Desde el software líder en gestión de clínicas veterinarias afirman que las herramientas digitales utilizadas en la práctica diaria deben ser rigurosamente examinadas para garantizar su seguridad
Provet Cloud analiza los principales riesgos del uso de la IA en medicina veterinaria y cómo afrontarlos
Desde el software líder en gestión de clínicas veterinarias afirman que las herramientas digitales utilizadas en la práctica diaria deben ser rigurosamente examinadas para garantizar su seguridad
Redacción -
05-11-2025 - 17:00 H -
min.
La inteligencia artificial (IA) se ha apoderado rápidamente de la industria veterinaria, impulsando una amplia gama de herramientas clínicas y administrativas. Aunque estos sistemas prometen grandes avances y muchas de sus aplicaciones resultan realmente útiles, detrás de esta innovación se esconden numerosas preocupaciones que los profesionales veterinarios no deben pasar por alto.
En este sentido, desde Provet Cloud, el software líder en gestión de clínicas veterinarias de Nordhealth, recuerdan que “las herramientas digitales utilizadas en la práctica diaria deben someterse a un examen riguroso que garantice su seguridad y fiabilidad”. Con este objetivo, han elaborado un análisis de los principales riesgos emergentes del uso de la IA en medicina veterinaria, junto con estrategias prácticas para abordar esta nueva frontera tecnológica.
Uno de los primeros desafíos identificados es el uso excesivo de la IA, que puede afectar al juicio clínico y al pensamiento crítico cuando las clínicas dependen demasiado de las sugerencias generadas por los sistemas automatizados. “La tentación de la eficiencia y la rapidez es comprensible, pero estas herramientas tienden a priorizar el reconocimiento de patrones sobre otros contextos importantes, como el historial del paciente, las particularidades de la raza o las preferencias del cliente”, explican desde el software, recordando que la IA debe servir como apoyo a la toma de decisiones clínicas, nunca como sustituto.
Otra de las preocupaciones destacadas es la posibilidad de que las experiencias con los clientes se vuelvan impersonales. Y es que, si bien las herramientas basadas en IA alivian las tareas administrativas, también pueden hacer que la comunicación se perciba fría o automática. “Cuando los clientes sienten que interactúan con un sistema en lugar de con el equipo veterinario de confianza, la relación y la satisfacción pueden resentirse”, advierten desde Provet Cloud.
La calidad del entrenamiento de los modelos de IA representa otro punto crítico, ya que la mayoría de las herramientas veterinarias actuales son relativamente nuevas y aún se encuentran en proceso de aprendizaje. “Los algoritmos suelen entrenarse con conjuntos de datos limitados que pueden omitir variables clave del mundo real, lo que aumenta el riesgo de resultados inexactos o de que se pasen por alto sutilezas clínicas importantes”, apuntan.
En este sentido, desde el software advierten de que “la eficacia de una herramienta de IA depende directamente de la calidad y transparencia de los datos utilizados para entrenarla”, por lo que la ausencia de información sobre su funcionamiento o validación puede generar dudas sobre su fiabilidad.
También subrayan la importancia de la seguridad y la propiedad de los datos, pues la IA puede acceder a información privada sensible, como historiales médicos, datos financieros o comunicaciones con los clientes, lo que plantea interrogantes sobre su almacenamiento, protección y uso. “Asociarse con proveedores que no prioricen la seguridad puede exponer a las clínicas a violaciones de privacidad o ciberataques”, advierten desde Provet Cloud.
La integración deficiente de las herramientas es otro riesgo frecuente. Aquí hacen referencia a las soluciones de IA que se añaden como extensiones a los sistemas existentes, en lugar de integrarse plenamente en el software de gestión clínica, lo que provoca que puedan surgir problemas de seguridad, políticas de uso y flujos de trabajo fragmentados. Estas dificultades, además de aumentar la carga administrativa, pueden derivar en errores en la entrada de datos y reducir la eficiencia general del equipo.
A ello se suma la posibilidad de obtener resultados de baja calidad. “Incluso cuando las herramientas funcionan según lo previsto, pueden ofrecer información genérica o confusa, dificultando la interpretación del diagnóstico y obligando a los veterinarios a corregir o revisar los resultados. En estos casos, el ahorro de tiempo prometido no se cumple y la coherencia con los estándares clínicos o la identidad de la clínica puede verse afectada”, apuntan.
La falta de supervisión regulatoria agrava parte de estos problemas. En regiones como Estados Unidos o Canadá existen directrices sobre el uso seguro de la IA, pero no una autoridad que regule oficialmente su desarrollo, validación o aplicación. Esta ausencia de control genera una zona gris en la que las clínicas podrían adoptar productos no probados o que realizan afirmaciones sin fundamento sobre su rendimiento.
Los sesgos en los algoritmos y las diferencias en el acceso a la atención también son motivo de preocupación, pues una herramienta puede ofrecer buenos resultados en una población concreta, pero fallar en otras debido a limitaciones en los datos de entrenamiento. Además, los costes de la tecnología pueden dificultar su adopción en clínicas de zonas marginadas, ampliando la brecha en el acceso a la atención veterinaria.
Pese a estos riesgos, para Provet Cloud, el uso responsable de la IA puede aportar numerosos beneficios a la práctica veterinaria. En general, desde el software recomiendan “tratar la IA como una herramienta complementaria en la que la experiencia humana siga siendo central en la toma de decisiones clínicas”. En este sentido, aconsejan optar por soluciones integradas o nativas, evitando sistemas externos que generen trabajo adicional, y exigir siempre transparencia a los proveedores sobre fuentes de datos, protocolos de entrenamiento, pruebas de precisión y limitaciones.
En este ámbito, recuerdan que la educación del equipo resulta esencial. Por ello, en Provet Cloud subrayan la importancia de “ofrecer formación específica sobre el uso de nuevas herramientas de IA o sobre aplicaciones generativas como ChatGPT”, estableciendo pautas claras sobre cuándo, cómo y por qué utilizarlas en la práctica diaria. Además, recomiendan monitorear de forma continua el rendimiento de estas herramientas, detectar errores o ineficiencias y reconsiderar su utilidad si no contribuyen a mejorar la calidad ni la eficiencia del trabajo clínico.
Por último, reivindican que la comunicación con los clientes se mantenga transparente, y recomiendan que, si una herramienta de IA participa en el proceso de atención, los clientes sean informados y tengan la posibilidad de optar por no participar, con la garantía de que las decisiones clínicas siempre serán tomadas por profesionales humanos.
“Implicarse en las iniciativas de las organizaciones veterinarias que están definiendo marcos éticos para el uso de la IA es clave para avanzar hacia una adopción segura y responsable”, concluyen desde el software, destacando que la colaboración del sector es esencial para desarrollar políticas que beneficien tanto a las clínicas como a los pacientes.