Los investigadores han validado un cuestionario breve para detectar el duelo intenso por la pérdida de mascotas y advierte de la necesidad de ofrecer más recursos a los profesionales veterinarios
El duelo intenso por la pérdida de mascotas afecta al 13% de los veterinarios de España, frente a casi el 30% de la población general
Los investigadores han validado un cuestionario breve para detectar el duelo intenso por la pérdida de mascotas y advierte de la necesidad de ofrecer más recursos a los profesionales veterinarios
Redacción -
21-08-2026 - 10:00 H -
min.
La pérdida de un animal de compañía es una experiencia dolorosa. Este acontecimiento también es relevante en la profesión veterinaria, donde son frecuentes las relaciones estrechas tanto con los pacientes como con los propios animales de los profesionales.
Un estudio con participación de investigadores de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Córdoba, así como de la Facultad de Psicología, en Sevilla, ha analizado la experiencia del duelo por animales de compañía entre los profesionales veterinarios de España.
El objetivo del trabajo fue validar un breve cuestionario y comparar sus respuestas con las de la población general. Para ello, se tomó como base el Pet Bereavement Questionnaire–Redux (PBQ-R), que ha mostrado evidencias de validez concurrente con la intensidad del duelo por la pérdida de un animal de compañía.
Según explican los autores, “el presente estudio tiene como objetivo aportar nuevas perspectivas sobre la experiencia del duelo por animales de compañía en España, incluyendo en su análisis tanto a la población general como a los profesionales veterinarios”.
Según apuntan los autores, no existen estudios sobre el duelo en profesionales veterinarios tras la muerte de sus propios animales. En este nuevo trabajo, la proporción de participantes clasificados como positivos por el PBQ-R fue significativamente menor entre los profesionales veterinarios, con un 13%, que en la población general, con un 28,8%. Además, los veterinarios obtuvieron puntuaciones medias inferiores a las de la población general en los cinco indicadores de intensidad del duelo.
Los profesionales veterinarios también mostraron una mayor probabilidad de afirmar que disponían de formas de expresar su duelo, que se sentían comprendidos por su entorno social, que percibían apoyo y que aceptaban la muerte de su animal de compañía.
Una primera conclusión apunta a que, en general, estos profesionales encuentran contextos de apoyo y oportunidades para expresar su duelo con más frecuencia que la población general, lo que los autores consideran un hallazgo positivo.
Sin embargo, también plantean una interpretación alternativa. Aunque la proporción de veterinarios que afrontan dificultades familiares o personales para procesar el duelo por su propio animal es menor que en el resto de la población, su trabajo los expone continuamente a la enfermedad, el sufrimiento y la muerte de otros animales de compañía. Esta exposición, advierten, puede representar un riesgo de volver a experimentar trauma vicario.
Los autores explican que los veterinarios gestionan un trabajo emocionalmente exigente mientras preservan su salud mental, equilibrando la prestación de una atención empática con el mantenimiento de sus propios límites emocionales.
Asimismo, advierten de que la creencia extendida de que la experiencia profesional insensibiliza o protege frente a la muerte animal puede aumentar el riesgo de que el profesional encuentre un duelo no reconocido en su entorno social.
No obstante, los hallazgos apuntan a la importancia de prestar más atención a las necesidades de los profesionales veterinarios. Más de una cuarta parte de los participantes indicó que no se sentía apoyado, comprendido o que no podía expresar su duelo con naturalidad.
En concreto, aunque los veterinarios mostraron en términos generales una respuesta más adaptativa ante la pérdida de una mascota, una minoría significativa manifestó necesidades no cubiertas: el 25% no se sentía apoyado, el 30% se sentía incomprendido y otro 30% no era capaz de expresar su duelo de forma natural. Los autores consideran que este hallazgo debe interpretarse en el contexto más amplio de la salud mental en la profesión veterinaria.
El burnout y la tensión emocional relacionada con el trabajo son preocupaciones bien reconocidas en la práctica veterinaria, y evidencias recientes en profesionales veterinarios de urgencias han vinculado los síntomas de burnout con factores como la carga de trabajo excesiva, el control limitado, la falta de reconocimiento, la percepción de injusticia y una menor sensación de comunidad.
En este contexto, la falta de apoyo y comprensión comunicada tras la muerte de sus propios animales de compañía puede reflejar no solo la invalidación social asociada con frecuencia a la pérdida de mascotas, sino también demandas emocionales más amplias y necesidades de apoyo dentro de la profesión. “Los veterinarios representan una población particularmente sensible cuando experimentan la muerte de su propio animal de compañía”, señalan los autores.
Por ello, consideran que ofrecer recursos como guías de buenas prácticas para la gestión del duelo, la creación de grupos de apoyo mutuo o el fomento de la búsqueda de asesoramiento psicológico podrían ser medidas útiles promovidas por las asociaciones profesionales veterinarias.
Para los autores, la validación del PBQ-R ofrece una herramienta breve y eficiente para la detección temprana del duelo de alta intensidad. Al mismo tiempo, los hallazgos revelan que, aunque los veterinarios pueden mostrar mayores recursos para afrontar el duelo, siguen estando en riesgo debido a su exposición continua a la enfermedad, el sufrimiento y la muerte de los animales.
Los autores recuerdan que la incomprensión y la falta de apoyo percibido son dos factores de riesgo en el proceso de duelo. Además, en muchos casos, los veterinarios actúan como la única fuente de apoyo para los clientes que han perdido a un animal.
Estos resultados subrayan la importancia de adaptar el apoyo al final de la vida y durante el duelo al contexto profesional de las personas implicadas, así como de proporcionar a los veterinarios formación y recursos adecuados para gestionar no solo la pérdida de pacientes, sino también el duelo asociado a sus propios animales.
Asimismo, los investigadores señalan que futuras investigaciones deberían examinar cómo la aplicación de intervenciones adaptadas a estos perfiles puede mejorar el apoyo a los cuidadores y promover el bienestar psicológico de los profesionales veterinarios.