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ANIMALADAS

Un proyecto lleva asistencia veterinaria a una isla del Pacífico

El proyecto Pacific Hope ha llevado a un equipo de auxiliares de veterinaria y veterinarios españoles a la isla de Nomuka para controlar la superpoblación de perros de la comarca. Además, también ha intentado fomentar un mejor vínculo entre las personas y los perros

Un proyecto lleva asistencia veterinaria a una isla del Pacífico

Un proyecto lleva asistencia veterinaria a una isla del Pacífico

El proyecto Pacific Hope ha llevado a un equipo de auxiliares de veterinaria y veterinarios españoles a la isla de Nomuka para controlar la superpoblación de perros de la comarca. Además, también ha intentado fomentar un mejor vínculo entre las personas y los perros

Isabel Gómez - 15-06-2018 - 14:00 H

Un equipo multidisciplinar con participación española ha llevado a cabo un proyecto para llevar asistencia veterinaria a zonas remotas del Oceáno Pacífico para mejorar la situación de los animales y de las personas. El equipo de Pacific Hope ha estado formado por tres veterinarios y dos auxiliares que han ido a Nomuka, una isla que pertenece al Reino de Tonga y que se encuentra en el Pacífico. Su labor principal ha sido la de castrar a la superpoblación canina que habitaba en la isla.

Según explica a Animal's Health Marta Pedraja, veterinaria licenciada en la Universidad Complutense de Madrid y directora científica y médica en funciones del Proyecto de Cooperación Veterinaria al Desarrollo Pacific Hope, este proyecto ha trabajado tres pilares fundamentales. Uno de ellos ha sido el control poblacional de los perros mediante la castración quirúrgica (se ha podido atender a más de 70 perros). Otro de diagnóstico y tratamiento de las enfermedades que tenían estos animales, y por último, un pilar de concienciación y de educación que se hizo con las personas más influyentes de la isla y en las escuelas.

La población de Nomuka está formada por unas 350 personas. Es una isla muy pequeña, con una infraestructura muy básica con una escuela, un centro médico con una única enfermera o una comisaría con tan solo un par de policías, pero que tiene una superpoblación de perros estimada en unos 200 canes. El trato que tienen estos ciudadanos con los perros de esta isla no es el mismo que se tiene en Occidente. Allí estos animales forman parte del entorno y viven de forma salvaje en la isla. La comunidad no les da cariño y no sacan nada productivo de ellos como sí pasa con los cerdos o con los caballos.

LABOR DE LOS VETERINARIOS

Según los participantes, los perros nunca habían tenido control veterinario. La población de la isla también tenía problemas de salud con los parásitos y problemas de convivencia con los perros, ya que atacaban al ganado. Por ello “la acción del veterinario no solo ha sido dar atención veterinaria y sanitaria, sino además intentar que exista un mejor vínculo entre las personas y los perros, no solo a nivel sanitario sino de convivencia”, determina Pedraja.

En la fase previa al proyecto, se realizó una encuesta a la población local y se determinó que el mayor problema para ellos eran los perros, por lo tanto la mayor actuación ha sido sobre estos animales. Los principales problemas sanitarios a los que se han tenido que enfrentar los veterinarios son la infestación masiva de pulgas, los parásitos intestinales, infecciones en la piel causadas por la higiene y el clima y dos posibles casos de tumor venéreo transmisibles, aunque aún faltan los resultados que lo confirmen.

TRABAJO CON LA POBLACIÓN

Por otro lado, este proyecto ha realizado una labor con la población de concienciación. “Nos hemos centrado sobre todo en los niños porque son más abiertos, tienen más curiosidad por la ciencia y son más receptivos por saber la labor que estábamos haciendo allí”, detalla Pedraja.

Pacific Hope estableció una clínica a la que podía ir todo el mundo. "Los escolares contaban en sus casas lo que hacíamos y los padres acudían con sus animales para tratarlos. Quizás no comprendían del todo la necesidad de castrar a estos animales, pero cuando se les informaban en la clínica, al día siguiente venían con un familiar o un amigo que nos traía a los perros que estaban en su finca”, precisa la veterinaria.

El equipo desplazado hasta allí ha podido transmitir “unos conocimientos de zoonosis, salud pública o la importancia de una comunidad sana, pero también una convivencia donde tanto población como los perros reciben algo positivo”, sostiene Marta Pedraja. No se sabe aún qué efecto tendrá en el futuro la acción llevada a cabo en la isla, pero lo que sí reconoce la veterinaria es que para obtener mejores resultados hay que seguir continuando con este proyecto en los próximos años.

Uno de los mejores aspectos de este proyecto es que pese a trabajar en estas circunstancias y con un escaso material “se desarrollan muchas capacidades que todos los veterinarios tienen pero están olvidadas. No es lo mismo abrir una clínica y que el propietario te cuente todo que adivinar qué le pasa a un animal con medios tan escasos. Trabajar bajo estas circunstancias da una perspectiva de la veterinaria que a veces se olvida”, reconoce Marta Pedraja.

Fotografía: Angel Grimaldi, Tristin Sheen y Marta Pedraja

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