LUNES, 14 de septiembre 2026

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Investigadores españoles participan en un estudio que evidencia el impacto de los rodenticidas anticoagulantes en aves rapaces de la Patagonia

Los análisis toxicológicos mostraron que el 18,2% de las aves rapaces analizadas presentaron residuos de rodenticidas en el hígado

Ejemplar de búho concón.
Ejemplar de búho concón.

Investigadores españoles participan en un estudio que evidencia el impacto de los rodenticidas anticoagulantes en aves rapaces de la Patagonia

Los análisis toxicológicos mostraron que el 18,2% de las aves rapaces analizadas presentaron residuos de rodenticidas en el hígado

El avance de las áreas urbanas sobre los bosques nativos de la Patagonia argentina ha generado una convivencia estrecha entre seres humanos, roedores y depredadores silvestres. Ante el temor al virus Andes (ANDV), causante del síndrome pulmonar por hantavirus, la población y algunas instituciones locales recurren de manera habitual al uso de rodenticidas anticoagulantes de segunda generación (SGARs), unos venenos altamente persistentes y bioacumulables.

Un estudio científico, llevado a cabo por investigadores de Argentina, Estados Unidos y España, y con la participación del Grupo de Investigación en Toxicología de Fauna Silvestre del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC – CSIC, UCLM, JCCM), ha revelado que esta medida de control químico esconde una grave amenaza para la biodiversidad regional: los rodenticidas se están acumulando en los tejidos de las aves rapaces de la Patagonia.

Los investigadores resaltan que la ausencia de redes de vigilancia toxicológica en América Latina había invisibilizado este impacto durante décadas, a pesar de que el contacto entre la fauna silvestre y las áreas urbanas es cada vez mayor.

La investigación tuvo como objetivo evaluar la exposición a rodenticidas en aves rapaces halladas muertas en el norte de la Patagonia argentina. Además, el equipo científico del IREC propuso desarrollar un método de diagnóstico innovador basado en la medición de la vitamina K1 en el hígado de las aves, ya que los rodenticidas anticoagulantes actúan precisamente bloqueando esta vitamina, indispensable para el proceso de coagulación de la sangre.

Los análisis toxicológicos mostraron que el 18,2% de las aves rapaces analizadas presentaron residuos de rodenticidas en el hígado. Entre los compuestos detectados, el brodifacoum fue el más frecuente (18,2%), seguido de la bromadiolona (9,1%). También se detectaron difenacoum, flocoumafen y difetialona. La mitad de las aves expuestas tenían más de un tipo de rodenticida acumulado en sus órganos.

La investigación demostró que la exposición a los rodenticidas está directamente vinculada con el nivel de urbanización: la exposición a estos venenos fue mayor en zonas con más proporción de áreas urbanas en un radio de 5 kilómetros alrededor del punto de recogida del ave.

Además, la acumulación del tóxico afectó a especies con dietas muy diversas. Aunque se podría pensar que las especies especialistas en comer roedores, como la lechuza de campanario (Tyto furcata), son las únicas afectadas, los residuos también aparecieron en depredadores de aves como el peuquito o gavilán austral (Astur chilensis) y en carroñeros generalistas como el chimango (Daptrius chimango) y el jote cabeza negra (Coragyps atratus), que consumen desperdicios y presas expuestas en vertederos urbanos.

Primeras evidencias del impacto de los rodenticidas anticoagulantes en aves rapaces de América Latina (Patagonia argentina)

Resumen gráfico del trabajo de investigación

HEMORRAGIAS LETALES

El caso más extremo documentado fue el de un tucuqueré o búho magallánico (Bubo magellanicus) hallado en Bariloche sumamente débil y sangrando por las fosas nasales, que murió poco después de ser encontrado. El análisis de su hígado reveló una concentración masiva de rodenticidas (1212,5 ng/g) y una disminución extrema de sus niveles de vitamina K1 (0,7 ng/g).

Al comparar estos resultados con modelos probabilísticos de toxicidad internacionales, se evidenció que el 75% de las aves con residuos de rodenticidas en su organismo superaban el umbral que conlleva un 50% de probabilidad de sufrir hemorragias letales. Incluso con niveles bajos de exposición, las aves sufren efectos subletales como debilidad física y desorientación, lo que incrementa su susceptibilidad a ser atropelladas, chocar con cables o sufrir accidentes.

Para superar las dificultades históricas del diagnóstico de estas intoxicaciones en animales muertos, los investigadores desarrollaron una técnica analítica que extrae simultáneamente los rodenticidas y la vitamina K1 del hígado. Al aplicar este biomarcador, confirmaron que las aves con residuos de veneno presentaban niveles drásticamente reducidos de vitamina K1. Esto proporciona una herramienta forense de alto valor para confirmar muertes por envenenamiento en la fauna silvestre.

Los hallazgos de este estudio muestran que el uso desmedido de rodenticidas puede resultar poco eficiente y contraproducente a largo plazo. Por un lado, los roedores, gracias a sus rápidas tasas de reproducción, desarrollan fácilmente resistencia genética a los venenos. Por otro lado, si los rodenticidas están contribuyendo a reducir las poblaciones de aves rapaces, que regulan las poblaciones de ratones, se está perdiendo un servicio ecosistémico clave en la Patagonia.

“La conservación de las aves rapaces no es solo un imperativo ético, sino una solución basada en la naturaleza para proteger la salud pública, que demuestra que cuidar de los depredadores es cuidar de nosotros mismos”, señala Rafael Mateo, investigador del IREC y del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC).

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