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ANIMALADAS

El veterinario que probó en juicio las secuelas psicológicas en una yegua violada

El examen pericial del etólogo veterinario Tomàs Camps ha permitido demostrar las secuelas en el comportamiento provocadas a una yegua que fue maltratada y abusada sexualmente, algo que ha contribuido a endurecer la condena

El etólogo veterinario Tomàs Camps.
El etólogo veterinario Tomàs Camps.

El veterinario que probó en juicio las secuelas psicológicas en una yegua violada

El examen pericial del etólogo veterinario Tomàs Camps ha permitido demostrar las secuelas en el comportamiento provocadas a una yegua que fue maltratada y abusada sexualmente, algo que ha contribuido a endurecer la condena

Francisco Ramón López - 13-11-2020 - 00:14 H

La pasada semana, el juzgado de lo penal número uno de Palma de Mallorca condenaba a dos años de cárcel a un hombre por dos delitos de maltrato a dos yeguas, madre e hija, a las que además agredió sexualmente. Esta es la máxima pena por maltrato que contempla el código penal, que sitúa en un año la condena máxima si no se produce la muerte del animal.  

En este caso, además, ha ocurrido algo fuera de lo común, y es que la sentencia ha tenido en cuenta, además del daño físico, las secuelas psicológicas de uno de los animales, para lo que contaron con un informe pericial realizado por un veterinario experto en etología, que examinó a las dos yeguas, aunque concluyó que solo una tenía secuelas.

Animal's Health ha hablado con Tomàs Camps, el veterinario experto en etología encargado del examen pericial, y también con el letrado Manuel Molina, de la Asociación Balear de Abogados por los Derechos de los Animales, que ha ejercido la acusación popular.

Molina ha señalado que “no es habitual encontrarse ante un caso así” y que es el primero del que tiene constancia en el que un juez ha admitido que el daño y las secuelas que puede sufrir un animal maltratado pueden ir más allá de lo físico.

En este sentido, explica que el delito de maltrato animal recoge que para que haya delito tiene que haber un menoscabo grave de la salud, pero no especifica si este menoscabo tiene que ser físico o psíquico. “No dice más”, insiste, y apunta que precisamente por esto decidieron “innovar” a la hora de abordar este caso.

Fue en ese momento cuando recurrieron a Camps, que ejerce en el centro veterinario de referencia en etología de la zona de Mallorca Etovets. El objetivo de la acusación popular era “sumar” la mayor cantidad de pruebas del daño infligido a las yeguas y demostrar que no solo habían sufrido maltrato físico, sino que habían sido también abusadas sexualmente y ambos actos habían provocado en ellas un daño psicológico.

Además, el abogado remarca que también es novedoso en esta sentencia que se haya conseguido que la condena contemple el abuso sexual y el delito de maltrato para cada uno de los animales. Y es que lamenta que todavía es común ver que cuando una persona maltrata a varios animales, ya sean de la misma zona o del mismo propietario, la tendencia es condenar por un solo delito, sin tener en cuenta el número de animales que ha sufrido el ilícito.

Molina celebra el hecho de que se haya conseguido acreditar el daño psicológico y que también se haya tenido en cuenta el abuso sexual, ya que ha contribuido a conseguir la pena máxima, por lo que considera que en este sentido ha sido un éxito. Sin embargo, admite que todavía queda mucho camino por recorrer y lamenta que el código penal no deje ir más allá de ese año por cada maltrato.

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    Tomàs Camps durante el examen de una de las yeguas

EL PAPEL DEL VETERINARIO EN EL MALTRATO ANIMAL

El veterinario explica cómo realizó el examen pericial, aclarando que en su campo se prefiere marcar la diferencia con la psicología humana y utilizar otros términos en lugar de daño o secuelas psicológicas, como pueden ser secuelas en la conducta o etológicas, y recuerda que es importante que en los animales se tenga en cuenta este daño permanente en el comportamiento que puede dejar este tipo de maltratos.

Y es que el etólogo asegura que a la yegua más joven le han quedado secuelas graves, aunque no a la más mayor.  “Tiene un miedo muy intenso a las personas”, indica, y lamenta que el pronóstico para su recuperación no es bueno.  Para poder evaluar el estado de la yegua, el experto veterinario se decantó por un test de aproximación y provocación para medir su tolerancia a las personas. Además, aplicó este test en dos entornos diferentes, primero en uno neutral, y unos meses después en el lugar donde habían sucedido los hechos.

“Lo que pudimos observar es que la yegua más joven mostraba un miedo a las personas en ambos entornos, pero el miedo era aún más intenso donde habían sucedido los hechos”, señala. Esto para el veterinario demuestra que lo que ocurrió allí ha tenido un papel determinante en ese miedo que padece el animal y que ha sido consecuencia de lo sucedido. “Lo ha contextualizado”, añade el veterinario.

Camps cree que la yegua más pequeña, que era muy joven cuando sucedieron los hechos, ha sufrido secuelas más graves porque además fue abusada de una forma más cruel, ya que al no tener el condenado un acceso sencillo al animal recurrió a un objeto punzante para agredirla sexualmente vía vaginal y anal.

El veterinario reconoce que en España aún es poco común valorar las secuelas en el comportamiento del maltrato, y además advierte que incluso en las pocas veces que se hace, no siempre se tienen en cuenta. Así ocurrió con una compañera etóloga, cuyo informe pericial acreditaba una fobia social en un perro supustamente maltratado, pero este no fue aceptado por la Audiencia Provincial de Lugo. 

No obstante, es optimista y cree que la situación irá mejorando. “Estoy seguro de que esto cada vez será más común, porque es muy necesario”, defiende, y se muestra esperanzado con que, en un futuro, se introduzca más formación específica en etología en las facultades de veterinaria para que cualquier compañero de la profesión tenga suficientes nociones de comportamiento y de bienestar animal para realizar peritajes de este tipo, algo que admite, que a día de hoy, “por desgracia” todavía no es posible.

SECUELAS DE POR VIDA EN LA CONDUCTA DEL ANIMAL

Asimismo, el veterinario recuerda que en ocasiones este tipo de secuelas emocionales que sufren los animales, igual que en los humanos, terminan condicionando más su vida que el propio daño físico que hayan podido padecer. Además, insta a no centrarse exclusivamente en las secuelas que deja el maltrato, sino también en el propio acto en sí, algo que ya ve como un delito.

El veterinario explica que su informe pericial es una de las muchas pruebas que se presentaron contra el agresor, que incluso fue grabado en vídeo, y señala que también se documentaron daños físicos con informe veterinario en la zona anal y vaginal de las yeguas, por lo que el caso de maltrato estaba bastante acreditado desde diferentes posiciones.

Sin embargo, Camps recuerda que en otros casos en los que el maltrato físico no haya sido tan flagrante, el peritaje de comportamiento podrían ser la única prueba y signo clínico evidente de que se ha cometido un abuso, por lo que sería una herramienta muy útil para perseguir estos delitos.

“Imagina que tienes una yegua, un perro o un gato que está perfectamente, pero que en el día de mañana observas que de repente el animal empieza a tener miedo a las personas. Esto te puede hacer sospechar que ha habido un evento negativo que le ha hecho asociar a las personas con dolor o miedo”, señala.

El veterinario, celebra la condena y el hecho de que se cuente con la colaboración de la profesión veterinaria para perseguir este tipo de conductas, tanto desde el punto de vista físico como psicológico.

Finalmente, recuerda que en estos casos los veterinarios son también claves para proteger a la sociedad, pues combatiendo el maltrato animal no solo se está defendiendo a los animales, sino que también se previenen este tipo de comportamiento reprochables con las personas. “Hay abundante evidencia científica de esto”, concluye.

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    Camps cree que la yegua más pequeña ha sufrido secuelas más graves

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