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El cambio climático hace que el peligro de la procesionaria del pino para las mascotas también esté presente en pleno invierno

Desde Calier han advertido de que el riesgo sanitario asociado a esta especie está aumentando porque el cambio climático está modificando de forma profunda su ciclo biológico

Calier advierte que el cambio climático está modificando de forma profunda el ciclo biológico de la procesionaria del Pino.
Calier advierte que el cambio climático está modificando de forma profunda el ciclo biológico de la procesionaria del Pino.

El cambio climático hace que el peligro de la procesionaria del pino para las mascotas también esté presente en pleno invierno

Desde Calier han advertido de que el riesgo sanitario asociado a esta especie está aumentando porque el cambio climático está modificando de forma profunda su ciclo biológico

Redacción - 16-02-2026 - 17:00 H - min.

La procesionaria del pino, la oruga del lepidóptero Thaumetopoea pityocampa, se ha consolidado como una de las plagas forestales más relevantes del Mediterráneo y, al mismo tiempo, como un peligro creciente para los animales de compañía.

Teniendo esto en cuenta, desde el laboratorio veterinario Calier advierten que el cambio climático está modificando de forma profunda su ciclo biológico, lo que está incrementando el riesgo sanitario asociado a esta especie.

Y es que, desde el laboratorio recuerdan que en la última década se ha observado un adelanto significativo en la aparición de estas orugas. De hecho, en algunas zonas de España, estas han pasado de detectarse en abril a aparecer ya en enero o febrero, un fenómeno que atribuyen al aumento de las temperaturas y a la disminución de episodios de frío intenso.

Estos factores, señalan, aceleran el desarrollo larvario y favorecen una mayor actividad de las orugas. Además, los inviernos suaves permiten que permanezcan activas durante más tiempo, prolongando varios meses el periodo de riesgo. Como consecuencia directa, desde Calier subrayan que el contacto con personas y mascotas es ahora más frecuente en parques, jardines y entornos urbanos.

El riesgo sanitario radica en que estas larvas están cubiertas por pelos urticantes, denominados tricomas, que contienen una toxina capaz de provocar reacciones graves incluso sin contacto directo con la oruga. Tal y como detallan, basta con que estos pelos queden suspendidos en el aire o depositados sobre superficies para desencadenar una reacción.

En personas, la exposición puede provocar irritación intensa en piel, ojos, nariz y garganta, además de reacciones alérgicas y problemas respiratorios severos, aunque desde Calier alertan de que en perros el peligro es aún mayor.

En estos casos, el contacto puede causar inflamación severa de nariz, labios y hocico, vómitos y salivación intensa, así como necrosis de lengua o garganta, que puede desarrollarse rápidamente. También pueden aparecer dolor agudo y fiebre, e incluso un shock anafiláctico potencialmente mortal.

CONSEJOS EN CASO DE QUE UN PERRO ENTRE EN CONTACTO CON UNA ORUGA PROCESIONARIA

Desde Calier recuerdan que las medidas de primeros auxilios tras un posible contacto no sustituyen la atención veterinaria, pero pueden ayudar a minimizar el daño mientras se acude a la clínica. Entre los consejos compartidos, instan a no frotar la zona afectada, ya que al hacerlo se liberan más tricomas y se agrava la reacción, pudiendo clavarse más profundamente en la piel o las mucosas.

Lo que recomiendan desde el laboratorio es lavar con agua tibia, sin presión y sin restregar, manteniendo un flujo suave para retirar los pelos sin romperlos y reducir el tiempo de contacto. También aconsejan retirar los tricomas visibles utilizando guantes o pinzas, evitando manipular con las manos desnudas y sin emplear toallas ni algodón, ya que pueden fragmentar los pelos urticantes.

Por otro lado, destacan que es fundamental impedir que el animal se lama, dado que la lengua es una de las zonas más afectadas y la necrosis puede aparecer en pocas horas, por lo que minimizar el contacto con la mucosa oral resulta esencial.

En cualquier caso, desde Calier insisten en acudir inmediatamente al veterinario, ya que una atención precoz puede evitar complicaciones graves y, en situaciones de reacción anafiláctica, será necesaria la administración de medicación específica.

Desde Calier concluyen que la procesionaria ya no es un problema exclusivo de la primavera. El calentamiento global ha adelantado su aparición y hoy representa un riesgo real para animales y personas “incluso en pleno invierno”. Por ello, remarcan que conocer sus efectos, identificarla a tiempo y saber cómo actuar puede ser determinante para salvar la vida de una mascota.

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