World Dog Show en Madrid, en las que se afirmaba que el primer coronavirus apareció en los perros, ¿qué hay de cierto en esto?

R. Este tipo de información puede ser cierta, pero se puede interpretar mal muy fácilmente. Porque una cosa es que cronológicamente un primer coronavirus se describa en una especie determinada, pero eso no quiere decir, ni tiene nada que ver, con que surjan otros coronavirus o se descubran a posteriori otros que afecten a otras especies.

A veces somos muy simples y asociamos cosas, y si en un momento dado alguien dice: “el primer coronavirus se encontró en un perro”; como ahora estamos hablando de un coronavirus nuevo, ya está, entonces “este coronavirus viene del perro”.

Estas asociaciones tan simples y tan falsas rápidamente hacen poso. Por eso hay que salir a desmentir estas noticias, que además, a día de hoy, con todos los medios de comunicación existentes, hacen muy fácil generar un bulo y que este se mantenga y se propague. Hay que pararlo, porque si no, cuando la bola es muy grande, la sociedad tiende a estar confusa y no sabe quien está diciendo la verdad.

P. Al final se ven fallos de base, ¿no? Por ejemplo, la gente le llama coronavirus a este nuevo virus, como si fuera una especie, cuando es una familia.

R. En verdad, existe la familia Coronaviridae donde se incluyen múltiples especies del género coronavirus. Estos coronavirus afectan generalmente a especies de forma específica, o a varias.

Por ejemplo, en el cerdo tenemos múltiples coronavirus, le afectan hasta cuatro distintos que, presuntamente, no afectan a la especie humana. En otras muchas especies también tenemos coronavirus. No obstante, ahora estamos preocupados por uno nuevo que se asume que ha saltado desde el mundo animal hacia las personas y que se está propagando entre humanos, de ahí esa importancia. Es importante que sepamos explicar los conocimientos y los temas científicos a la sociedad.

P. Algunos medios ya hablan de que se están disparando las ventas de mascarillas para perros, a pesar de que incluso la Organización Mundial de la Salud ha lanzado algunos carteles explicando que no hay evidencia, de momento, de que este nuevo coronavirus afecte a perros o gatos o se transmita desde estos animales, ¿qué le dirías a los propietarios de animales de compañía para tranquilizarlos?

R. Yo, definitivamente, teniendo en cuenta que, a día de hoy, la mayor parte de los casos de infección existentes tienen que ver con transmisión de humano a humano, el riesgo más grande en último caso es que un humano lo transmita a un animal.

Aquí la cuestión es: ¿sabemos qué animales son realmente susceptibles a este virus? La respuesta es que no, no lo sabemos aún. Entonces, no tiene ningún sentido proteger a animales de nuestro entorno cuando no sabemos si son susceptibles, y lo más probable es que no lo sean. Y, encima, en un entorno donde el nuevo coronavirus no se encuentra.

Y en España, incluso teniendo en cuenta el caso confirmado en La Gomera, no estamos en ese escenario. Es alarmista pensar que tenemos que protegernos a nosotros, a nuestras mascotas o a quien sea del nuevo coronavirus en el actual contexto epidemiológico europeo. Al menos de momento.

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